Historia económica del Paraguay · Eligio Ayala, 1879-1930 · Parte 7 de 22
Eligio Ayala, ministro de Hacienda y después presidente, trabajó con un asesor económico nacido en Moscú, Rodolfo Ritter, que había llegado al Paraguay en 1902 expulsado de su país. De esa relación quedan dieciséis esquelas escritas por Ayala, ninguna respuesta de Ritter y un artículo de prensa publicado la víspera del fin del mandato. Esta página reconstruye lo que esos papeles permiten afirmar: qué le encargaba el presidente a su asesor, en qué discrepaban y qué se conserva, en realidad, del balance que el asesor publicó al terminar el mandato, al que se atribuía la fórmula «sin impuestos, sin empréstitos, sin emisión».
Observatorio Económico · FCCAE-UC · Octubre de 2026
En síntesis
- Rodolfo Ritter nació en Moscú el 9 de julio de 1864 según Liliana M. Brezzo (una entrada enciclopédica pone el 10 de junio de 1868 en su encabezado y 1864 en su cuerpo), llegó al Paraguay en 1902 expulsado de Rusia por sus críticas a Nicolás II y murió en Asunción en 1946.
- En enero de 1926 pasó a ser asesor técnico del Ministerio de Hacienda. No se ha localizado el decreto de designación.
- De la relación quedan dieciséis esquelas de Ayala —cuatro con membrete de la Presidencia, doce del Ministerio de Hacienda o sin membrete—; sólo tres están fechadas, todas en 1926, y no se conserva una sola línea de Ritter a Ayala.
- Las esquelas muestran a un gobernante que delegaba el estudio y no la decisión. Una sola secuencia lleva de una observación del asesor a una decisión del Estado: someter los libros de las reparticiones públicas al régimen del ejercicio.
- La esquela del 16 de abril de 1926 documenta un disenso: Ayala se declara «conmilitón de la teoría de la cantidad», pero de la teoría «calificada», y atribuye la «desinteligencia» al sentido de la palabra inflación.
- La paternidad de la Oficina de Cambios que suele atribuirse a Ritter dice más de lo que la documentación prueba: el único documento dice que asesoró el proyecto de 1914, no la Ley N° 182 de 1916, que es una versión podada de aquél.
- La fórmula «sin impuestos, sin empréstitos, sin emisión», que se le atribuía, no es de Ritter. De su artículo de El Liberal del 14 de agosto de 1928, conocido sólo por una cita, se conserva con seguridad la cuenta de los superávits del cuadrienio, que excede en un 17,9 % a la de la serie de Herken.
Una relación documentada desde un solo lado
No se conoce una fotografía de Eligio Ayala y Rodolfo Ritter juntos, ni un acta que los reúna, ni un decreto que los nombre en la misma línea. De Ritter, en rigor, no se conoce ningún retrato. Según la única fuente que lo dice —la biografía Ritter de Xavier de Assis Careaga, publicada en Asunción en 2007—, Ayala lo invitó a colaborar con él «en calidad de asesor técnico del área económica» al inicio de su mandato presidencial, y desde entonces el asesor «se reunía constantemente con el presidente en el Palacio de Gobierno». Las esquelas conservadas, sin embargo, atraviesan los dos cargos de Ayala, el ministerio y la presidencia, y llegan probablemente hasta 1930. La relación documentada es, por lo tanto, más larga que el cuadro que esa frase describe.
Lo que queda de ella son dieciséis esquelas escritas de una sola mano, la del presidente; un artículo de prensa del asesor publicado el día anterior al fin del mandato; y la coincidencia de dos biografías que empezaron a cuatro mil leguas de distancia y terminaron en el mismo despacho. En una de esas esquelas, sin fecha, del Ministerio de Hacienda, que transcribe Francisco Bazán, Ayala le escribe: «Le voy a dar un trabajito.»
Conviene decir de entrada lo que falta, porque la tentación del género es grande. No se conserva una sola línea escrita por Ritter a Ayala: el intercambio está documentado sólo desde arriba —el presidente pide, agradece y reprende— y los papeles del asesor no han llegado. De las dieciséis piezas, cuatro proceden del Archivo Olga Ritter según Careaga, que las transcribió; de las doce restantes, que transcribe Bazán, no se declara repositorio. Es un conjunto pequeño, unilateral y ya filtrado: son las piezas que dos biógrafos consideraron de interés. Lo que sí existe, y cambia el cuadro, es un juicio público de Ritter sobre el gobierno de Ayala, fechado el 14 de agosto de 1928, que se examina al final de esta página.
Dos extranjerías
Rodolfo Ritter nació en Moscú el 9 de julio de 1864, hijo del conde León Ritter y de la condesa Regina Layton, de origen inglés, en una familia de la nobleza rusa vinculada a las finanzas y a la industria. Es la fecha que da Liliana M. Brezzo, autora del único estudio académico dedicado al personaje. Se doctoró en Derecho y Ciencias Sociales, obtuvo título en Economía y licenciatura en Ciencias Físico-Matemáticas por la Universidad de Moscú, y cursó estudios de posgrado en la Sorbona. Llegó al Paraguay en 1902, y no por elección: sus críticas al régimen de Nicolás II, difundidas en la prensa rusa, volvieron insostenible su situación y fue obligado a abandonar el país. Tenía treinta y siete o treinta y ocho años. Se instaló como ganadero en Arroyos y Esteros, en un campo que había sido de Benigno Ferreira, y entre 1904 y 1905 integró la Junta Económico-Administrativa del lugar. Murió en Asunción en 1946, cuarenta y cuatro años después de desembarcar.
Eligio Ayala nació en Mbuyapey el 4 de diciembre de 1879, gemelo de Emilio; los dos fueron los primogénitos de Manuela Ayala, que tenía treinta años, y el padre, el español Mariano Sisa, no los reconoció. Se doctoró en Ciencias Jurídicas y Sociales por la Universidad Nacional de Asunción en 1905. Fue agente fiscal en lo criminal y juez en lo civil. Entre 1911 y 1919 o 1920 —la cronología varía según la fuente— vivió en Europa, y es el dato biográfico que más se repite y peor se documenta. Las universidades que se le atribuyen, Heidelberg o Zúrich, proceden de fuentes divulgativas que no coinciden entre sí.
Lo que está firme no son esas universidades sino los lugares donde escribió, que constan en los colofones de sus obras: Migraciones en Berna, en 1915; El materialismo histórico en Clarens, sobre el lago de Ginebra, entre noviembre de 1915 y enero de 1916; La cuestión social en Zúrich, en 1918. Es decir, la Suiza de la Primera Guerra Mundial, el país neutral donde pasaron esos años los europeos que no querían estar en la guerra y los rusos que esperaban la revolución. Berna, por cierto, no aparece en ninguna fuente como sede de estudios: aparece sólo como lugar de redacción.
Alfredo M. Seiferheld, autor del retrato más citado del personaje, lo describió como «una figura pequeña de frente ancha y no menos ancho horizonte de mira. Era Eligio Ayala, de origen campesino, quien habiendo estudiado casi diez años en Europa, se iniciara en la política ministerial ocupando la cartera de Hacienda del segundo gobierno de Manuel Gondra, a partir del 15 de agosto de 1920». La frase encierra el contraste que define esta relación: el hijo no reconocido de una familia campesina de Mbuyapey que volvió de Europa con una biblioteca, y el hijo de una casa noble de Moscú que llegó al Paraguay con tres títulos y se puso a criar vacas en Arroyos y Esteros. Los dos habían hecho el mismo viaje en direcciones opuestas.
Rodolfo Ritter Layton (Moscú, 1864 – Asunción, 1946)
- Origen. Familia de la nobleza rusa ligada a las finanzas y la industria. Padre, el conde León Ritter; madre, la condesa Regina Layton, de origen inglés.
- Formación. Universidad de Moscú: doctorado en Derecho y Ciencias Sociales, título en Economía, licenciatura en Ciencias Físico-Matemáticas. Posgrado en la Sorbona. Un largo viaje de formación por Europa, los Estados Unidos y Asia.
- Exilio. Llegó al Paraguay en 1902, expulsado de Rusia por su oposición pública al régimen de Nicolás II. Salvo una residencia breve en Posadas, no volvió a irse.
- Oficios. Ganadero en Arroyos y Esteros; miembro de la Junta Económico-Administrativa local (1904-1905); publicista económico; profesor; asesor técnico del Estado.
- Obra. La cuestión monetaria en el Paraguay (1907), opúsculo nacido de un ciclo de conferencias en el Instituto Paraguayo. Antes, colaboraciones en la Revue Commerciale y artículos de 1906 en la Revista del Instituto Paraguayo y en Amigos de la Educación. Fundó y dirigió el semanario El Economista Paraguayo desde el 12 de setiembre de 1908 hasta 1923, cuando dejó de salir por dificultades para continuar su impresión.
- Cargos. En julio de 1925, la cátedra de Economía Política en la carrera de Derecho, ofrecida por el ministro Adolfo Aponte, en reemplazo de Justo Pastor Benítez. En enero de 1926, asesor técnico del Ministerio de Hacienda, con despacho en el Palacio de Gobierno. Brezzo consigna un sueldo de 4.000 pesos, sin especificar moneda ni periodicidad, y sin que pueda decidirse si corresponde a la cátedra o al cargo.
- Vida privada. Compañero de Apolonia Sosa (1891-1962) desde 1910; se casaron en 1929.
Lo que no consta de Ritter, y una fecha que se discute
- La fecha de nacimiento. La entrada de Luis Verón en la Enciclopedia Biográfica Paraguaya del Bicentenario (2009) pone en su encabezado el 10 de junio de 1868 y se contradice con su propio cuerpo, que dice 1864. Se sigue a Brezzo, que da día, mes y año y es la única fuente académica; la divergencia queda declarada.
- El apellido materno. «Layton» aparece una sola vez en toda la documentación reunida, en el rótulo que un transcriptor puso a un pasaje de El Economista Paraguayo: «Dr. Rodolfo Ritter Layton, asesor económico del Dr. Eligio Ayala». El rótulo no es de la revista, y el número es del 21 de febrero de 1920, cuando Eligio Ayala no ocupaba cargo alguno.
- Una frase que no es de Seiferheld. Una transcripción inédita del retrato de Seiferheld intercala en su texto la cláusula «y también bajo la influencia de su asesor Ritter», que no pertenece a Seiferheld y no lleva fuente.
- Lo que falta. No se ha localizado ningún decreto de designación de Ritter. No consta que ejerciera función ejecutiva alguna en la Oficina de Cambios. No hay nada sobre su actuación durante la Guerra del Chaco. No se conoce fotografía suya.
«Mis dos patrias»
En diciembre de 1924, en una carta al historiador Juan Emiliano O'Leary, Ritter dejó la frase que da título al único estudio académico que se le ha dedicado, el artículo de Brezzo publicado en Estudios Paraguayos en 2020 sobre las cartas que se conservan en la Colección Juan E. O'Leary de la Biblioteca Nacional:
¡Qué magnífica tierra, qué mina inagotable para un gran escritor nacional, evocar el drama íntimo del Paraguay: la antítesis entre esos dos mundos: el de la ciudad y el de la campaña! En todas partes existe esa antítesis, pero en ninguna parte la sentí tan fuerte como en Rusia y en el Paraguay: mis dos patrias.
— Rodolfo Ritter, carta a Juan Emiliano O'Leary, diciembre de 1924 (citada por Liliana M. Brezzo)
Nueve años antes, en Berna, Eligio Ayala había escrito un libro entero sobre esa antítesis. Migraciones es un ensayo sobre el vaciamiento del campo paraguayo, la distribución de la tierra y la reforma agraria como clave del problema nacional, y lleva en su advertencia inicial la divisa intelectual más citada de su autor: «Otros escriben y que ellos escriban para enseñar. Yo escribo para aprender». El paralelo no necesita forzarse, y conviene no exagerarlo. No hay constancia de que Ritter hubiera leído Migraciones, que permaneció inédito hasta 1941 —once años después de la muerte de Ayala y cinco antes de la de Ritter; WorldCat da 1941 y otras referencias, 1942—, ni de que Ayala conociera esa carta a O'Leary. Lo que hay es algo más interesante que una influencia: dos hombres que habían llegado por caminos distintos a la misma pregunta y que en 1926 se encontraron en condiciones de hacer algo con ella.
Hay un segundo paralelo, menos evidente y mejor documentado: los dos eran lectores profesionales en un país donde leer era excéntrico. Ritter sostuvo un semanario económico durante quince años y llegó al Estado desde la cátedra. Ayala, en la esquela del 16 de abril de 1926, le agradece que haya leído su mensaje al Congreso, «lo que es ya mucho en nuestro país». La ironía de esa frase es el dato: el presidente del Paraguay consideraba notable que alguien leyera su mensaje. En las esquelas circulan una Revue, una «Revue E. I.», una obra llamada «Pierre Feu», un trabajo de Ritter destinado a «la revista del Barón Stackelberg» y un libro que Ayala le manda con una recomendación que vale por un retrato: «Si no la ha leído todavía; acuérdese de mí al leerla: se reirá estupendamente!».
Qué era un «asesor técnico» en 1926
La palabra importa, porque es la única calificación institucional que la documentación da a Ritter. En enero de 1926 pasó a ser asesor técnico del Ministerio de Hacienda. En el curso del mismo año el gobierno estableció la primera misión militar francesa, integrada por el comandante J. Coulet, cinco oficiales y un mecánico de aviación, y disuelta entre fines de 1929 y comienzos de 1930. La fuente de este dato, un artículo de María Victoria Benítez Martínez en La Nación (2024), sitúa a la vez a Coulet en 1928-1931, lo que no cuadra con su encabezamiento de la misión desde 1926; la divergencia queda declarada.
La coincidencia de fechas entre el asesor de Hacienda y la misión militar está documentada; la de fórmula contractual, no. El único texto conocido que define esa función —«como asesor técnico y colaborar en estudios relativos a la organización y formación del ejército»— pertenece al contrato de la segunda misión francesa, la de marzo de 1938. Lo que puede afirmarse, entonces, es lo cronológico: en 1926 el Estado de Eligio Ayala incorporó peritos extranjeros sin mando en dos frentes a la vez, las finanzas y el ejército. La identidad de categoría contractual entre ambos es una analogía, no un documento.
El contraste con lo que hacían los vecinos es el argumento, y es un argumento por ausencia. Entre 1923 y 1931, Colombia, Chile, Ecuador, Bolivia y el Perú importaron misiones financieras norteamericanas dirigidas por Edwin Kemmerer —ocho expertos en el caso chileno de 1925, con mandato de redactar la legislación—, y Gran Bretaña envió a Otto Niemeyer al Brasil en 1931 y a la Argentina en 1933. Esas misiones hacían dos cosas a la vez: aportaban diseño técnico y aportaban credencial. Paul W. Drake lo demostró para Chile: los fundamentos ya estaban puestos por economistas y políticos chilenos, y lo que Kemmerer agregó fue «su brillo ante los ojos de los capitalistas nacionales y los inversores extranjeros». En Bolivia la prensa lo llamó «el mago de las finanzas mundiales».
No hay constancia de ninguna misión financiera extranjera al Paraguay en los años veinte; el país no figura en ninguna de las listas. Y la diferencia no es de grado. Mientras cinco países contrataban comisiones de paso que escribían sus leyes monetarias, el Paraguay operó con un asesor único, residente en el país desde hacía veinticuatro años, sin respaldo institucional extranjero y —esto es lo decisivo— sin función de credencial ante acreedores, porque el Paraguay no tenía acceso al crédito internacional y Ayala lo sabía mejor que nadie. Ritter no servía para conseguir un empréstito en Londres. Servía para pensar.
El experto extranjero en la América Latina de entreguerras
La figura del money doctor —el perito financiero que un gobierno contrata para que le diseñe la institución monetaria— fue el principal vehículo de influencia técnica y financiera en la región entre 1923 y 1935.
- Kemmerer (Princeton) diseñó bancos centrales en Colombia (1923), Chile (1925), Ecuador (1927), Bolivia (1928 o 1929 según la fuente; Drake fecha la misión en 1925-1929) y el Perú (1931, sobre un banco de 1922), con propiedad mixta, patrón oro de cambio y encajes del 50 al 60 %, concebidos como «independientes y libres de interferencia política», según el estudio de Juan Flores Zendejas (2021), traducido del original inglés.
- Niemeyer (Banco de Inglaterra) fue al Brasil en 1931 y a la Argentina en 1933-1934, y se opuso a la participación estatal en el capital de los bancos centrales. El Banco Central argentino, creado en mayo de 1935, incorporó las modificaciones de Raúl Prebisch, de signo contracíclico.
- Génova, 1922, dio la primera articulación oficial del patrón de cambio oro. Pero llegó tarde para el Paraguay: el modelo que Ritter invocaba desde 1907 eran las experiencias de la India inglesa (1899), el Perú (1901), las Filipinas (1903), Panamá (1904) y México (1905), y la Oficina de Cambios se había creado por la Ley N° 182 de enero de 1916. La conferencia ratificó internacionalmente un dispositivo que el Paraguay ya tenía en cartera.
- El Paraguay quedó fuera de ese circuito. Ni misión, ni empréstito de estabilización, ni legislación redactada por extranjeros: un asesor técnico residente desde hacía un cuarto de siglo, contratado y pagado por el Estado.
Las dieciséis esquelas: anatomía de un trabajo conjunto
Las piezas conservadas se reparten en dos series, con membrete distinto y procedencia editorial distinta. Cuatro llevan el membrete «Presidencia de la República (Correspondencia privada)» y llegan por la biografía de Careaga, que las tomó del Archivo Olga Ritter. Doce llevan el membrete «Ministerio de Hacienda (Correspondencia privada)», o ninguno, y llegan por Eligio Ayala, el pensador, de Francisco Bazán, que las presenta como «misivas cursadas a su colaborador economista» sin nombrarlo. La identificación es interna y segura: tres de ellas lo nombran, como «Dr. Ritter» o «Dr. R:». Una pieza más que Bazán anuncia, la que abre con «Estimado amigo:», aparece sin cuerpo en la transcripción disponible y no puede usarse.
El reparto de membretes prueba algo que ninguna otra fuente prueba: la relación atravesó los dos cargos de Ayala, el ministerio y la presidencia. Cuál vino primero no puede saberse. Sólo tres de las dieciséis piezas están fechadas —el 12 y el 16 de abril y el 12 de noviembre de 1926—, a las que se suma una que dice «Febrero 18» sin año. Las doce del ministerio podrían corresponder tanto al primer paso de Ayala por Hacienda, entre 1920 y 1923, como al segundo, entre 1928 y 1930. El cuadro siguiente ordena lo que el presidente le pedía a su asesor.
Cuadro 1. Los encargos de Eligio Ayala a Rodolfo Ritter documentados en las esquelas
| Materia del encargo | Serie | Naturaleza |
|---|---|---|
| Efectos de la desvalorización del papel argentino sobre precios, importaciones, exportaciones y contratos; factores de compensación; remedios políticos, legales y gubernativos; conveniencia de adoptar el patrón oro | Hacienda | Programa de investigación en nueve puntos |
| Gramos de oro del peso oro argentino «según la ley monetaria argentina» | Hacienda | Precisión legal |
| Crítica del proyectado acuerdo sobre la sucursal del Banco de la Nación Argentina en Asunción | Hacienda | Dictamen político-económico |
| Interpretación de una propuesta de empréstito al 8½ % de interés con 2 % de amortización acumulativa | Hacienda | Técnica financiera |
| Historia del Banco Agrícola | Hacienda | Estudio institucional |
| Parte económica de la memoria ministerial | Hacienda | Redacción oficial |
| Parte financiera de la memoria ministerial | Hacienda | Redacción oficial |
| Resultado de la aplicación de la tarifa aduanera | Hacienda | Evaluación de política |
| Cuadro comparativo internacional del impuesto por habitante (Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay) | Hacienda | Estadística comparada |
| Estudio «serio y elevado» de un proyecto de acuerdo | Hacienda | Dictamen |
| Vigilancia del movimiento aduanero y de la introducción de alcohol extranjero | Hacienda | Seguimiento de coyuntura |
| Corrección de un informe original del Ministerio | Hacienda | Revisión de documentación oficial |
| Copia de su trabajo para la revista del barón Stackelberg | Hacienda | Publicación en el extranjero |
Fuente: esquelas transcritas por Careaga (2007), del Archivo Olga Ritter, y por Bazán. La clasificación de los encargos es una lectura sobre esas transcripciones. No se incluye la discusión sobre el concepto de inflación de la esquela del 16 de abril de 1926, porque allí es Ayala quien se compromete a escribirle a Ritter, y no al revés.
Léase la lista como lo que es: el temario de un ministerio de Hacienda entero, delegado en un hombre que no tenía firma. Hay precisión legal, técnica de deuda, historia institucional, estadística comparada, evaluación de política aduanera, redacción de memorias oficiales, seguimiento de coyuntura y revisión de documentación. Y hay una pieza que rompe el esquema del asesor pasivo: la esquela en que Ayala contesta «He recibido sus cartas. Las considero», a propósito de una discrepancia que Ritter había detectado y denunciado entre las cifras de la Contaduría y las de las oficinas perceptoras de impuestos.
El único eslabón causal completo
De todas las esquelas, una sola secuencia permite seguir una observación del asesor hasta una decisión del Estado. Vale la pena verla entera, porque es la prueba más fuerte que ofrece la documentación y porque muestra cómo funcionaba la cabeza de Ayala. Primero, la respuesta a la denuncia de Ritter:
Estimado Dr.: He recibido sus cartas. Las considero. La discrepancia entre la Contaduría y las Oficinas perceptoras es vieja. Y se explica por varias razones: porque su contabilidad es un revoltijo de inepcias; porque sus cálculos se fijan a diferentes períodos de tiempo; porque distinguen entre ingresos formalizados y a formalizarse, etc., etc.
Todo lo que hacen esas oficinas, sobre todo imp. internos, como estadística y contabilidad no vale un pito. Es pérdida de tiempo.
Su único mérito es no guardarse para sí lo poco que recaudan, por ahora. Ya vendrá eso también. La Democracia es la Democracia.
— Eligio Ayala a Rodolfo Ritter, esquela sin fecha con membrete del Ministerio de Hacienda (transcrita por Francisco Bazán)
Y después, en otra esquela del mismo membrete, la decisión:
Estimado Dr.: Hemos ordenado que en adelante los libros de las diversas reparticiones públicas se sometan al régimen del Ejercicio. A pesar de esto habrá siempre algunas diferencias pero menores.
— Eligio Ayala a Rodolfo Ritter, esquela sin fecha con membrete del Ministerio de Hacienda (transcrita por Francisco Bazán)
Entre las dos piezas hay una auditoría, un diagnóstico y una reforma administrativa: la sujeción de la contabilidad de las diversas reparticiones públicas al régimen del ejercicio, que es la condición elemental para que un presupuesto signifique algo. Las dos llevan membrete del Ministerio de Hacienda, de modo que quien ordena es el ministro. No se ha localizado el decreto ni la resolución que instrumentaron la medida, y ninguna de las dos esquelas está fechada, así que la secuencia no puede datarse. Pero el orden lógico es inequívoco, y es la simbiosis en estado puro: el asesor mira los números y encuentra la inconsistencia; el ministro explica por qué existe y la corrige.
Cómo trabajaba Eligio Ayala, según sus propias esquelas
- Un dato sin comparación no vale nada. «Escribe V. que el imp. por hab. es [signo y número ilegibles]. Sírvase hacer un cuadro comparativo sin el cual nada vale este dato. Los Grandes Caudillos no podrán imaginarse si es mucho o poco. Cuánto en la Arg., Chile, Bolivia, Uruguay.» Es una regla de método y, a la vez, un juicio sobre el público al que había que convencer.
- La ley antes de la opinión. «Sírvase decirme cuántos gramos de oro tiene el peso oro argentino, según la ley monetaria argentina. Le ruego se fije bien en la ley.»
- El estudio antes de la decisión. «Y ahora otra vez al cambio monetario. Le agradeceré se sirva hacerme pequeño estudio bien meditado sobre estas cuestiones…», y siguen nueve puntos, el último de los cuales pregunta si conviene anclar la moneda al peso oro en lugar de al papel argentino.
- Sin precipitación. «Y le pido quiera hacer una crítica sincera y seria de él —sin precipitación, bien estudiada—.»
- El elogio, cuando llegaba, era de dos palabras. «Recibí su trabajo de ayer. Me gustó muchísimo. Preciso y a punto.» Es el único elogio explícito en las dieciséis piezas.
- El desprecio por el aparato, también. De las oficinas de impuestos internos: «no vale un pito». De los dactilógrafos que perdieron un informe: «inútiles». Del Congreso: «no se ocupará nadie, porque no hay Recursos extras que ofrezca puestos y cuentas corrientes en descubierto».
La fricción: lo que la esquela del 16 de abril de 1926 obliga a corregir
La palabra «simbiosis» sugiere acuerdo, y el documento más importante de todo el conjunto dice lo contrario. El 16 de abril de 1926, desde la Presidencia, Ayala escribió a Ritter la esquela siguiente. La transcripción disponible omite el membrete, la salutación inicial y el saludo final; el «concluiré» del tercer párrafo es casi con seguridad «incluiré», y debe cotejarse contra el original.
Recibí la Revue y con ella su erudita e interesante carta.
Le agradezco haya leído el Mensaje, lo que es ya mucho en nuestro país, y me complace sobremanera, haya merecido la emisión de un juicio tan ilustrado como el de V. en esta materia.
Se ha tomado V. por aludido, sin que fuese tal en mi mente. Yo concluiré [sic] las opiniones expresadas desde hace tiempo por Patria, Tribuna, El Orden, y algunos corredores contra la reforma. Ha de convenir V. conmigo en que ellas son vulgares y corrientes.
Con todo, puesto que V. asume la representación muy autorizada y docta de esos conceptos, me complaceré, en cuanto tenga algún vagar, en escribirle algunas reflexiones sobre los contenidos en su Carta.
Me anticipo en comunicarle que fundamentalmente pienso como V. Soy también un modesto conmilitón de la teoría de la cantidad, pero de la teoría "calificada", esto es rectificada, y localizada en la compleja raigambre de la causalidad.
La desinteligencia entre nosotros proviene de esta paradójica realidad: hay vocablos que expresan mil conceptos diferentes, y hay conceptos expresados por gran diversidad de vocablos.
Sabe V. cuántas ideas contrapuestas bullen en la palabra inflación, por ej.?
— Eligio Ayala a Rodolfo Ritter, esquela del 16 de abril de 1926, Presidencia de la República (transcrita por Xavier de Assis Careaga)
Hay que leer esto despacio, porque desarma la versión apologética. En abril de 1926 —dos años y medio después de la ley que fijó el tipo de cambio, con Ritter recién incorporado al ministerio—, el asesor había escrito al presidente una carta que Ayala asocia a las opiniones «contra la reforma» de los diarios Patria, Tribuna y El Orden «y algunos corredores». Qué era exactamente «la reforma» no lo dice la esquela: que fuera el régimen cambiario de 1923 es la hipótesis más razonable, pero es una hipótesis. Lo seguro es que Ritter se había tomado por aludido, que Ayala le concede «la representación muy autorizada y docta de esos conceptos» y que la frase central no es de acuerdo sino de desinteligencia, que el presidente atribuye a un problema de vocabulario: qué quiere decir cada uno cuando dice «inflación».
El mensaje que Ritter había leído es el de 1926, y se conoce por las citas de Juan Carlos Herken Krauer. En él Ayala se declara liberal «en la acepción moderna y rectificada de esta palabra», diagnostica que «el defecto capital de la fijación del tipo de cambio está en que es demasiado artificial, y por consiguiente, algo ficticia», porque «la estabilización de nuestra valuta está basada en una moneda extranjera, completamente sustraída a nuestro control», y concluye: «Es preciso pues, dar base propia a nuestra valuta». Es el mensaje en que anuncia el Peso Paraguayo Oro. Conviene advertir que se trata de un diagnóstico del propio régimen de Ayala, anterior en tres años a la salida argentina del patrón oro, y no de un juicio sobre las consecuencias de ella. El eco verbal con la esquela —la teoría «"calificada", esto es rectificada»— es literal, y sitúa la discusión donde probablemente estuvo: no en si el régimen funcionaba, sino en qué hacer con un ancla que no se controlaba.
Primera consecuencia: Ritter no fue el ejecutor de un diseño propio que Ayala obedecía
La atribución corriente —que Ritter fue el padre de la Oficina de Cambios— descansa en cuatro niveles de prueba que conviene no confundir. El primero es un documento, y es el único que existe: Washington Ashwell escribe que el proyecto de Oficina de Cambios elevado al Congreso el 3 de setiembre de 1914 «fue patrocinado por el Ministro de Hacienda, Dr. Gerónimo Zubizarreta» y que «en su preparación contó con el asesoramiento del Dr. Rodolfo Ritter». Ashwell apoya ese pasaje en la prensa —remite a El Liberal del 6 de octubre de 1914, no al Diario de Sesiones— y es, además, una fuente no neutral, porque en otros pasajes de su obra es el acusador de Ayala, aunque en estos de 1914 no escribe sobre él, que estaba en Europa.
El segundo nivel es la autoatribución del interesado, que en 1920 escribió «a ese fin hace años ideé y prohijé la institución de una Oficina de Cambios» y en 1945 repitió que «abogó pues por la creación de una Oficina de Cambios». El tercero es la entrada enciclopédica de Verón, que da la paternidad por hecha. El cuarto es el silencio del resto: Brezzo no la menciona, y la historia institucional del Banco Central del Paraguay no nombra a Ritter y atribuye a Ayala los proyectos de banco central de 1922 y 1926. Entre la creación de la Oficina, en enero de 1916, y el nombramiento formal de Ritter, en enero de 1926, median diez años. Lo que la documentación sostiene, además del asesoramiento de 1914, es que Ritter hizo campaña doctrinaria por la reforma monetaria desde 1907 y desde El Economista Paraguayo entre 1908 y 1923, y que la Oficina se creó en ese clima.
Hay que decir con exactitud qué autoriza el único documento, porque es menos de lo que se repite. Ashwell dice «contó con el asesoramiento», no «encargó la redacción»; y el objeto del asesoramiento fue el proyecto de 1914, no la ley de 1916. Entre uno y otra median dieciséis meses y tres semanas —del 3 de setiembre de 1914 al 26 de enero de 1916, fecha de la sanción de la Ley N° 182, van dieciséis meses y veintitrés días; la promulgación es del 28—, un rechazo parlamentario, la renuncia del ministro que lo patrocinó, al menos dos cambios de titular en Hacienda y seis modificaciones sustantivas. La primera de ellas suprimió la facultad de emisión ilimitada, que era el mecanismo central del esquema. La ley que se sancionó es una versión podada del proyecto que Ritter asesoró; la parte 14 de esta serie la compara artículo por artículo.
Un mito corregido: Ritter, «padre» de la Oficina de Cambios
- Lo que dice el único documento. Ashwell: el proyecto del 3 de setiembre de 1914, patrocinado por el ministro Gerónimo Zubizarreta, «contó con el asesoramiento del Dr. Rodolfo Ritter». Asesoramiento de un proyecto, no redacción de una ley.
- Lo que dice el interesado. «Hace años ideé y prohijé» (El Economista Paraguayo, 21 de febrero de 1920) y «abogó pues por la creación de una Oficina de Cambios» (Apuntes de Economía Política, 1945). Son autoatribuciones.
- Lo que repite la enciclopedia. La entrada de Luis Verón da la paternidad por hecha, sin documento.
- Lo que callan los demás. Brezzo no la menciona; la historia institucional del Banco Central del Paraguay no lo nombra.
- Lo que separa al proyecto de la ley. Dieciséis meses, un rechazo parlamentario, la renuncia del ministro patrocinante y seis modificaciones, la primera de las cuales eliminó la emisión ilimitada. La Ley N° 182 es una versión podada de lo que Ritter asesoró.
Segunda y tercera consecuencias: doctrina propia y disenso por escrito
La segunda consecuencia es que Ayala tenía doctrina propia y la defendía. Declararse «conmilitón de la teoría de la cantidad, pero de la teoría "calificada", esto es rectificada, y localizada en la compleja raigambre de la causalidad» es una posición teórica consciente: adhiere a la teoría cuantitativa del dinero y le niega el automatismo. La tercera es que la colaboración funcionó con disenso. Lo que Ayala le pedía a Ritter no era conformidad: era una crítica «sincera y seria», hecha «sin precipitación, bien estudiada». Y se lo pidió por escrito.
Dos caracteres
Lo que sigue es interpretación, y se presenta como tal. Los hechos que la sostienen están documentados; la lectura que los une es de esta página. Se ordena en tres afirmaciones, de la más segura a la más aventurada.
Primera: dos hombres de biblioteca en un país sin estadísticas
Los dos eran hombres de biblioteca metidos en la administración de un país sin estadísticas. De Ayala, Carlos Zubizarreta afirmó en Cien vidas paraguayas que el juicio sucesorio reveló que su patrimonio era «una humilde casita, su biblioteca y once mil pesos depositados en su cuenta bancaria». La frase circula como buena y no lo es. El expediente lo leyó y lo publicó Liliana M. Brezzo en Eligio Ayala íntimo (FONDEC, 2023), y da un legado declarado de 1.001.730,31 pesos en diez rubros. No hay ninguna casa entre los bienes, porque Ayala vivía de alquiler —los alquileres abonados a su propietaria, Mercedes Arbo de Semidei, figuran entre las bajas del legado— y su único inmueble era un terreno de veinte hectáreas en Lambaré. Los once mil pesos son uno de los diez renglones, el más pequeño, y son pesos paraguayos de curso legal. La parte 2 de esta serie desarma la frase renglón por renglón.
Lo que sobrevive de la frase de Zubizarreta es lo que aquí importa: la biblioteca existe, está inventariada y está tasada en 30.226,50 pesos, y ése es el dato que sostiene la afirmación. Julia Velilla Laconich de Arréllaga cuenta —es la única fuente que lo cuenta, y no dice de dónde lo sabe— que en 1917 Ayala peregrinó a la tumba de Nietzsche y dejó allí un ramo de margaritas. Y él mismo escribió que escribía para aprender. De Ritter consta que fundó y sostuvo un semanario económico durante quince años en un país de alta tasa de analfabetismo, que su primera intervención pública de doctrina monetaria fue un ciclo de conferencias y que llegó al Estado desde una cátedra universitaria. La afinidad no era ideológica: era de método. Los dos creían que un problema se resuelve estudiándolo, y los dos estaban rodeados de gente que creía que los problemas se resuelven de otra manera.
Segunda: la escasez mutua de pares
La relación cumplía, para cada uno, una función que el medio no les daba. Ayala gobernaba un país donde era «ya mucho» que alguien leyera su mensaje al Congreso, y donde el Congreso no llegó a sancionar su banco central, su peso oro ni sus impuestos directos. Ritter era un hijo de la nobleza rusa de sesenta y dos años, sin patria a la que volver, que había dejado de publicar su revista en 1923. El presidente necesitaba un interlocutor capaz de contradecirlo con argumentos; el asesor necesitaba un lector capaz de convertir un argumento en una decisión. Lo que los unió no fue la amistad —aunque en las esquelas haya invitaciones a charlar, préstamos de libros y un pésame— sino la escasez mutua de pares. Esta afirmación es una inferencia, y la fuente que más la apoya es la ironía de Ayala sobre su propio país.
Tercera: un temperamento que delegaba el estudio y no la decisión
La tercera afirmación, la más frágil, es que el temperamento de Ayala explica por qué la colaboración pudo sostenerse diez años. La imagen que fijó la memoria es la de Arturo Bray: «un cancerbero feroz e intransigente del dinero público». Zubizarreta le atribuyó «talento incisivo, cáustico, de genio desconfiado y hasta, quizás, neurótico», con ese «quizás» que el propio autor puso para marcar que estaba aventurando; la frase llega además en dos redacciones distintas por dos vías de transmisión, y sólo el original de Cien vidas paraguayas resolvería cuál es la buena. Las esquelas confirman la parte del temperamento que es verificable: el sarcasmo permanente («La Democracia es la Democracia»), la impaciencia con la incompetencia, la desconfianza hacia el Congreso, el rigor obsesivo con el dato.
No confirman, en cambio, la palabra «neurótico», que es el juicio de un biógrafo de estampas breves y que aquí no se suscribe: de un carácter documentado por su correspondencia administrativa no se extrae un diagnóstico. Lo que sí puede decirse es algo más preciso y más útil: Ayala no delegaba la decisión, delegaba el estudio. Por eso pudo trabajar diez años con un hombre que le discutía la doctrina sin que la discusión lo amenazara. El asesor no competía por el poder: competía por tener razón, y ésa era una competencia que al gobernante le servía.
Queda una advertencia de método. La mayor parte de los rasgos de carácter que circulan sobre Eligio Ayala —la austeridad espartana, el trabajo nocturno a la luz de una lámpara, la anotación «que pague de su bolsillo» al margen de un pedido presidencial, el sobornador arrojado por la ventana del Palacio— proceden de ensayos conmemorativos y de notas de prensa que no indican dónde están los documentos. La última anécdota tiene, además, dos versiones incompatibles: en una el sobornador es defenestrado; en la otra hay un disparo. Son materia de una historia de la construcción de su memoria, no de una historia de su carácter. La única vía segura a la psicología de Eligio Ayala es su propia prosa, y de ella hay mucha.
Qué produjo la colaboración, y qué no
Brezzo enumera los informes que Ritter preparó en el Ministerio de Hacienda: un estudio sobre la situación monetaria, una memoria de las condiciones económicas, un proyecto de Banco Central, cuestiones ferroviarias, una investigación sobre la industria azucarera y propuestas de ley de petróleo. Dos de esos seis asuntos reaparecen en el temario de las esquelas —el estudio monetario y la memoria—; los otros cuatro, no. Y a la inversa: la tarifa aduanera, el Banco Agrícola y el impuesto por habitante, que están en las esquelas, no figuran en la lista de Brezzo. Las dos fuentes —una académica, basada en el archivo de O'Leary; otra biográfica, basada en el Archivo Olga Ritter— se complementan y se solapan en parte, pero no se verifican entre sí. Juntas dan un temario que es mucho para un hombre solo.
Del proyecto de banco central no quedó nada. Según Herken, el Congreso rechazó el proyecto de Banco Central y el de «Peso Paraguayo Oro», como rechazó el impuesto a las sucesiones, el impuesto a las sociedades anónimas y el impuesto general y progresivo a la renta. Lo que la documentación prueba es más preciso: que los proyectos se presentaron, que no se trataron y que nunca se sancionaron. Ayala lo había previsto, y lo escribió en una de las esquelas: «no pierda V. su tiempo en los proyectos remitidos en el Congreso, en los que no se ocupará nadie, porque no hay Recursos extras que ofrezca puestos y cuentas corrientes en descubierto». No fue un rechazo documentado: fue una indiferencia. Ayala dejó escrita la razón de fondo en un mensaje al Congreso, en la frase más amarga del período:
Entre nosotros no se ha formado todavía una recta y firme conciencia financiera. No se percibe la compensación social del aporte personal […] Contra todo proyecto de reforma del régimen rentístico se esgrime el recurso de la inconstitucionalidad. Como si no fuera mucho más inconstitucional estrangular al Estado por falta de recursos, y degradarlo a ras del raquitismo y la impotencia.
— Eligio Ayala, mensaje al Congreso (Mensajes Presidenciales, II, pp. 699-700, citado por Juan Carlos Herken Krauer)
Herken documenta además de dónde vino el bloqueo: de «la férrea oposición de los grupos financieros», porque detrás del banco central estaba «la posibilidad de que el estado interviniese directamente en la fijación de la tasa de interés».
Lo que sí produjo la colaboración fue más modesto y más duradero: un régimen cambiario que sostuvo el valor externo de la moneda durante nueve años; una contabilidad pública sometida al régimen del ejercicio; una reforma aduanera que, según Herken, bajó alícuotas y aumentó la recaudación; y una serie presupuestaria en la que la emisión monetaria no aportó nada a los ingresos del Estado durante nueve ejercicios consecutivos, de 1923-24 a 1931-32. Sobre la reforma aduanera hay que advertir que el Registro Oficial de 1923 no contiene ninguna norma de reforma: lo que contiene es la reimpresión consolidada del arancel de 1921, de modo que la reforma que Herken describe debe buscarse en los años siguientes. El último dato, el de la emisión, es el que da sentido retrospectivo a toda esta historia, y es el que desarrollan las partes 16 y 17 de esta serie.
El balance de 1928, escrito por el asesor
El 14 de agosto de 1928, el día anterior a la entrega del mando, Ritter publicó en El Liberal un artículo titulado «En torno al Gobierno fenecido». Es la única valoración conocida del asesor sobre la obra del presidente, y hay que decir de entrada qué se tiene de ella, porque es menos de lo que se ha repetido. El artículo se conoce por la cita de Juan Bautista Rivarola Paoli en su Historia Monetaria del Paraguay (1982); ni el diario ni esa obra han podido consultarse directamente. De él se conserva con seguridad una sola cosa: la cuenta de los superávits del cuadrienio, es decir, de «los superávits que en el cuadrienio alcanzan un total de más de noventa millones de pesos (2 millones de peso oro)». Y es una fuente que no es neutral, cosa que hay que declarar cada vez que se la usa: Ritter era asesor técnico pagado del gobierno cuya obra juzga, y escribe la víspera del traspaso del mando.
Una fórmula que no es de Ritter
- La atribución corregida. La fórmula «sin impuestos, sin empréstitos, sin emisión», con que suele resumirse el período y de la que deriva el título de la parte 17 de esta serie, se atribuía a Ritter como si estuviera, palabra por palabra, en este artículo. No es suya: es una síntesis posterior del período, no una cita del asesor.
- Lo que se conserva del artículo. Sólo la cuenta de los superávits del cuadrienio, conocida por la cita de Rivarola Paoli. El ejemplar de El Liberal no se ha visto.
- Una transcripción más extensa. Una transcripción inédita reproduce un pasaje más largo atribuido al mismo artículo, con una enumeración negativa —«sin aumento de impuestos, sin contratación de empréstitos, sin emisiones de papel-moneda»— que tampoco es la fórmula compacta: dice «sin aumento de impuestos», no «sin impuestos». Mientras no se lea el diario, ese pasaje no se atribuye aquí a Ritter, y la divergencia sobre cuánto se conserva del artículo queda declarada, no resuelta.
- El vocabulario de 1930. La construcción negativa sí era vocabulario oficial disponible a la muerte de Ayala: el 26 de octubre de 1930, ante el ataúd, el ministro del Interior Luis De Gásperi habló de un crédito público restaurado «sin necesidad de ningún empréstito ni ninguna emisión fiscal». Faltaba el término de los impuestos. La parte 3 de esta serie cuenta ese funeral.
- Dónde resolverlo. En la colección de El Liberal de 1928.
Caben tres observaciones. La primera es de atribución, y corrige lo que se ha repetido: la fórmula «sin impuestos, sin empréstitos, sin emisión» no es de Rodolfo Ritter, y quien la repite no lo está citando. Lo que puede afirmarse es menos, y basta: la víspera del traspaso del mando, el asesor del presidente publicó un balance elogioso de su gobierno y lo midió en superávits.
La segunda es de contraste. El hombre que dos años antes discutía «la reforma» y era parte de una «desinteligencia» sobre el concepto de inflación firma ahora, en la prensa, el elogio del gobierno que termina. Entre la esquela de abril de 1926 y el artículo de agosto de 1928 hay una trayectoria que los papeles conocidos no permiten reconstruir, y que vale la pena buscar.
La tercera es un desacuerdo de cifras que hay que dejar escrito, porque la tentación de leer el artículo como confirmación es fuerte. Ritter cifra los superávits del cuadrienio en «más de noventa millones de pesos (2 millones de peso oro)». Esos noventa millones de pesos de curso legal, convertidos al tipo de 42,62, dan 2,11 millones de pesos oro sellado. La serie presupuestaria de Herken, construida sesenta años después y sobre otras fuentes, da para los cuatro ejercicios del mandato constitucional —de 1924/25 a 1927/28— un superávit acumulado de 1,79 millones de pesos oro sellado, es decir, 76,29 millones de curso legal al mismo tipo. La cifra de Ritter excede a la de Herken en un 17,9 %.
Ninguna combinación de ejercicios del Cuadro 7 de Herken da 2,11 millones, y la más próxima —2,75 millones, si el «cuadrienio» de Ritter arrancara en 1923/24— la excede. La divergencia queda declarada y no se promedia: la fuente apologética y la fuente académica no coinciden, y lo que separa a una de otra, 0,32 millones de pesos oro o unos 13,6 millones de curso legal, es exactamente la magnitud que la parte 17 de esta serie tiene que explicar. Lo que ninguna de las dos pone en duda es que el superávit existió.
Superávits del cuadrienio, según dos fuentes
2,11 frente a 1,79 millones de $o/s
Ritter (1928): «más de noventa millones de pesos» de curso legal, que al tipo de 42,62 dan 2,11 millones de pesos oro sellado. Herken (Cuadro 7): 1,79 millones, o 76,29 millones de curso legal. Cálculo sobre esas cifras: la diferencia es de 0,32 millones de pesos oro, un 17,9 % medido sobre la cifra de Herken y un 15,2 % medido sobre la de Ritter.
Una advertencia sobre el tipo de conversión: 42,62 pesos de curso legal por peso oro sellado es el tipo de la serie de Herken para 1923-1932. No es una cotización observada del peso paraguayo contra el oro, sino una tasa implícita derivada de la cotización del peso argentino; la contabilidad paraguaya de la época usaba 42,61. También esa divergencia se declara y no se promedia.
El epílogo desigual
Ayala murió el 24 de octubre de 1930, de heridas de bala recibidas uno o dos días antes: el 22 según el informe del jefe de Policía, el 23 según la prensa y la enciclopedia. La divergencia se declara en la parte 3 de esta serie y no se resuelve. Tenía cincuenta años, si se acepta el 4 de diciembre de 1879 como fecha de nacimiento; circulan también 1878 y 1880.
Ritter le sobrevivió dieciséis años. En 1945, desde Buenos Aires y con Luis A. Berthomier, publicó unos Apuntes de Economía Política en los que seguía juzgando la política monetaria paraguaya con el criterio de los años veinte, al punto de etiquetar a Eusebio Ayala —el presidente que financió la Guerra del Chaco con emisión inconvertible— como «partidario de la inestabilidad monetaria». Es la última voz documentada del asesor, y es una voz fiel: diecisiete años después de aquel artículo de El Liberal, seguía aplicando la misma regla. Hay que advertir, sin embargo, que esa obra no ha podido verificarse en ningún catálogo bibliográfico y que Luis A. Berthomier no aparece en ninguna otra fuente localizada: el lugar y el año de edición quedan sin respaldo independiente.
De la muerte de Ritter, en Asunción en 1946, no consta homenaje alguno. La única valoración de su figura que ha podido localizarse es la de Lucía Giovine Gramatchicoff —también escrito Giovini—, autora de Aporte de los inmigrantes rusos al desarrollo del Paraguay (2009), que lo llamó «el primer ruso cuyo importante aporte quedó grabado en la historia paraguaya». No existe un solo juicio de historiador paraguayo sobre Ritter como técnico ni como asesor de Ayala. El lugar está vacío.
Lo que falta y dónde buscarlo
Todo lo anterior se apoya en un conjunto documental pequeño y con defectos que hay que declarar, porque de ellos depende lo que puede afirmarse.
Estado de la documentación sobre Ayala y Ritter
- Correspondencia unilateral y ya filtrada. Las dieciséis esquelas son las que Careaga y Bazán consideraron de interés: una selección hecha por otros sobre archivos que no se han visto. No hay una sola respuesta de Ritter.
- Casi sin fechas. Sólo tres piezas están fechadas —12 y 16 de abril y 12 de noviembre de 1926—, más una «Febrero 18» sin año. Las doce restantes no se pueden datar: no hay cronología interna del trabajo conjunto ni certeza de a cuál de los dos pasos de Ayala por Hacienda corresponden.
- La cita más citable exige cotejo. El pasaje de El Economista Paraguayo en que Ritter se atribuye la Oficina —«hace años ideé y prohijé»— está datado el 21 de febrero de 1920, núm. 23 del año XII, lo que es coherente con una revista fundada en setiembre de 1908 y con una Oficina creada en enero de 1916. Lo que no cuadra es su propia frase sobre «los tres decenios de régimen de papel-moneda», que contados desde la ley monetaria del 14 de julio de 1885 darían treinta y cinco años. Hay que ver el ejemplar.
- Una carta con doble atribución. La carta de Ayala al general Manlio Schenoni del 26 de junio de 1928 llega con dos vías de transmisión, Bazán y Velilla de Arréllaga; se citan las dos.
- Papeles sin localizar. No se ha encontrado el decreto de designación de Ritter, ni su expediente de haberes, ni ninguno de los informes que preparó, ni el acto administrativo que impuso el régimen del ejercicio.
- Dos detalles editoriales. La biografía de Careaga figura con el sello «Arte Nuevo» en una referencia y como «edición del autor» en la bibliografía de Brezzo; la obra de Bazán, con fecha de 1976 en el registro bibliográfico y de 1975 en otra referencia. Ninguna de las dos ha podido verse en papel.
De ahí una agenda de búsqueda, ordenada por el rendimiento que cabe esperar de cada paso. Primero, la Colección Juan E. O'Leary de la Biblioteca Nacional del Paraguay, donde están las cartas de Ritter que Brezzo trabajó: es el único lugar donde existe su voz en extenso, y fue escrita en los mismos años. Segundo, la colección de El Liberal de 1928, para leer íntegro «En torno al Gobierno fenecido» y buscar si hubo más artículos suyos. Tercero, el Archivo Olga Ritter, del que Careaga extrajo las cuatro esquelas de la Presidencia. Cuarto, los informes de Ritter en el Ministerio de Hacienda que Brezzo enumera. Quinto, la biografía de Careaga y la obra de Bazán, en papel, para restituir las transcripciones completas y sus páginas. Sexto, los Apuntes de Economía Política de 1945, que hoy son una referencia sin respaldo catalográfico.
Y queda una pregunta que la documentación no contesta y que vale la pena formular con precisión, porque orienta la búsqueda: qué criticaba exactamente Ritter en 1926, y cómo se llega de esa crítica al elogio de 1928. La carta de Ritter que Ayala contesta el 16 de abril de 1926 existió; si aparece, esta historia tendrá que reescribirse. Lo que hoy puede decirse es lo que la documentación permite: que el régimen monetario más estable de la historia paraguaya del siglo XX lo administraron, durante nueve años, un gobernante que le discutía la teoría a su asesor y un asesor que le discutía la política a su gobernante, y que cuando el mandato terminó fue el asesor quien escribió el elogio.
Fuentes de esta página
- Liliana M. Brezzo, «"Mis dos patrias": de Rusia al Paraguay. Las cartas de Rodolfo Ritter a Juan Emiliano O'Leary (1919-1929)», Estudios Paraguayos, vol. 38, núm. 2, julio-diciembre de 2020, pp. 225-254. Base documental: Colección Juan E. O'Leary, Biblioteca Nacional del Paraguay.
- Xavier de Assis Careaga, Ritter, Asunción, 2007; esquelas de Eligio Ayala del Archivo Olga Ritter.
- Francisco Bazán, Eligio Ayala, el pensador, Asunción, Editorial Curupí, 1976 (otra referencia da 1975); esquelas de Eligio Ayala con membrete del Ministerio de Hacienda.
- Rodolfo Ritter, La cuestión monetaria en el Paraguay, Asunción, 1907; El Economista Paraguayo, Asunción, 1908-1923 (núm. 23, año XII, 21 de febrero de 1920); «En torno al Gobierno fenecido», El Liberal, Asunción, 14 de agosto de 1928 (conocido por la cita de Rivarola Paoli; el original no se ha visto).
- Rodolfo Ritter y Luis A. Berthomier, Apuntes de Economía Política, Buenos Aires, 1945 (sin respaldo catalográfico localizado).
- Juan Bautista Rivarola Paoli, Historia Monetaria del Paraguay. Monedas, Bancos, Crédito Público, Asunción, 1982.
- Juan Carlos Herken Krauer, La política económica durante la era liberal. Paraguay, 1904-1940, 2.ª ed., Berlín, 2019, y su anexo estadístico (Cuadros 1 y 7); Mensajes Presidenciales, tomo II.
- Washington Ashwell, Historia Económica del Paraguay. Estructura y dinámica de la economía nacional, 1870 a 1925, Asunción, Carlos Schauman Editor, 1989, cap. 11.
- Alfredo M. Seiferheld, Economía y Petróleo durante la Guerra del Chaco, Asunción, El Lector / IPEGI, 1983.
- Carlos Pastore Olmedo (ed.), Eligio Ayala íntimo, con la participación de Milda Rivarola y Liliana M. Brezzo, Asunción, FONDEC, 2023; en particular, Liliana M. Brezzo, «Algunas observaciones sobre el expediente sucesorio del doctor Eligio Ayala», pp. 105-118.
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- Registro Oficial de la República del Paraguay, 1916 (Ley N° 182) y 1923.
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