Trece veces más operaciones distintas del efectivo
Millones de operaciones por año. «Otros»: LBTR por cuenta de clientes, ACH, cheques y prepagas. 12 m: julio de 2025 a junio de 2026.
Series estadísticas depuradas, coyuntura mensual firmada por investigadores de la Universidad Católica y estudios especiales sobre los sectores que están moviendo el ingreso, el empleo y la formación de capital en Paraguay.
Sustitutos en el mostrador, complementarios en el sistema. Animación, cifras y gráficos del estudio «El efectivo y los medios de pago electrónicos en el Paraguay», 2.ª edición.
Boletín Estadístico de Sistemas de Pago (edición de junio de 2026) y Anexo Estadístico del Informe Económico (21-07-2026) del BCP. «12 meses»: julio de 2025 a junio de 2026. Montos reales deflactados por el IPC. Desde octubre de 2024 el boletín incluye una nueva red de cajeros (UPAY).
Millones de operaciones por año. «Otros»: LBTR por cuenta de clientes, ACH, cheques y prepagas. 12 m: julio de 2025 a junio de 2026.
Millones de operaciones por mes. Los pagos con QR con tarjeta ya están incluidos en las operaciones con tarjeta.
Billetes y monedas, billones de guaraníes de junio de 2026 (deflactados por el IPC). El pico de cada diciembre es estacional.
Variación real interanual del efectivo en poder del público, %.
Efectivo en poder del público como % de M1 y de M2, promedios anuales (2026: enero a junio).
Monto promedio por extracción en cajeros, miles de guaraníes de los 12 meses a junio de 2026, y extracciones en millones.
Cajeros por operadora a fin de mes. UPAY (red de ueno, que informa 969 cajeros) aparece en el boletín en octubre de 2024: el aumento del total es, en su mayor parte, un cambio de cobertura, no una expansión de las redes históricas.
Participación de Bancard, %. Adquirencia: CONACOM, monto de las ventas con tarjeta de 2022. Resto: boletín del BCP, junio de 2026.
Apagón ibérico del 28 de abril de 2025: caída del número de operaciones frente a un día normal, % (Banco de España). Los cajeros también fallan.
% de adultos, 2024 (Global Findex 2025, Banco Mundial).
% de la varianza de la intensidad de efectivo a 24 meses atribuida a la digitalización, según qué variable se ordena primero y si se aísla el confinamiento de marzo y abril de 2020 (VAR con 2 rezagos, 2018-2026).
Modelos SARIMA en logaritmos; variación frente a junio de 2026 (₲ 16,98 billones en poder del público y ₲ 20,26 billones en circulación). Real: con la meta de inflación del BCP (3,5 %). Las bandas a tres años son anchas. * −3,7 % si el modelo se estima sin el dato atípico de junio de 2026.
| Serie | Jun-2029 | 95 % | Nominal | Real |
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Fuente: Observatorio Económico FCCAE-UC, «El efectivo y los medios de pago electrónicos en el Paraguay», 2.ª edición (octubre de 2026), con el Boletín Estadístico de Sistemas de Pago (junio de 2026) y el Anexo Estadístico del Informe Económico (21-07-2026) del BCP. El Paraguay no mide qué proporción de los pagos se hace en efectivo.
Ir al estudioEl acceso a la consulta se emparejó entre ricos y pobres; la protección financiera, no. Animación, cifras y gráficos del estudio «El sistema de salud paraguayo. Financiamiento, carga de enfermedad y equidad del aseguramiento, 2000-2025», versión 2.
Consulta, cobertura y medicamentos: microdatos de la EPHC anual del INE, 2022-2025 (n = 61.912 a 55.934 personas), quintiles de ingreso per cápita del hogar. Índice de inequidad horizontal: desigualdad de la consulta por ingreso descontadas edad, sexo y gravedad; errores estándar por bootstrap de conglomerados. Gasto: cuentas de salud de la OMS, 2000-2023. Composición del gasto de bolsillo: última medición de montos, 2014.
Consultaron a un profesional al enfermarse, % de quienes declararon un episodio, por quintil de ingreso per cápita del hogar. EPHC anual.
Con seguro médico (IPS, privado u otro), % de la población por quintil de ingreso. La razón entre el quintil más rico y el más pobre pasó de 16 a 9.
Índice de inequidad horizontal en la consulta: cuánto pesa el ingreso descontadas edad, sexo y gravedad. Barras de error: ± 1 error estándar (bootstrap de conglomerados). Positivo = pro-rico.
Con seguro médico, % de cada grupo, 2025. Ocupados no agropecuarios por formalidad; población por condición de pobreza.
Recibieron medicamentos gratuitos, % de los pacientes que consultaron, por quintil de ingreso. Brecha Q1 – Q5: 21,5 puntos en 2022; 31,8 en 2025.
Índices de concentración por ingreso (−1 a +1; positivo = concentrado en los ricos). Error estándar de 2025 por bootstrap de conglomerados; el cambio se contrasta con remuestreo conjunto de la unidad primaria de muestreo.
| Indicador | 2022 | 2025 | EE 2025 | ¿Cambió? |
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Gasto corriente en salud, % del PIB, 2000-2023. Cuentas de salud de la OMS.
Gasto de bolsillo de los hogares, % del gasto corriente en salud, 2000-2023. La línea punteada marca el umbral del 20 % que suele considerarse razonable.
Gasto de bolsillo, % del gasto corriente en salud, 2023, ocho países con cuentas comparables y agregado de América Latina y el Caribe (Banco Mundial).
Gasto corriente en salud por esquema de financiamiento, %, 2021. Cuentas de Salud del Paraguay.
Composición del gasto de bolsillo en salud de los hogares, %, última medición de montos (2014).
Con seguro médico, % de la población, 2022 y 2025. Ordenado por 2025.
Efectos marginales del modelo logit de cobertura, 2025, en puntos porcentuales, a igualdad de las demás variables. n = 39.142; pseudo-R² 0,351. Todos significativos al 1 % salvo la edad.
| Variable | Efecto, pp | Error estándar | Significativo |
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Fuente: Observatorio Económico FCCAE-UC, «El sistema de salud paraguayo. Financiamiento, carga de enfermedad y equidad del aseguramiento, 2000-2025», versión 2 (octubre de 2026). Microdatos de la EPHC anual del INE 2022-2025; cuentas de salud de la OMS; Cuentas de Salud del Paraguay 2021. Todos los cálculos fueron replicados de forma independiente.
Por qué el ómnibus del AMA pierde pasajeros: el tiempo, no el precio. Animación, cifras y gráficos del estudio «El transporte en el Paraguay», versión 2.
Tiempos, esperas y preferencias: microdatos de la Encuesta de Movilidad del AMA 2021 (PNUD-INE), levantada en pandemia. Costo generalizado: tiempo valorado a la mitad del ingreso laboral por hora de quienes viajan al trabajo en ómnibus, espera y caminata al doble, guaraníes de 2021. Red propuesta: modelo estratégico del estudio.
Minutos por viaje según el modo principal: duración media y duración estimada para 10 km. AMA, 2021.
Costo de un viaje de 10 km: dinero más valor del tiempo (mitad del ingreso por hora; espera y caminata al doble). Guaraníes de 2021.
Aspecto del servicio mencionado primero como el más importante, % de usuarios del último mes. AMA, 2021.
Qué haría que usaran el ómnibus quienes no lo usan, %. AMA, 2021.
Minutos de un viaje de 11,7 km del este del AMA al centro de Asunción. La red propuesta supone troncales a 20 km/h con carril exclusivo; modelo estratégico del estudio.
Costo del viaje de 10 km con otros valores del tiempo (% del ingreso por hora) y ponderadores de la espera. Guaraníes de 2021. La moto es la más barata en todas las combinaciones.
| Supuestos | Ómnibus | Automóvil | Moto |
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Viajes o validaciones por día en el transporte público del AMA, según la fuente. Las cifras declaradas o estimadas y las medidas por el billetaje no son estrictamente comparables.
Subsidio al transporte público del AMA, ₲ miles de millones corrientes. Años sin barra: sin dato verificable.
₲ por pasajero. El pasaje está congelado desde mayo de 2020; la tarifa técnica la fija el Estado.
% de hogares con al menos una moto o un automóvil, 2003-2025 (EPH/EPHC, INE).
Subsidio por viaje o por validación, USD. Bogotá y CABA: costo o tarifa técnica menos tarifa (implícito).
Costo fiscal anual del subsidio según la trayectoria, ₲ miles de millones corrientes.
Modelo estratégico del estudio, con ₲ 6.500 por dólar y pasaje integrado de ₲ 3.000. «Planificación» es la variante que se recomienda para presupuestar.
| Escenario | Viajes por día hábil | Buses | Millones de km al año | Costo, millones de USD | Subsidio, millones de USD | Cobertura tarifaria, % | Subsidio por viaje, ₲ |
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Fuente: Observatorio Económico FCCAE-UC, «El transporte en el Paraguay. Movilidad, parque automotor, carga y subsidios», versión 2 (octubre de 2026). Microdatos de la Encuesta de Movilidad del AMA 2021 (PNUD-INE), levantada en pandemia: sus proporciones son más confiables que sus totales.
Ir a Economía del transporteS&P, Moody's, Fitch y la visión del FMI: qué falta para el tercer grado de inversión. Información al 2 de octubre de 2026.

El Paraguay tiene grado de inversión de Moody's y de S&P. Fitch lo mantiene un escalón por debajo, con perspectiva positiva, y el 30 de setiembre decidió no subirlo: los atrasos con proveedores, de unos USD 1.270 millones al cierre de 2025, y la postergación de la vuelta al tope de la Ley de Responsabilidad Fiscal hasta 2028 dañaron la credibilidad fiscal.
El estudio se apoya en los informes originales de las tres agencias y del FMI, compara al país con otros 15 de la región y simula 20.000 trayectorias de la deuda. Su conclusión es que el riesgo es de credibilidad, no de solvencia. Propone un plan en dos horizontes: credibilidad fiscal y técnica (2026-2031) y calidad institucional y democrática (2026-2040).
Estudio completo, 101 páginas (suscriptores) · Columna: «El tercer grado de inversión se gana en el presupuesto»
Lo que los datos permiten, y no permiten, decir. Cifras al 25 de setiembre de 2026.
El dólar llegó el 25 de setiembre a ₲ 5.873, su nivel más bajo desde 2018. La historia, el mercado a plazo y el desalineamiento del tipo de cambio real dejan espacio para una recuperación moderada en los próximos doce meses, con un margen de error amplio. Cuánto, lo decidirán Brasil, la Reserva Federal y el petróleo; lo que sigue faltando aquí es una regla para acumular reservas.
El dólar puede haber tocado piso, o no: los datos permiten esperar una recuperación moderada, no garantizarla. Cuánto se mueva lo decidirán Brasil, la Reserva Federal y el petróleo, que no se controlan desde Asunción. Lo que sí se decide aquí es si esos vaivenes se enfrentan con una política cambiaria de una sola dirección o con una regla que actúe en ambas.
El 25 de setiembre, el Banco Central del Paraguay (BCP) publicó una cotización referencial de ₲ 5.873 por dólar, la más baja desde setiembre de 2018. Desde el máximo de abril de 2025 (₲ 8.030) el dólar cayó 26,9 %, y 17,2 % en doce meses. Además, oscila más: en las últimas cuatro semanas, su volatilidad superó en dos tercios el promedio desde 2010.
La pregunta que se repite en empresas y hogares es si el dólar ya tocó piso. Con un cuarto de siglo de datos del BCP, la respuesta tiene dos partes: hay razones para esperar una recuperación moderada, pero la incertidumbre es amplia.
En el último año, el dólar bajó apenas 2,7 % frente al real brasileño y se mantuvo estable frente a una canasta amplia de monedas. La baja fue, sobre todo, local: exportaciones récord (US$ 14.025 millones entre enero y agosto, 24,7 % más que en igual período de 2025) y una soja 18 % más cara.
Y ocurrió aunque el BCP dejó de vender dólares a los bancos a fines de octubre de 2025. Como siguió comprando las divisas del sector público (US$ 339 millones en lo que va de 2026), pasó de ofrecer en neto unos US$ 400 millones al año a absorber una cifra parecida. Lo que no hizo fue comprar en el mercado: su planilla diaria no registra compras a los bancos desde 2014.
El resultado es un tipo de cambio real (el que descuenta la inflación propia y la de los socios comerciales) más apreciado que en el 97 % de los meses de las últimas tres décadas. Ningún socio explica por sí solo ese extremo: frente a los Estados Unidos, el tipo de cambio real está cerca de su mediana histórica, aunque en el último año fue donde más se apreció el guaraní.
El mercado a plazo es la primera. La curva que publica el BCP ubica el dólar a un año en ₲ 5.975, 1,7 % por encima del precio actual. Esa diferencia sólo compensa que los instrumentos en guaraníes pagan unos dos puntos más de interés que los de dólares: es un costo financiero, no un pronóstico.
La historia es la segunda. Desde 2010, el dólar terminó más caro que un año antes en dos de cada tres períodos de doce meses, con una suba típica de 3,2 %. Pero la cifra depende del período (desde 2003, la suba típica fue de apenas 1 %) y ningún episodio anterior partió de un tipo de cambio real tan apreciado.
La tercera es el desalineamiento. Cuanto más se aleja el tipo de cambio real de su promedio de diez años (en julio estaba unos 15 % por debajo), más tiende después el dólar a recuperar terreno: con la brecha actual, esa relación sugiere cerca de 5 % en un año. Es una señal débil: explica una décima parte de los movimientos, puede errar por diez puntos o más y, medida frente al dólar estadounidense, casi desaparece.
Las tres referencias rondan un +3 % hacia setiembre de 2027 (unos ₲ 6.050), pero comparten la misma tendencia de fondo y no se confirman entre sí. Tampoco dibujan un rango probable: desde 2010, sólo uno de cada seis períodos de doce meses terminó entre +2 % y +5 %, y en uno de cada tres el dólar no subió. En ocho de cada diez, la variación quedó entre −10 % y +12 %; hoy, entre ₲ 5.300 y ₲ 6.580.
Conviene no leer estas cifras como una apuesta. Los modelos del Observatorio, ponderados por su desempeño, hoy no señalan una dirección, y la diferencia entre compra y venta en las pizarras bancarias (de 2,6 % a 4,1 % el 25 de setiembre) absorbe buena parte de esos movimientos.
Octubre es, desde 2001, el mes en que más sube el dólar: 1,6 % en promedio, con alzas en siete de cada diez años. La contracara es la cosecha: entre febrero y abril predominan las bajas, y en marzo el dólar cayó en tres de cada cuatro años. En doce meses, ambos efectos tienden a compensarse.
Brasil. El 4 de octubre se vota la primera vuelta. La encuesta de Datafolha del 25 de setiembre da ventaja a Lula da Silva sobre Flávio Bolsonaro: 40 % a 36 %, y 47 % a 45 % en un balotaje. Un resultado disputado debilitaría al real y presionaría al alza al dólar también aquí; uno que los mercados lean como favorable jugaría en sentido contrario.
La Reserva Federal. El 16 de setiembre subió su tasa a un rango de 3,75 % a 4,00 %, la primera suba desde julio de 2023. Si sigue subiendo, se debilitará uno de los factores que sostuvieron al guaraní: el incentivo a traer dólares para colocarlos en guaraníes.
El petróleo. El crudo de referencia (Brent) volvió a superar los US$ 110 por barril en setiembre. El Paraguay importa todos los derivados que consume: una factura más cara es más demanda de dólares, un riesgo que el BCP mencionó al mantener su tasa en 5,50 % el 22 de setiembre.
Del lado del guaraní. La inflación es de 1,5 %, en el piso del rango meta, y la tasa de interés real ronda el 4 %. Los depósitos en dólares crecieron US$ 2.266 millones en un año y el grado de inversión facilita el financiamiento externo: son dólares que pueden seguir llegando al mercado.
El Banco Central. Once meses sin vender a los bancos es un récord en las series diaria (desde 2013) y mensual (desde 2005). Cuando reanudó, lo hizo casi siempre tras subas del dólar: en cinco de las siete reanudaciones desde 2014, de 1,9 % a 4,8 % en el mes previo.
Los datos muestran una asimetría: el BCP vende cuando el dólar sube, pero no compra en el mercado cuando baja. Por eso vale la pena evaluar lo que el Observatorio propuso el 16 de setiembre: un programa preanunciado de compra de reservas, por un monto fijo, con calendario público y esterilizado (retirando los guaraníes emitidos), sin fijar un precio. No es gratis: cuesta unos dos puntos anuales sobre lo acumulado, y con una inflación bajo la meta el BCP tiene también la alternativa de la tasa de interés.
El dólar puede haber tocado piso, o no: los datos permiten esperar una recuperación moderada, no garantizarla. Cuánto se mueva lo decidirán Brasil, la Reserva Federal y el petróleo, que no se controlan desde Asunción. Lo que sí se decide aquí es si esos vaivenes se enfrentan con una política cambiaria de una sola dirección o con una regla que actúe en ambas.
| Indicador | Dato | Período o referencia |
|---|---|---|
| Dólar referencial del BCP | ₲ 5.873 | 25 de setiembre de 2026 |
| Variación desde el máximo | −26,9 % | Desde el 2 de abril de 2025 |
| Tipo de cambio real multilateral (1995 = 100) | 88,7 | Julio de 2026 |
| Exportaciones totales | US$ 14.025 millones (+24,7 %) | Enero–agosto de 2026 |
| Compras netas del BCP al sector público | US$ 339 millones | 2026, hasta el 18 de setiembre |
| Meses sin ventas del BCP a los bancos | 11 | Desde el 31-10-2025 |
| Dólar a plazo a un año (curva del BCP) | ₲ 5.975 (+1,7 %) | 25 de setiembre de 2026 |
| Cupón cero en ₲ / letra del Tesoro de EE.UU., a 3 meses | 6,01 % / 4,08 % | 25 y 24 de setiembre de 2026 |
| Variación típica (mediana) del dólar a doce meses | +3,2 % | Períodos de 2010 a 2026 |
| Períodos de doce meses en que el dólar no subió | 34 % | 2010–2026 |
| Inflación interanual | 1,5 % | Agosto de 2026 |
Fuente: Observatorio Económico FCCAE-UC con datos del BCP (cotizaciones, planilla de divisas, operaciones a plazo, curvas y Anexo Estadístico del 25 de setiembre de 2026), la base FRED y Datafolha. Detalle en el estudio «El dólar en el Paraguay: tendencias, determinantes y escenarios a doce meses». Este análisis tiene fines académicos e informativos y no constituye una recomendación de compra o venta de divisas.
Presidió el banco emisor entre 1940 y 1947. Un perfil documentado, norma por norma.

Bajo su conducción el Paraguay cerró el mercado de cambios, sustituyó una moneda destruida, dictó su primera ley de bancos y creó la Superintendencia de Bancos. Él mismo sostuvo, en 1945 y en 1982, que esa obra no había sido de un solo hombre.
En febrero de 1941, cuando se dictó el control de cambios, las reservas del banco emisor cubrían el 9,3 % de los billetes en circulación; a fines de 1945, el Fondo de Estabilización Monetaria equivalía al 117,7 %. El perfil reconstruye esa secuencia con el Registro Oficial y las memorias del banco, incluido lo que la celebración suele omitir.
Nueve ejercicios seguidos sin un peso de emisión en el presupuesto. Una reconstrucción documentada, parte por parte.

Vino de una chacra de Mbuyapey, fue juez antes de ser doctor y pasó en Europa entre ocho y diez años, según la fuente. Fue ministro de Hacienda en medio de una corrida bancaria y de una guerra civil, después presidente de la República, y otra vez ministro hasta su muerte, en octubre de 1930.
Según la serie presupuestaria de Herken Krauer, entre los ejercicios 1923-24 y 1931-32 la emisión no aportó nada a los ingresos del Estado; en los veintitrés anteriores había llegado al 51 %. La serie sigue esa regla desde la Oficina de Cambios de 1916 hasta la deuda de Londres y el rearme, con lo que costó y con lo que no llegó a institucionalizarse. Ninguna divergencia entre fuentes se promedia.
Cada suscripción incluye credenciales de acceso según el plan contratado, con vigencia por período académico.
Series históricas macro, monetarias, fiscales y sectoriales — depuradas y armonizadas por el Observatorio. Formatos Excel y CSV. Metadatos completos con fuente primaria.
Ingresar al repositorioInforme mensual con lectura de actividad, precios, sector externo, mercado laboral y perspectivas. Publicación el primer viernes de cada mes con anexo estadístico completo.
Ingresar al repositorioDocumentos monográficos sobre sectores, políticas y coyunturas puntuales: hidrovía, ganadería, sistema previsional, política fiscal, tipo de cambio real y reformas estructurales.
Ingresar al repositorioEl Paraguay hace trece veces más operaciones de pago sin efectivo que en 2018, y el efectivo no se fue: en diciembre de 2025 los billetes y monedas en poder del público sumaron ₲ 18,4 billones, su máximo aun descontada la inflación. La segunda edición del estudio del Observatorio muestra que el QR y el billete compiten en la caja, pero se complementan en el sistema: el efectivo es una de las anclas de la confianza en el dinero, una opción de salida frente a las comisiones, el respaldo cuando lo demás falla y la puerta de entrada de quienes no tienen cuenta. Propone medir su uso y su acceso antes de decidir.
El 31 de diciembre vencen a la vez el CUSE de Itaipú y el Acuerdo Operativo de 2007. La nueva sección del Observatorio reúne en una sola página las segundas ediciones de «El trilema eléctrico del Paraguay» y «Renta energética e industrialización»: la factura de potencia de la ANDE en 2027, que pasaría de US$ 663 millones a unos 1.302 con el CUSE vigente si debe cubrir su punta; el primer año con déficit de energía, con mediana en 2032; cuánto vale Itaipú para el país, las pérdidas y la tarifa. Ocho gráficos, la cronología del Anexo C, nueve recomendaciones y las siete columnas de la serie.
El 31 de diciembre vencen a la vez el CUSE de Itaipú, de US$ 19,28 por kilovatio-mes, y el Acuerdo Operativo de 2007, que permite a la ANDE retirar más energía de la que corresponde a la potencia que contrata. Si desde 2027 debe contratar la potencia que cubre su punta —una lectura posible del Entendimiento de 2024—, necesitaría unos 5.630 MW, el doble que hoy, y su factura de potencia pasaría de US$ 663 millones a unos 1.302 con el CUSE vigente, 810 con uno de 12 y 675 con uno de 10. El presupuesto de 2027 alcanza solo con un CUSE de 9,1 a 12,1 o con una prórroga del régimen actual: quién absorbe la diferencia debe decidirse antes del 1 de enero.
En 2025 Itaipú transfirió al Paraguay US$ 461,9 millones, pero la ANDE le pagó 605,7: el saldo de caja fue de US$ −143,8 millones. No es que Itaipú cueste: su valor está hoy en la energía barata que el país consume. Frente a una generación firme vale para el Paraguay, en 2027, entre US$ 2.005 y 2.456 millones según el CUSE; frente a la solar, entre 678 y 1.130. Ni la «caída del 70 % de la renta» ni la «brecha» de US$ 300 millones, que figuraban en las primeras ediciones de nuestros estudios, resisten la cuenta completa. La compensación por cesión, que financia la alimentación escolar, se extingue hacia 2031-2032.
Vender en el mercado libre brasileño la energía que hoy se cede conviene solo por encima de un umbral: unos US$ 21,7 por megavatio-hora en 2027 con un CUSE de 12 y entre 14 y 18 desde 2028. Las únicas ofertas conocidas, por energía de Acaray en 2024, fueron de US$ 7,73 a 21,03. El excedente se achica, de unos 8.600 GWh en 2027 a 4.100 en 2030, y casi desaparece en un año seco: solo caben contratos interrumpibles o de corto plazo. La cuestión de fondo es otra: si la ANDE contrata su punta, unos 5.600 GWh de 2027 serían energía de potencia que ella paga, unos US$ 194 millones que el Anexo C debería reconocer.
Lo que cuesta atender a una carga electrointensiva depende menos de su factor de carga que de cuánto consume en la hora de punta, cuando la ANDE debe contratar potencia en Itaipú. La referencia de US$ 44,33 cubre el costo nacional de la energía, sin contar la red, solo si la demanda del segmento en la punta no supera su media, un dato que no se publica. Una tarifa en dos partes —US$ 23,60 por kilovatio-mes sobre la demanda en la punta más 17,36 por megavatio-hora— cobra la potencia como la paga el país. Con un CUSE de 12 la misma fórmula daría bastante menos: por eso conviene fijar por ley la fórmula, no un precio, antes de que venzan los contratos a fines de 2027.
En el escenario central, el primer año en que la demanda supera a la energía disponible llega en 2032 o antes en la mitad de 20.000 simulaciones, y la probabilidad de que ocurra al menos una vez hasta 2030 es de 31 %; si persiste la hidrología de 2019-2025, sube a 60 %. Siete de cada diez primeros déficits llegan con un año seco. Hasta 2030 el riesgo puede acotarse: con contratos electrointensivos interrumpibles en los años secos, el de la demanda ordinaria baja a 3,7 %. Las palancas: retirar todo lo que permite el acta de Yacyretá, renovar los contratos con cupo e interrupción, y licitar ya la generación que hará falta hacia 2032-2033.
El índice de pérdidas de la ANDE bajó de 28,5 % en 2023 a 24,4 % en 2025, pero medido sobre la demanda ordinaria se mantuvo en torno al 29 %: la mejora se explica por la entrada de carga electrointensiva de 220 kV, que casi no tiene pérdidas de distribución. Alrededor del 40 % de las pérdidas son no técnicas. Desde 2027, cada punto de pérdidas técnicas evitado valdría para el país unos US$ 13,3 millones al año; para la ANDE, el plan de US$ 359 millones de 2025-2028 se recuperaría en dos a tres años si cumple sus metas, que deberían medirse sobre la demanda ordinaria.
La tarifa media real de la ANDE es menos de la mitad que en 2003. Dos cuentas la presionan: el fin del régimen de Itaipú de 2024-2026 —unos US$ 24,6 por megavatio-hora con el CUSE vigente si se contrata la punta; 6,6 con uno de 12— y la brecha de inversión, de 11,4 a 13,7; la recuperación de pérdidas alivia. La propuesta CEARE-BID lleva la tarifa media de US$ 49,2 a 68,6 hacia 2030. Conviene decidir antes del 1 de enero quién absorbe la transición, empezar por la alta tensión, donde la brecha se mide, y evaluar con mejor información la Tarifa Social, que hoy alcanza a unos 269.000 clientes.
La teoría económica tiene una respuesta de referencia: lo que la moneda local paga de más debería compensar, en promedio, lo que se espera que se deprecie. Es la paridad descubierta de intereses, y el Observatorio la puso a prueba con quince años de certificados de depósito de ahorro (CDA) bancarios, de setiembre de 2011 a setiembre de 2026, a seis meses y a un año, con las tasas promedio y la cotización referencial del BCP. En promedio, un empate: el CDA en guaraníes a un año pagó 6,55% y el CDA en dólares, 3,32%, y en los doce meses siguientes a cada colocación el dólar subió, también en promedio, 3,2%; cada moneda ganó más o menos la mitad de las veces. Pero año por año la tasa puso un colchón de apenas 0,9 a 5 puntos y el tipo de cambio decidió de qué lado caía el resultado: el dólar subió 26% en 2014-2015 y bajó 17% en el último año. Ese último año fue fuera de serie: ₲ 100 millones colocados en setiembre de 2025 terminaron en ₲ 109,4 millones en guaraníes y en ₲ 87,6 millones por la vía del dólar. Bastó para dar vuelta quince años: renovando el CDA cada setiembre desde 2011, la vía del guaraní suma hoy ₲ 256,5 millones y la del dólar, ₲ 220 millones, aunque esta fue adelante en cada aniversario de 2015 a 2025; con el dólar por encima de ₲ 6.803 al cierre de setiembre, la conclusión habría sido la opuesta. Y el ahorro sigue mitad y mitad: en mayo de 2026, el 50,4% de los ₲ 65,5 billones en CDA estaba en guaraníes, y el avance del guaraní en el último año fue sobre todo valuación y plazo, no ahorristas que cambiaron de moneda.
Hacia adelante solo puede calcularse un umbral. Con las tasas de agosto (7,98% en guaraníes y 4,62% en dólares a un año), el CDA en guaraníes gana si el dólar sube menos de 3,2% hasta setiembre de 2027, es decir, si no supera unos ₲ 6.021; a seis meses, si sube menos de 1% en el semestre. La historia no inclina la balanza —el dólar subió menos que ese umbral en 47% de los períodos de doce meses desde 2011 y en 57,5% desde 2004— y la referencia central del Observatorio, unos ₲ 6.050, queda apenas encima. Lo que sí pesa es la moneda de los gastos: para quien gasta en guaraníes, el CDA en guaraníes fue mucho más estable, y comprar y volver a vender dólares costaba a fines de setiembre entre 2,6% y 4,1% en las pizarras bancarias; para quien tiene ingresos, deudas o gastos en dólares, la lectura se invierte. La pregunta útil no es qué CDA paga más, sino cuánto tendría que subir el dólar para que esa diferencia desaparezca. El estudio no es una recomendación de inversión ni un pronóstico del tipo de cambio.
El PIB creció 4,0% en el segundo trimestre, después de 7,3% en el primero, y 5,7% en el semestre, la tasa más alta de la región. Pero el ritmo actual es bajo: según la estimación del Observatorio, el nivel desestacionalizado del PIB no avanzó entre abril y junio, y la tendencia-ciclo del IMAEP sin agricultura ni binacionales, que en enero avanzaba a 5,7% anual, tocó un mínimo de 0,8% en mayo antes de repuntar a 3,3% en julio. De 18 indicadores de producción, ventas e importaciones, 16 crecen menos que en el trimestre anterior; siguen empujando la soja, el trigo, la energía exportada y la maquila (+30%), y se frenan el consumo masivo, los combustibles, la construcción y la ganadería. El superávit comercial de US$ 717 millones se explica en dos tercios por «otras exportaciones»; el comercio registrado sigue en déficit. La inflación está en el piso del rango meta (1,5%), el guaraní se apreció 18% en un año y el déficit fiscal de doce meses llegó a 2,9% del PIB. En los hogares, el crédito al consumo crece más del doble que el ingreso y la morosidad de las tarjetas subió a 5,6%, mientras las remesas caen 23,6% en guaraníes.
El diagnóstico: desaceleración sí, recesión no. Con la actividad estancada, el PIB de 2026 crecería alrededor de 4,5% (entre 4,0% y 4,6% según el método), y más cerca de 4,8% a 5,0% si se sostiene el nivel de julio: el año está bien encaminado, pero con poco margen. Las tareas: ordenar el pago de los atrasos y volver al tope fiscal en 2028 con más recaudación, calibrar desde ahora un límite a la carga financiera de los nuevos créditos de consumo y lograr que la baja de la tasa de política llegue a las tasas que pagan hogares y empresas.
El dólar llegó el 25 de setiembre a ₲ 5.873, su nivel más bajo desde 2018: bajó 26,9% desde el máximo de abril de 2025 y 17,2% en doce meses. El documento de trabajo del Observatorio muestra que la baja tiene sello local (exportaciones récord de US$ 14.025 millones entre enero y agosto, 24,7% más que en 2025, y una soja 18% más cara) y que ocurrió aunque el BCP lleva once meses sin vender dólares a los bancos, un récord: como siguió comprando las divisas del sector público, pasó de ofrecer en neto unos US$ 415 millones al año a absorber unos US$ 400 millones. El tipo de cambio real multilateral está más apreciado que en el 97% de los meses desde 1995, aunque frente a los Estados Unidos sigue cerca de su mediana histórica.
Tres referencias (la curva a plazo del BCP, +1,7%; la mediana histórica, +3,2%, y el desalineamiento real, +5,4%) rondan un +3% a doce meses, unos ₲ 6.050, pero no son independientes ni forman un rango probable: desde 2010, en uno de cada tres años el dólar no subió, y en ocho de cada diez la variación quedó entre −9,7% y +12% (₲ 5.300 a ₲ 6.580). Octubre es el mes más alcista y la cosecha lo compensa; ponderados por su desempeño, los modelos del Observatorio hoy no señalan una dirección. El estudio evalúa un programa preanunciado de acumulación de reservas, con sus costos: unos dos puntos anuales sobre lo acumulado y la tensión con una inflación por debajo de la meta.
En el Paraguay se trabaja mucho y se aporta poco. La segunda edición del estudio del Observatorio sobre informalidad y chances jubilatorias sigue a las mismas personas de un año al otro con el panel de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (más de 90.000 observaciones entre 2017 y 2025) y, con una microsimulación de historias laborales, estima que entre los 25 y los 64 años una persona acumula en promedio 8,7 años de aporte (mediana: 6). Uno de cada cuatro no aporta nunca; solo el 25% reúne los 15 años de la jubilación proporcional del IPS y el 8% los 25 de la ordinaria; y de quienes aportan alguna vez, dos de cada tres no llegan a 15 años. La causa es una alternancia asimétrica entre empleo formal e informal: de cada cien empleos con aporte en el sector privado, entre 31 y 36 siguen aportando en la misma empresa a los tres años; entre los 25 y los 34 años, de cada cien que dejan de aportar, 74 siguen trabajando sin aporte, y volver a aportar es cada vez más difícil con la edad. El Código del Trabajo da estabilidad a los diez años y hay indicios de despidos antes de ese umbral, pero menos de uno de cada diez empleos formales llega a él: eliminar ese exceso de despidos agrega apenas 0,06 años de aporte.
La propuesta: que cada año aportado cuente, con beneficios proporcionales por debajo de los 15 años; hacer efectiva la acumulación entre cajas que ya prevé la Ley 3856/2009; facilitar la entrada al aporte de pymes e independientes; y que el aporte no se corte en cada cambio de empleo. Con una carrera contributiva típica de una década, la vejez de la mayoría dependerá de la pensión universal y, en última instancia, del Tesoro.
La ANDE no le compra energía a Itaipú: contrata potencia. Ese pago, el CUSE, es hoy de US$ 19,28 por kilovatio-mes; lo fijó el Entendimiento Paraguay-Brasil de 2024 y rige hasta el 31 de diciembre. Con un factor de carga de 85% equivale a unos US$ 31 por megavatio-hora. A eso se suma lo que el Tesoro deja de cobrar: cada megavatio-hora que se consume en casa es uno menos que se cede a Brasil, que paga por él una compensación de unos US$ 14. El costo económico nacional de atender carga nueva ronda así los US$ 45 por MWh. Por eso los US$ 44,33 de referencia que la ANDE calcula para las electrointensivas no son un regalo: empatan con ese costo. Pero el empate descansa sobre una tarifa que vence. Si la tarifa baja a US$ 10 o 12, el costo total cae a US$ 30-33: un tercio del costo de nuestra energía depende de una negociación sin acuerdo.
Lo urgente es decidir el mecanismo, no el precio. La propuesta tiene cuatro puntos: una subasta con el costo económico como piso; una senda de precios en lugar de un nivel plano; precios distintos por producto y no por empresa; y garantías e indexación, con la metodología fijada por ley.
El proyecto de Presupuesto General de la Nación 2027 llega al Congreso con ₲ 166,3 billones, 11,2% más que el aprobado para 2026, y un déficit de 3,9% del PIB: 2,6 veces el tope de 1,5% de la Ley de Responsabilidad Fiscal. Tiene un mérito —reconoce y paga cuentas que no figuraban en el déficit, y en el escenario base la deuda se estabiliza en torno a 40% del PIB—, pero esconde seis tensiones: atrasos, sobre todo de Salud, pagados con deuda; una recaudación que el MEF proyecta en 8,6% cuando a agosto crecía 2,2% (en las simulaciones del Observatorio, el déficit tiene 69% de probabilidad de superar el 3,9%); un gasto rígido que, deuda incluida, absorbe 90 de cada 100 guaraníes de recursos genuinos del Tesoro y crece más rápido que ellos (8,8% contra 7%); más presupuesto sin garantía de más ejecución; ingresos de Itaipú que caen 31%; y una regla fiscal que se suspende, con el tercer sendero de convergencia propuesto en cinco años.
El Congreso puede aprobar el desvío, pero con cuatro condiciones: un plan plurianual para volver al 1,5% en 2028, un inventario público y conciliado de los atrasos, metas trimestrales de ejecución de la inversión y ninguna ampliación salarial sin financiamiento identificado.
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