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Finanzas públicas · Calificaciones soberanas · Columna

Observatorio Económico · FCCAE-UC · Octubre de 2026

El Paraguay ya convenció a Moody's y a S&P. Fitch explicó qué le falta, y la respuesta es fiscal e institucional: credibilidad en el gasto, más ingresos, menos deuda en dólares e instituciones más fuertes. Es una agenda que conviene al país con o sin calificadoras.

El 30 de setiembre, Fitch Ratings ratificó la calificación del Paraguay en BB+ con perspectiva positiva y postergó el tercer grado de inversión. La decisión decepcionó a muchos, pero también es útil, porque, según la síntesis oficial de la decisión, la agencia dejó claro qué falta para dar el último paso.

Conviene recordar de dónde venimos. En febrero de 2003, en plena crisis, S&P declaró al país en default selectivo. Veintiún años después, Moody's otorgó el primer grado de inversión (Baa3, julio de 2024) y S&P el segundo (BBB-, diciembre de 2025). Hoy el Paraguay está entre los seis países de América Latina con grado de inversión de al menos dos de las tres grandes calificadoras, junto con Chile, Uruguay, Perú, México y Panamá. El camino fue largo: nueve años en el último escalón especulativo de Moody's y casi ocho en el de Fitch.

Gráfico escalonado de las calificaciones de S&P, Moody's y Fitch entre 1995 y 2026: la caída hasta el default de 2003, la recuperación gradual y el cruce del umbral de grado de inversión por Moody's en 2024 y S&P en 2025.
Calificación soberana del Paraguay en moneda extranjera, 1995-2026. Fuente: Observatorio Económico FCCAE-UC, con comunicados de S&P, Moody's y Fitch.

Lo que las agencias ya reconocen

Los informes de las tres agencias y el Artículo IV del FMI de agosto coinciden en el diagnóstico, y las fortalezas son claras. La economía creció 6,6 % en 2025, muy por encima de la mediana de los países con calificación similar. La deuda pública es baja: alrededor de 38 % del PIB según el FMI, y 32 % en la medición de Fitch, frente a una mediana de 51,6 % para los países BB. El Banco Central tiene un régimen de metas creíble y la inflación está controlada, incluso por debajo de la meta. Las reservas cubren casi seis meses de pagos externos. Y el país suma más de dos décadas de estabilidad macroeconómica con gobiernos de distinto signo.

El mercado lo valoró. El riesgo país, medido por el EMBI, bajó de 190 puntos básicos a fines de 2023 a cerca de 100 a fines de 2025, entre los más bajos de la región. Hoy ronda 115 puntos, después de las noticias fiscales de este año.

Lo que falta

Las debilidades también se repiten en todos los informes.

Instituciones. Fitch ubica la gobernanza del Paraguay en el percentil 39 de los indicadores del Banco Mundial, y el Índice de Percepción de la Corrupción le asigna 24 puntos sobre 100. En el modelo cuantitativo de Fitch esos indicadores tienen el mayor peso: por eso el modelo da BB, y la agencia suma un escalón por el historial de buena política macroeconómica.

Ingresos. La recaudación tributaria ronda el 11 % del PIB, de las más bajas del continente. Con ingresos tan estrechos, los intereses absorben 13 % de los ingresos del gobierno según Moody's, más que la mediana de los países con esa calificación.

Deuda en dólares. Tres cuartas partes de la deuda pública están en moneda extranjera, y Moody's lo penaliza en su evaluación de la fortaleza fiscal. Las emisiones en guaraníes, entre ellas tres bonos globales, y la apreciación llevaron la participación de la moneda local de 8 % a cerca de 25 %. Es un avance real, aunque insuficiente.

En 2026 apareció además un problema nuevo, que resultó decisivo: los atrasos con proveedores. Al cierre de 2025, el Estado debía unos 1.270 millones de dólares, entre 2 % y 2,6 % del PIB según el año de referencia, sobre todo a farmacéuticas y constructoras. Regularizarlos llevará el déficit a 3,2 % del PIB este año y hasta 3,9 % en 2027, y la vuelta al tope legal de 1,5 % se corrió a 2028. En los doce ejercicios transcurridos desde 2014, el tope de la Ley de Responsabilidad Fiscal se cumplió solo en 2016, 2017 y 2018. Para una calificadora, lo grave no es un déficit alto en un año difícil, sino una regla que se incumple más de lo que se cumple.

El riesgo es la credibilidad, no la solvencia

El Observatorio simuló 20.000 trayectorias de la deuda pública hasta 2030, con sequías, cambios en el crecimiento y saltos del tipo de cambio. Si se cumple la convergencia oficial, la deuda se estabiliza en torno a 39 % del PIB. Pero si los déficits quedan cerca de 2 % después de 2027, como proyectan las propias agencias, la deuda sube hacia 43 % y la probabilidad de superar 45 % llega a casi cuatro de cada diez. El riesgo principal no es de solvencia sino de credibilidad, y es precisamente lo que más pesa en la evaluación de las calificadoras.

Qué hacer

El estudio del Observatorio propone una hoja de ruta concreta.

Primero, cerrar el episodio de atrasos con transparencia: publicar el inventario auditado, informar cómo y cuándo se cancela, y hacer cumplir la norma que ya prohíbe contraer obligaciones sin crédito presupuestario. El registro del gasto en base devengado, que el FMI viene pidiendo, es la pieza técnica central.

Segundo, dar fuerza de ley a la senda fiscal: techos anuales explícitos para 2027 y 2028, un consejo fiscal autónomo como el que Chile creó en 2019, y un ancla de deuda que complemente la regla de déficit.

Tercero, ampliar la base de ingresos entre 1,5 y 2 puntos del PIB hacia 2030 sin subir las tasas generales: revisar los gastos tributarios, ampliar la base del impuesto a la renta personal y generalizar la factura electrónica. A eso se suma una tarea urgente: presupuestar desde 2027 la transición de Itaipú.

Cuarto, seguir desdolarizando la deuda, hasta 35-40 % en guaraníes en 2030, con una curva de rendimientos local.

Quinto, reformas de gobernanza que dejen evidencia: cruce automático de las declaraciones juradas, registro de beneficiarios finales, contrataciones abiertas y selección meritocrática de magistrados.

El grado de inversión no se decreta: se demuestra presupuesto tras presupuesto. La primera prueba es el Presupuesto General de la Nación (PGN) 2027 que hoy discute el Congreso, y sobre todo su ejecución. La revisión de Fitch de 2027 es una ventana posible; lo más probable es que la agencia espere el resultado de 2028. Si el país convierte el episodio de 2026 en una lección institucional, el tercer grado de inversión estará al alcance. Si lo convierte en un precedente, el riesgo ya no será quedarse sin el tercero, sino perder alguno de los dos que tanto costó conseguir.

Observatorio Económico FCCAE-UC, Universidad Católica «Nuestra Señora de la Asunción». Cifras del estudio «Las calificaciones soberanas del Paraguay: S&P, Moody's, Fitch y la visión del FMI» (segunda versión ampliada, octubre de 2026), revisado en cuatro auditorías adversariales internas. Las cifras de la decisión de Fitch de setiembre de 2026 se reconstruyeron a partir del comunicado del MEF y de la prensa especializada. Las proyecciones de deuda son medianas de un modelo de 20.000 trayectorias y dependen de supuestos que el estudio detalla; no son pronósticos.

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