En tres ideas
- La pobreza bajó de 51,0 % (2003) a 21,0 % (2019) con la metodología anterior y de 24,5 % (2022) a 16,0 % (2025) con la vigente; la extrema, de 11,9 % a 2,4 %.
- En la primera década el ingreso laboral explicó el 72 % de la caída; entre 2022 y 2025, el 44 %, y las transferencias no contributivas casi un tercio (2,7 puntos, de los cuales unos 0,9 corresponden al almuerzo escolar imputado).
- La clase media superó la mitad de la población (51,6 %), pero el ingreso bajo no pobre —tres de cada diez personas, entre 1 y 1,8 líneas de pobreza— no se redujo en veinte años.
Entre 2003 y 2025 la proporción de paraguayos que vive por debajo de la línea de pobreza pasó de la mitad a uno de cada seis, según dos mediciones no empalmables: de 51,0 % en 2003 a 21,0 % en 2019 con la metodología anterior, y de 24,5 % en 2022 a 16,0 % en 2025 con la vigente. Pocos indicadores sociales del país se movieron tanto. El capítulo reconstruye esa trayectoria con los microdatos de las 23 rondas de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y de la Encuesta Permanente de Hogares Continua (EPHC) del Instituto Nacional de Estadística (INE), armonizadas y reponderadas con los factores de expansión de la revisión 2025 (posteriores al Censo 2022), y responde cinco preguntas: cuánto y a qué ritmo cayó la pobreza; a quiénes alcanzó y a quiénes dejó atrás; cuánto se debió al crecimiento y cuánto a la redistribución; qué fuentes de ingreso movieron la pobreza y la desigualdad; y cómo se compara el Paraguay con la región.
Los hallazgos principales son seis. (i) La pobreza cayó en dos grandes fases —una década de reducción acelerada entre 2003 y 2013, impulsada por el ingreso laboral, y un segundo impulso entre 2022 y 2025, en el que el trabajo volvió a pesar y las transferencias públicas hicieron su mayor aporte absoluto de la serie—, separadas por seis años de avance lento y por el retroceso pandémico. (ii) La desigualdad bajó de forma persistente: el coeficiente de Gini del ingreso per cápita pasó de 0,561 en 2003 a 0,434 en 2025 (dos mediciones no empalmables, con un salto de instrumento en 2022). (iii) El crecimiento fue pro-pobre en cada uno de los tramos comparables (2003–2013, 2013–2019 y 2022–2025); en el período completo, el ingreso real del percentil 5 creció 4,9 % anual y el del percentil 95, 1,3 %, con la línea de pobreza total como deflactor (dos mediciones no empalmables). (iv) La pobreza conserva cara de niño, de hogar numeroso, de jefatura con poca educación y de trabajo por cuenta propia, y se concentró en los hogares con jefatura femenina. (v) La geografía de la pobreza es la del norte y el este rural: Concepción tiene cinco veces la incidencia de Asunción, pero el departamento Central concentra el mayor número de pobres. (vi) El Paraguay pasó de tener más pobreza que el promedio latinoamericano a tener menos, aunque su desigualdad sigue en la mitad alta de la región.
3.1Marco analítico
El capítulo combina cinco familias de categorías de la literatura comparada.
Pobreza monetaria y sus índices. La medición oficial paraguaya sigue el enfoque del costo de las necesidades básicas: una persona es pobre si el ingreso per cápita de su hogar no cubre el costo de una canasta básica de consumo, y pobre extrema si no cubre el de la canasta alimentaria. Sobre esa línea se calculan los índices de Foster, Greer y Thorbecke (1984): la incidencia (P0, proporción de pobres), la brecha (P1, distancia media a la línea) y la severidad (P2, que pondera más a los más pobres).
Vulnerabilidad y clases medias. López-Calva y Ortiz-Juárez (2014) y Ferreira et al. (2013) propusieron definir la clase media latinoamericana por la seguridad económica: un hogar es de clase media cuando su probabilidad de caer en la pobreza es baja. Entre los pobres y la clase media queda un estrato vulnerable, que no es pobre pero tiene una probabilidad alta de volver a serlo. Aquí se adaptan esos umbrales a la línea paraguaya: pobre por debajo de 1 línea, vulnerable entre 1 y 1,8, clase media baja entre 1,8 y 3,6, clase media alta entre 3,6 y 9, y alta por encima de 9 líneas de pobreza per cápita. La adaptación es una simplificación: López-Calva y Ortiz-Juárez fijan el umbral de la clase media donde la probabilidad estimada de recaer en la pobreza, medida con paneles, baja de alrededor de 10 %, y este capítulo no estima esa probabilidad. El estrato «vulnerable» es, en rigor, una banda de ingreso bajo no pobre (1 a 1,8 líneas).
Crecimiento pro-pobre. Las curvas de incidencia del crecimiento (Ravallion y Chen, 2003) muestran la tasa de crecimiento del ingreso real en cada percentil. Si los percentiles bajos crecen más que los altos, el crecimiento fue pro-pobre en sentido relativo (Kakwani y Pernia, 2000).
Descomposiciones del cambio de la pobreza. Datt y Ravallion (1992) separan el cambio de la pobreza en un componente de crecimiento (el que se habría observado si solo hubiera cambiado la media, con la distribución relativa constante) y uno de redistribución. Azevedo, Inchauste y Sanfelice (2013), a partir de Barros et al. (2006), extienden la idea a las fuentes de ingreso: construyen distribuciones contrafactuales que reemplazan, una a una, cada fuente del año inicial por la del año final para hogares del mismo rango, y promedian las contribuciones sobre todos los órdenes posibles (valor de Shapley).
Desigualdad por fuentes. Lerman y Yitzhaki (1985) descomponen el Gini como la suma, para cada fuente, del producto de su participación en el ingreso, su propio Gini y su correlación de Gini con el ingreso total. El efecto marginal de una fuente indica en qué proporción cambiaría el Gini ante un aumento proporcional de esa fuente, con las demás constantes; aquí se expresa como la variación porcentual del Gini ante un aumento de 10 % de la fuente. Negativo, la fuente es igualadora; positivo, desigualadora.
3.2Datos, método y una advertencia
La base armonizada contiene 690.311 registros de personas de las rondas 2003 a 2025, con el ingreso per cápita del hogar (ipcm), las líneas oficiales de pobreza total y extrema de su dominio y las fuentes de ingreso del hogar de las bases INGREFAM del INE. Todas las estimaciones usan los factores de expansión de la revisión 2025, por lo que difieren levemente de las publicadas en su momento. Siguiendo el criterio del INE, se excluye al personal de servicio doméstico residente y a sus familiares, que no forman parte del hogar a efectos del ingreso. Las estimaciones de 2025 replican las cifras oficiales vigentes: 16,0 % de pobreza total y 2,4 % de extrema (INE, 2026). Salvo el Gini rural (sección 3.4.2), las estimaciones del capítulo no llevan todavía error estándar ni intervalo de confianza; las diferencias de uno o dos puntos entre grupos o departamentos, y entre años cercanos, deben leerse con esa reserva.
3.3Veintidós años de pobreza: dos impulsos y una meseta
3.3.1La trayectoria
En 2003 el 51,0 % de la población era pobre y el 11,9 % pobre extrema (Gráfico 3.1 y Cuadro 3.1). Diez años después, en 2013, la pobreza había bajado a 25,6 % y la extrema a 4,9 %: la incidencia se redujo a la mitad. Entre 2013 y 2019 el avance fue lento (de 25,6 % a 21,0 %); la pandemia lo revirtió en parte (26,0 % en 2020). Con la metodología vigente, la pobreza pasó de 24,5 % en 2022 a 16,0 % en 2025 y la extrema de 5,4 % a 2,4 %: la mayor caída relativa en tres años de toda la serie (−35 %), aunque en puntos porcentuales las de 2009–2012 (−10,5) y 2010–2013 (−9,8), medidas con otra metodología, fueron mayores. Unos 0,9 de los 8,5 puntos de reducción de 2022–2025 se deben a la expansión del almuerzo escolar imputado como ingreso (Recuadro 3.1): un aporte real al bienestar de los hogares, pero no al ingreso monetario. En 2025 unas 985.000 personas seguían siendo pobres y unas 147.000, pobres extremas.
Pasá el cursor sobre el gráfico —o enfocalo con Tab y usá las flechas— para leer los valores.
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC 2003–2025 (INE), factores de expansión revisión 2025. Las dos series no son empalmables en nivel.
| Año | Pobreza total (%) | Urbana (%) | Rural (%) | Pobreza extrema (%) | Brecha P1 (%) | Severidad P2 (%) | Gini del ingreso per cápita | Metodología |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 2003 | 51,0 | 45,9 | 58,3 | 11,9 | 22,4 | 12,8 | 0,561 | anterior |
| 2008 | 40,5 | 34,1 | 50,8 | 9,2 | 15,4 | 8,0 | 0,508 | anterior |
| 2013 | 25,6 | 20,2 | 35,8 | 4,9 | 8,8 | 4,3 | 0,486 | anterior |
| 2019 | 21,0 | 16,4 | 31,3 | 3,2 | 6,6 | 3,0 | 0,460 | anterior |
| 2020 | 26,0 | 22,6 | 33,7 | 3,9 | 8,5 | 3,9 | 0,449 | anterior |
| 2021 | 24,6 | 21,0 | 33,0 | 3,2 | 7,3 | 3,1 | 0,437 | anterior |
| 2022 | 24,5 | 20,7 | 33,5 | 5,4 | 8,2 | 3,9 | 0,450 | vigente |
| 2023 | 21,6 | 18,8 | 28,4 | 4,4 | 6,9 | 3,2 | 0,442 | vigente |
| 2024 | 19,6 | 16,9 | 26,3 | 3,7 | 6,0 | 2,7 | 0,443 | vigente |
| 2025 | 16,0 | 13,6 | 22,1 | 2,4 | 4,3 | 1,8 | 0,434 | vigente |
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE), factores de expansión revisión 2025; excluye al servicio doméstico residente. P1 y P2: índices de Foster, Greer y Thorbecke sobre el total de la población. Las series 2003–2021 y 2022–2025 no son empalmables en nivel.
Dos rasgos del Cuadro 3.1 merecen atención. Primero, la brecha y la severidad cayeron más rápido que la incidencia en ambas fases: entre 2003 y 2013 la incidencia bajó 50 % y la severidad 67 %; entre 2022 y 2025, 35 % y 55 %. Los pobres no solo fueron menos; los que quedaron están más cerca de la línea. Segundo, la pobreza rural cayó de 58,3 % a 35,8 % en la primera década, pero luego se estancó: en 2019 seguía en 31,3 %. Solo con la serie vigente vuelve a bajar con fuerza (de 33,5 % a 22,1 % entre 2022 y 2025).
3.3.2La pobreza tiene cara de niño
La pobreza bajó en todos los grupos de edad, pero no en la misma proporción (Gráfico 3.2). En 2025 el 26,9 % de los niños de 0 a 4 años (26,3 % en el tramo de 0 a 5 que usa el capítulo 11) y el 23,8 % de los de 5 a 14 viven en hogares pobres, frente al 12,5 % de los adultos de 30 a 64 años y el 12,1 % de los mayores de 65. Los menores de 18 años son el 29,8 % de la población, pero el 45,6 % de los pobres. La razón entre la pobreza de los niños de 5 a 14 años y la de los mayores de 65 pasó de 1,8 en 2003 a 2,0 en 2025 (dos mediciones no empalmables), con un máximo de 2,2 en 2024. El capítulo 11 precisa la lectura: la brecha entre el ingreso mediano de los hogares donde viven niños y el de los adultos se mantuvo casi constante durante veintidós años, de modo que el aumento de la razón de incidencias es en buena medida un efecto de umbral —cuando toda la distribución sube, una misma distancia proporcional produce una razón de incidencias mayor—. La desventaja de la niñez no se agravó, pero tampoco se corrigió.

Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE).
El patrón es compatible con dos explicaciones complementarias, que el capítulo no contrasta formalmente. La primera es demográfica: los hogares pobres tienen más hijos, y el ingreso per cápita cae con cada miembro adicional. La segunda es de política: la protección social paraguaya amplió desde 2011 una pensión no contributiva para las personas mayores (universal por ley desde 2024, con una cobertura efectiva de la mitad de los mayores de 65 años) y, en cambio, sostuvo transferencias para la niñez de baja cobertura y monto (Tekoporã, Abrazo). Los capítulos 11, 12 y 14 desarrollan esa asimetría. Un país que atraviesa su bono demográfico con uno de cada cuatro niños en la pobreza consume el dividendo antes de generarlo: la literatura sobre formación de capacidades documenta que la inversión temprana rinde más que la remediación tardía (Heckman, 2006).
3.3.3Quién es pobre: el perfil del hogar
El Cuadro 3.2 caracteriza a los hogares pobres según los rasgos del jefe y la composición del hogar en 2013 y 2025. Cinco regularidades sobresalen.
| Característica | Pobreza 2013 | Peso entre los pobres 2013 | Pobreza 2025 | Peso entre los pobres 2025 | Peso en la población 2025 |
|---|---|---|---|---|---|
| Jefatura femenina | 26,5 | 30,6 | 19,2 | 46,5 | 38,8 |
| Jefatura masculina | 25,3 | 69,4 | 14,0 | 53,5 | 61,2 |
| Jefe con 0–6 años de estudio | 36,6 | 74,3 | 24,6 | 59,3 | 38,6 |
| Jefe con 7–12 años de estudio | 19,9 | 23,9 | 15,6 | 36,0 | 36,8 |
| Jefe con 13 años o más | 2,4 | 1,6 | 3,1 | 4,7 | 24,6 |
| Jefe asalariado que aporta a jubilación | 4,3 | 3,0 | 3,9 | 4,8 | 19,7 |
| Jefe asalariado que no aporta | 27,5 | 19,8 | 12,7 | 13,0 | 16,4 |
| Jefe trabajador por cuenta propia | 35,7 | 43,9 | 22,9 | 41,0 | 28,7 |
| Jefe trabajador doméstico | 19,3 | 2,5 | 21,1 | 6,6 | 5,0 |
| Jefe no ocupado | 35,5 | 27,5 | 22,4 | 31,3 | 22,4 |
| Hogar sin menores de 15 años | 11,1 | 11,3 | 6,5 | 14,0 | 34,6 |
| Hogar con 1–2 menores de 15 | 20,7 | 40,7 | 15,5 | 49,3 | 51,0 |
| Hogar con 3 o más menores de 15 | 52,6 | 48,0 | 40,7 | 36,7 | 14,4 |
| Hogar con una persona de 65 años o más | 25,9 | 19,1 | 16,1 | 22,6 | 22,5 |
| Urbano | 20,2 | 51,3 | 13,6 | 60,6 | 71,5 |
| Rural | 35,8 | 48,7 | 22,1 | 39,4 | 28,5 |
| Total | 25,6 | 100,0 | 16,0 | 100,0 | 100,0 |
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH 2013 y EPHC 2025 (INE), pob_02_profundiza.py. Personas clasificadas según las características del jefe de su hogar. Las categorías de ocupación se refieren a jefes ocupados y son excluyentes con «jefe no ocupado»; no suman 100 % porque se omiten empleadores y familiares no remunerados. Las columnas de 2013 y 2025 son dos mediciones no empalmables (Recuadro 3.1): las incidencias se comparan dentro de cada año, no entre años.
La primera regularidad es la educación: con un jefe de 13 o más años de estudio la pobreza es de 3 %; con uno de 6 años o menos, de 25 %. La segunda es el tipo de inserción laboral: un jefe asalariado que aporta a una caja jubilatoria casi garantiza no ser pobre (3,9 %), mientras que el trabajo por cuenta propia (22,9 %) y el doméstico (21,1 %) conviven con pobreza elevada; el 41 % de los pobres vive en hogares encabezados por un cuentapropista. La tercera es la composición familiar: cuatro de cada diez personas en hogares con tres o más niños son pobres. La cuarta es la urbanización de la pobreza: en 2013 la mitad de los pobres vivía en el campo; en 2025, el 61 % vive en áreas urbanas (dos mediciones no empalmables).
La quinta es la concentración en los hogares con jefatura femenina. En 2013 la incidencia de la pobreza era casi igual en hogares con jefatura femenina y masculina; en 2025 es 5 puntos mayor en los primeros (19,2 % frente a 14,0 %), y la proporción de pobres que vive en hogares encabezados por mujeres subió de 31 % a 47 % (dos mediciones no empalmables). Buena parte del cambio es composición: la jefatura femenina declarada pasó de 30 % a 39 % de la población, y su composición cambió con ella: los hogares con jefa y cónyuge presente pasaron de 30 % a 37 % de los hogares con jefatura femenina. Medida por el sexo de cada persona, la diferencia es menor y casi estable: en 2025 es pobre el 17,0 % de las mujeres y el 15,0 % de los hombres, frente a 26,5 % y 24,8 % en 2013. Los datos son compatibles con que los hogares encabezados por mujeres se hayan beneficiado menos de la reducción de la pobreza, pero no lo demuestran; para hacerlo habría que distinguir los hogares monoparentales con jefa de los biparentales.
3.3.4La geografía de la pobreza
Con la EPHC anual 2022–2025, representativa por departamento (excepto Boquerón y Alto Paraguay), la incidencia de la pobreza varía de 6,3 % en Asunción a 32,2 % en Concepción (promedio 2024–2025; Gráfico 3.3). Los cinco departamentos con mayor incidencia —Concepción, Caazapá, Caaguazú, San Pedro e Itapúa— forman un arco rural del norte y el centro-este con economías de agricultura familiar. Pero la incidencia no es lo mismo que el número: por su población, el departamento Central, con una incidencia de 9,9 % en 2025 (11,1 % en el promedio 2024–2025), concentra unas 198.000 personas pobres en 2025, el mayor contingente del país; le siguen Alto Paraná (118.000), Caaguazú e Itapúa (102.000 cada uno) y San Pedro (92.000). Una política territorial que solo mire tasas olvida que más de uno de cada cinco pobres vive en Asunción y Central. Las estimaciones departamentales tienen errores de muestreo de varios puntos: el orden entre departamentos con incidencias parecidas no es concluyente.
Pasá el cursor sobre el gráfico —o enfocalo con Tab y usá las flechas— para leer los valores.
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPHC (INE). Boquerón y Alto Paraguay no están cubiertos por la EPHC.
El INE publicó en 2025 un Mapa de Pobreza Distrital, que combina la EPHC 2023 con el Censo 2022 mediante estimación en áreas pequeñas, y en julio de 2026 el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) para los 263 municipios. Con ellos, el país dispone de información territorial actualizada para focalizar: la brecha entre el distrito con mayor pobreza (Paso Barreto, en Concepción, 53,3 %) y el de menor (Fernando de la Mora, 3,7 %) es de casi 50 puntos.
3.3.5Pobreza multidimensional: la mitad de los privados no son pobres de ingreso
El IPM del INE, construido con la metodología de Alkire y Foster (2011) sobre cuatro dimensiones de igual ponderación —trabajo y seguridad social, vivienda y servicios, salud y ambiente, y educación—, se ubicó en 15,7 % en 2024, frente a 17,7 % en 2022 y 34,3 % en 2016; esta última cifra se calculó con la EPH y no es comparable con las de la EPHC anual. El cruce con la pobreza monetaria es revelador: de las aproximadamente 928.000 personas pobres multidimensionales de 2024, unas 441.000 eran también pobres de ingreso y unas 487.000 —más de la mitad— sufrían privaciones no monetarias pese a tener un ingreso suficiente. Esas privaciones requieren, además de ingreso, servicios y empleo de calidad: las dimensiones que más pesan en el IPM —aporte jubilatorio, subempleo, acceso a agua, materiales de la vivienda— son competencia de la política sectorial, que analizan los capítulos 4 a 10.
3.4El ingreso de los hogares y su distribución
3.4.1Ingreso real: un largo estancamiento en el medio
El ingreso per cápita medio de los hogares pasó de 1,74 líneas de pobreza en 2003 a 2,71 en 2014 —un aumento real de 55 %— y luego se estancó: en 2019 era de 2,61, cayó a 2,28 en 2020–2021 y en 2025 (2,72) volvió al nivel de 2014, aunque esta última comparación cruza el cambio de metodología y debe leerse como dos mediciones no empalmables (Gráfico 3.4). La mediana, que describe mejor al hogar típico, creció de manera más pareja: de 0,98 a 1,93 líneas entre 2003 y 2025, casi el doble (dos mediciones no empalmables). Entre 2014 y 2021 el ingreso medio de los hogares paraguayos no creció, y su nivel de 2022 no puede compararse con el de los años anteriores. Ese estancamiento coincidió con la desaceleración de 2015 —el PIB creció 3,0 % ese año y 4,3 % en 2016, sin recesión (capítulo 2)—, con las recesiones de Brasil (2015–2016) y de Argentina (2016), con la sequía de 2019 y con la pandemia; en 2022 se sumó el shock inflacionario, cuyo efecto no puede medirse con la serie anterior.

Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE). Ingreso per cápita del hogar dividido por la línea de pobreza total de su área.
3.4.2Desigualdad: la caída más persistente
El coeficiente de Gini del ingreso per cápita bajó de 0,561 en 2003 a 0,434 en 2025, casi trece puntos en veintidós años (dos mediciones no empalmables: 0,561 → 0,437 entre 2003 y 2021 y 0,450 → 0,434 entre 2022 y 2025), con interrupciones (2006–2007, 2010–2011, 2013–2014, 2016–2017 y 2024) pero sin reversión de la tendencia. La participación del decil más pobre en el ingreso total pasó de 1,2 % a 2,3 %, la del 40 % más pobre de 10,8 % a 16,0 %, y la del decil más rico de 44,5 % a 34,7 %. La razón entre los percentiles 90 y 10 se redujo de 10,0 a 5,7 (estas comparaciones entre 2003 y 2025 son también dos mediciones no empalmables). Es una mejora distributiva sostenida que atravesó gobiernos de distinto signo. El Gini siguió bajando en 2020 y 2021, pero esa caída coincide con la encuesta telefónica y con una contracción de los ingresos altos que no reaparece dentro de la serie 2022–2025 (sección 3.4.3), por lo que no puede separarse de un efecto de la modalidad de la entrevista.
El promedio nacional parece esconder una divergencia territorial reciente, pero no resiste las pruebas de robustez. Entre 2022 y 2025 el Gini urbano cayó de 0,421 a 0,397, mientras que el Gini rural (del ingreso en múltiplos de la línea) subió de 0,468 a 0,502. Ese aumento no es estadísticamente significativo: el error estándar del Gini rural, estimado por remuestreo de las unidades primarias de muestreo, es de 0,018 en 2022 y de 0,055 en 2025, y el intervalo de 95 % de 2025 va de 0,42 a 0,61. Lo producen unos pocos hogares rurales con ingresos muy altos —el máximo de 2025 supera las 400 líneas de pobreza—: sin el 0,1 % superior, el Gini rural pasa apenas de 0,447 a 0,453. La desigualdad paraguaya es, además, sobre todo intraterritorial. Con el ingreso medido en múltiplos de la línea de cada área, la diferencia entre el campo y la ciudad explica el 1,8 % de la desigualdad total (índice de Theil) en 2013 y prácticamente nada en 2025, en parte por construcción, porque la línea de cada área ya corrige la diferencia de precios; con el ingreso nominal, explica el 7,9 % y el 2,1 %. Las diferencias entre departamentos, con la misma partición en ambos años (los seis departamentos representativos de la EPH y el resto agrupado), explican el 4,7 % y el 3,2 %; y la educación del jefe de hogar (tres niveles), el 17,7 % y el 11,4 % (pob_03_robustez.py).
3.4.3¿A quién le fue mejor? Curvas de incidencia del crecimiento
Las curvas de incidencia (Gráfico 3.5 y Cuadro 3.3) muestran que el crecimiento del ingreso fue pro-pobre en los tres tramos comparables. La primera década (2003–2013) fue de crecimiento alto y generalizado (entre 3,5 % y 7,2 % anual en todos los percentiles), con una pendiente clara a favor de los más pobres. Entre 2013 y 2019 el crecimiento fue bajo, pero todavía pro-pobre. Entre 2022 y 2025, con la metodología vigente, todos los percentiles crecieron, mucho más los bajos (11,9 % anual el percentil 5) que los altos (2,1 % el percentil 90 y 2,9 % el 95). En el período completo, que cruza la ruptura de 2022, el ingreso real del percentil 5 creció 4,9 % anual; el de la mediana, 3,1 %; el del percentil 95, 1,3 %.
El tramo 2019–2025 merece una advertencia. En él los percentiles bajos crecieron (3,4 % anual el percentil 5) y los altos perdieron ingreso real (entre −0,6 % y −0,8 % anual entre los percentiles 80 y 95), pero esa pérdida se concentra en 2020–2021, años de encuesta telefónica con cuestionario reducido (el percentil 95 cayó 6,8 % anual entre 2019 y 2021), y en el salto de instrumento de 2022; dentro de la serie 2022–2025 no aparece. No puede descartarse que la caída de los ingresos altos refleje una menor respuesta de esos hogares por teléfono, por lo que la «compresión desde arriba» de 2019–2025 no debe tomarse como un hecho establecido.
Los niveles de crecimiento dependen además del deflactor. Con la línea de pobreza extrema, que sigue el precio de la canasta alimentaria —que se encareció más que la canasta total—, el ingreso del percentil 5 creció 3,4 % anual entre 2003 y 2025, el de la mediana 1,5 % y el del percentil 95 −0,3 % (dos mediciones no empalmables). La forma pro-pobre de las curvas es robusta; sus niveles no.
Pasá el cursor sobre el gráfico —o enfocalo con Tab y usá las flechas— para leer los valores.
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE). Ingreso en múltiplos de la línea de pobreza. Tramos homogéneos: 2003–2013 y 2013–2019 (metodología anterior) y 2022–2025 (metodología vigente); la curva 2003–2025 combina líneas de metodologías distintas (Recuadro 3.1).
| Período | Percentil 5 | Percentil 10 | Percentil 25 | Mediana | Percentil 75 | Percentil 90 | Percentil 95 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 2003–2013 | 7,2 | 6,6 | 5,8 | 5,4 | 4,7 | 3,9 | 3,5 |
| 2013–2019 | 2,6 | 2,2 | 2,0 | 1,3 | 1,1 | 0,6 | −0,4 |
| 2022–2025 | 11,9 | 9,6 | 7,1 | 5,0 | 3,2 | 2,1 | 2,9 |
| 2019–2025ᵃ | 3,4 | 3,0 | 2,0 | 1,2 | −0,1 | −0,6 | −0,8 |
| 2003–2025ᵃ | 4,9 | 4,4 | 3,7 | 3,1 | 2,4 | 1,8 | 1,3 |
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE), pob_01_serie.py y pob_03_robustez.py. Ingreso per cápita deflactado por la línea de pobreza total de cada área. (a) Dos mediciones no empalmables: el período cruza la ruptura metodológica de 2022 y, en 2019–2025, las encuestas telefónicas de 2020–2021.
3.4.4La clase media se formó; la vulnerabilidad no cedió
La reclasificación de la población por estratos de ingreso (Gráfico 3.6) muestra el cambio social más importante del período. En 2003 la mitad de la población era pobre, un cuarto vulnerable y apenas el 23,5 % pertenecía a la clase media (17,1 % media baja y 6,5 % media alta). En 2025 la clase media alcanza el 51,6 % (36,1 % y 15,5 %), más de la mitad de la población por primera vez en la serie (dos mediciones no empalmables; el máximo previo, 48,7 %, es de 2024). Pero el estrato vulnerable —personas no pobres con un ingreso menor que 1,8 líneas— no se redujo: pasó de 23,7 % a 29,9 % (dos mediciones no empalmables), y se mueve entre 27 % y 31 % desde 2004. Parte de esa estabilidad es mecánica: quien cruza la línea de pobreza entra en la banda, de modo que una pobreza que baja tiende a engrosarla. Como el umbral no está calibrado con una probabilidad de recaída (sección 3.1), la banda mide ingreso bajo, no riesgo; aun así, casi tres de cada diez paraguayos tienen un ingreso cercano a la línea y una sequía, una enfermedad o un despido puede devolverlos a la pobreza. En 2025, el 80 % de las personas de esa banda no tenía seguro de salud y solo el 17 % de sus ocupados aportaba a una caja de jubilación (tabla pob_banda_seguro_2025). Ese grupo no aparece en las estadísticas de pobreza y solo lo alcanzan los programas de cobertura amplia, como la pensión para adultos mayores y la alimentación escolar, no los focalizados en la pobreza como Tekoporã. El capítulo 7 muestra que uno de los shocks que lo amenaza es el gasto de bolsillo en salud.

Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE).
3.5¿Crecimiento o redistribución? Qué movió la pobreza
3.5.1Descomposición de Datt y Ravallion
El Cuadro 3.4 descompone el cambio de la pobreza en cinco períodos. En la primera década, dos tercios de la reducción (16,9 de 25,4 puntos) se debieron al crecimiento del ingreso medio y un tercio (8,6 puntos) a la mejora distributiva. Entre 2013 y 2019 la relación se invirtió: con un ingreso medio casi estancado (+4,2 % en seis años), la redistribución explica 3,1 de los 4,6 puntos de reducción. En la pandemia (2019–2021) la caída del ingreso medio habría elevado la pobreza en 5,9 puntos, y el componente de redistribución la contuvo en 2,4 puntos. Ese componente es un residuo del cambio de forma de la curva de Lorenz en años de encuesta telefónica; coincide con las transferencias de emergencia, pero la descomposición no permite atribuírselo. Entre 2022 y 2025, con crecimiento fuerte del ingreso (+15,8 %), el componente de crecimiento vuelve a dominar (5,9 de 8,5 puntos), aunque la redistribución aporta un tercio.
| Período | Pobreza inicial | Pobreza final | Cambio | Componente crecimiento | Componente redistribución | Cambio del ingreso medio real (%) |
|---|---|---|---|---|---|---|
| 2003–2013 | 51,0 | 25,6 | −25,4 | −16,9 | −8,6 | +44,0 |
| 2013–2019 | 25,6 | 21,0 | −4,6 | −1,5 | −3,1 | +4,2 |
| 2019–2021 | 21,0 | 24,6 | +3,6 | +5,9 | −2,4 | −12,8 |
| 2003–2019 | 51,0 | 21,0 | −30,0 | −18,8 | −11,3 | +49,9 |
| 2022–2025 | 24,5 | 16,0 | −8,5 | −5,9 | −2,6 | +15,8 |
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE). Componentes simetrizados (promedio de las referencias inicial y final), sin residuo. Ingreso per cápita en múltiplos de la línea de pobreza del dominio. Por redondeo, los componentes pueden no sumar exactamente el cambio (2003–2013 y 2003–2019).
3.5.2Qué fuentes de ingreso redujeron la pobreza
La descomposición por fuentes (Cuadro 3.5 y Gráfico 3.7) responde a una pregunta más específica: cuántos puntos de pobreza habría reducido cada fuente de ingreso si solo ella hubiera cambiado.
| Fuente | 2003–2013 | 2013–2019 | 2022–2025 |
|---|---|---|---|
| Ingreso laboral | −18,4 | +0,4 | −3,7 |
| Jubilaciones y pensiones contributivas | −0,5 | +0,1 | −0,2 |
| Pensión alimentaria para adultos mayores | −0,9 | −1,2 | −1,4 |
| Tekoporã, alimentación escolar y bonos | −0,7 | −0,3 | −1,3 |
| Remesas del exterior | −0,4 | +0,1 | −0,2 |
| Alquiler imputado | −3,8 | −1,9 | −1,0 |
| Rentas, intereses y transferencias privadas internas | −0,7 | −0,7 | −0,6 |
| Otras fuentes y discrepancia | 0,0 | −1,2 | −0,2 |
| Cambio total | −25,4 | −4,6 | −8,5 |
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE), pob_02_profundiza.py. Contrafactuales que preservan el rango de los hogares en la distribución del ingreso per cápita (Azevedo, Inchauste y Sanfelice, 2013); valores negativos reducen la pobreza. Los totales pueden diferir levemente de los del Cuadro 3.4 porque se calculan sobre hogares, y las columnas pueden no sumar exactamente por redondeo. 2022–2025 incluye la incorporación del almuerzo escolar imputado (Recuadro 3.1).
Pasá el cursor sobre el gráfico —o enfocalo con Tab y usá las flechas— para leer los valores.
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE).
Tres conclusiones. Primera: la gran reducción de 2003–2013 fue obra del mercado de trabajo. El ingreso laboral explica 18,4 de los 25,4 puntos (72 %), en coincidencia con salarios reales en alza y una expansión del trabajo asalariado que el capítulo 4 documenta. Segunda: entre 2013 y 2019 el ingreso laboral dejó de reducir la pobreza (+0,4 puntos). Lo poco que avanzó se debió a la pensión alimentaria para adultos mayores (−1,2), al alquiler imputado (−1,9) y a ingresos no clasificados (−1,2); los ingresos monetarios identificados aportaron en conjunto unos 1,6 puntos, de los cuales 1,5 fueron transferencias no contributivas. El estancamiento del ingreso laboral no coincide con un estancamiento de la productividad agregada: el PIB por habitante creció alrededor de 12 % entre 2013 y 2019 (Banco Mundial, 2026) y la proporción de ocupados en estratos de baja productividad bajó de 62,2 % a 59,1 % (capítulo 4); el ingreso horario mediano real creció 10 % y el mensual no, lo que apunta a las horas trabajadas, a la distribución del crecimiento y a la captación de la encuesta más que a la productividad media. Sí coincide con la informalidad persistente. Tercera: entre 2022 y 2025 el trabajo volvió a contribuir (−3,7 puntos, 44 % del total) y las transferencias públicas no contributivas —pensión de adultos mayores, Tekoporã, alimentación escolar Hambre Cero— aportaron 2,7 puntos, casi un tercio de la reducción. La proporción no es nueva: en 2013–2019 las mismas transferencias habían explicado 1,5 de los 4,6 puntos (32 %). Lo distintivo del último período es la magnitud absoluta, la mayor de la serie (2,7 puntos frente a 1,5 en 2013–2019 y 1,6 en 2003–2013), en parte por la imputación del almuerzo escolar como ingreso del hogar (Recuadro 3.1), un efecto real para el bienestar del hogar que no equivale a una mejora del ingreso monetario. La descomposición mide la contribución del cambio de cada fuente entre dos años; no debe confundirse con el efecto estático del capítulo 14, que estima cuánta pobreza evita cada transferencia en un año dado (por ejemplo, la pensión para adultos mayores evita unos 2 puntos de pobreza en 2025).
El componente de «alquiler imputado» merece una aclaración. El INE imputa a los hogares propietarios el alquiler que pagarían por su vivienda. Ese componente creció y contribuyó a reducir la pobreza medida en 3,8 puntos en la primera década y 1,9 en 2013–2019, un 40 % de la reducción de ese período. El capítulo no documenta el método de imputación del INE ni su estabilidad entre años, de modo que no puede afirmarse cuánto refleja la mejora y la valorización de las viviendas y cuánto cambios de procedimiento. Aun si es un aporte genuino al bienestar, no genera liquidez: un hogar no puede pagar la consulta médica ni la matrícula escolar con el alquiler que no paga. Sumado a los ingresos no clasificados (−1,2 puntos), dos tercios de la reducción de 2013–2019 provienen de componentes no monetarios o no identificados.
3.6Qué fuentes generan la desigualdad
La descomposición de Lerman y Yitzhaki (Cuadro 3.6) muestra cómo contribuye cada fuente al Gini y cuál sería el efecto de expandirla.
| Fuente | Participación en el ingreso 2025 (%) | Gini de la fuente 2025 | Contribución al Gini 2003 (%) | Contribución al Gini 2025 (%) | Efecto marginal 2013 (%) | Efecto marginal 2025 (%) |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Ingreso laboral | 74,3 | 0,50 | 75,1 | 77,6 | +0,22 | +0,32 |
| Jubilaciones y pensiones contributivas | 5,3 | 0,96 | 5,1 | 8,9 | +0,12 | +0,36 |
| Pensión alimentaria para adultos mayores | 1,3 | 0,92 | — | −0,4 | −0,05 | −0,18 |
| Tekoporã, alimentación escolar y bonos | 1,3 | 0,70 | −0,1 | −0,8 | −0,07 | −0,21 |
| Remesas del exterior | 0,9 | 0,99 | 0,9 | 1,0 | −0,03 | +0,02 |
| Alquiler imputado | 11,9 | 0,52 | 8,1 | 9,0 | −0,16 | −0,29 |
| Rentas, intereses y transferencias privadas internas | 3,6 | 0,94 | 4,9 | 3,8 | +0,03 | +0,03 |
Fuente: cálculo propio sobre microdatos EPH/EPHC (INE), pob_02_profundiza.py. Ingreso per cápita por fuente, ponderado por personas; por eso la participación del ingreso laboral (74,3 %) difiere de su peso en el ingreso total de los hogares (entre 76 % y 81 % en 2003–2025). Efecto marginal: variación porcentual del Gini ante un aumento de 10 % de la fuente, con las demás fuentes constantes (elasticidad de Lerman y Yitzhaki multiplicada por 0,1). Las fuentes se ordenan por el ingreso total observado, que incluye a la propia fuente. «—»: la pensión alimentaria no existía en 2003.
Las lecturas son cuatro. Primera: las transferencias no contributivas son las únicas fuentes con contribución negativa al Gini, y su efecto igualador total creció entre 2013 y 2025 (dos mediciones no empalmables): un aumento de 10 % de la pensión de adultos mayores reduciría hoy el Gini en 0,18 % (0,05 % en 2013), y uno del conjunto Tekoporã, alimentación escolar y bonos, en 0,21 % (0,07 %). El aumento obedece al tamaño de los programas, cuya participación en el ingreso de los hogares se cuadruplicó (pensión) y se triplicó (Tekoporã, alimentación y bonos), y no a una mejor focalización: por punto de participación en el ingreso, el poder igualador bajó levemente, y la correlación de Gini de la pensión con el ingreso total pasó de −0,22 a −0,16, como cabe esperar de su universalización. Segunda, y la más incómoda: con el ingreso observado, las jubilaciones y pensiones contributivas son la fuente más desigualadora del ingreso paraguayo (un aumento de 10 % elevaría el Gini en 0,36 %, frente a 0,12 % en 2013). Solo una minoría de las personas mayores recibe una jubilación contributiva y esa minoría se concentra en la parte alta de la distribución. Dos matices: la jubilación es ingreso diferido, que refleja en parte la desigualdad salarial del pasado, y el ordenamiento por el ingreso observado exagera su carácter desigualador, porque la propia jubilación eleva al receptor en la distribución, el mismo sesgo que el capítulo 13 corrige para las remesas. No es un argumento para reducirlas, sino para ampliar la cobertura contributiva (capítulos 4 y 14). Tercera: con el ingreso observado, el efecto marginal de las remesas pasó de levemente igualador a levemente desigualador (−0,03 % en 2013, +0,02 % en 2025, ante un aumento de 10 %): expandirlas proporcionalmente ya no reduce el Gini. Su efecto medio sigue siendo igualador —sin remesas, el Gini de 2025 sería 0,437 en lugar de 0,434 (capítulo 13)—. El capítulo 13 matiza esta lectura: ordenadas por el ingreso sin remesas, se concentran en hogares que sin ellas serían pobres —personas mayores, jefas con hijos cuyo sostén emigró—, según las remesas que los hogares declaran, una fracción decreciente del flujo (12,8 % en 2025), y el mismo patrón podría producirlo la subdeclaración selectiva de las remesas pequeñas (capítulo 13); de ser real esa concentración, su aparente regresividad refleja en parte que la propia remesa sube a esos hogares en la distribución. Cuarta: el ingreso laboral sigue explicando las tres cuartas partes de la desigualdad, de modo que su distribución —es decir, la productividad, la informalidad y los retornos a la educación— es el determinante principal de la desigualdad futura.
3.7El Paraguay en la región
Con las líneas internacionales del Banco Mundial, que permiten comparar países, el Paraguay pasó de tener más pobreza que el promedio de América Latina y el Caribe a tener menos (Cuadro 3.7). Con la línea de 8,30 dólares diarios por persona (paridad de poder adquisitivo de 2021), apropiada para países de ingreso medio alto, la pobreza paraguaya bajó de 43,9 % en 2008 a 20,5 % en 2024, mientras la regional bajó de 40,3 % a 24,7 %. Con la línea de pobreza extrema internacional (3 dólares diarios), el Paraguay (2,1 %) está por debajo de la región (4,3 %), igual que Bolivia y solo por encima de Argentina, Chile y Uruguay.
| País | Pobreza US$ 8,30/día 2008 (%) | Pobreza US$ 8,30/día 2024 (%) | Pobreza US$ 3,00/día 2024 (%) | Gini 2008 | Gini 2024 | Cambio del Gini (puntos) |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Paraguay | 43,9 | 20,5 | 2,1 | 50,7 | 44,2 | −6,5 |
| Argentina | 16,7 | 15,2 | 1,0 | 45,0 | 42,4 | −2,6 |
| Bolivia | 36,6 | 17,4 | 2,1 | 50,8 | 40,9 | −9,9 |
| Brasil | 38,2 | 20,6 | 3,0 | 54,0 | 50,3 | −3,7 |
| Chile (2009) | 27,6 | 4,5 | 0,4 | 47,4 | 43,0 | −4,4 |
| Colombia | 53,2 | 37,0 | 8,5 | 55,0 | 54,4 | −0,6 |
| Ecuador | 43,4 | 32,6 | 7,3 | 49,8 | 45,2 | −4,6 |
| Perú | 50,9 | 36,2 | 5,1 | 47,5 | 40,1 | −7,4 |
| Uruguay | 14,6 | 5,9 | 0,2 | 45,1 | 40,0 | −5,1 |
| América Latina y el Caribe | 40,3 | 24,7 | 4,3 | — | — | — |
Fuente: Banco Mundial, World Development Indicators y Plataforma de Pobreza y Desigualdad (series SI.POV.UMIC, SI.POV.DDAY, SI.POV.GINI; actualización del 13-jul-2026). Paridad de poder adquisitivo de 2021. Chile: primer año 2009. Argentina: solo áreas urbanas (nota de la fuente). Las líneas internacionales no coinciden con las oficiales del INE.
La reducción de la desigualdad paraguaya (6,5 puntos de Gini) está entre las mayores de la región, detrás de Bolivia y Perú. Aun así, el Paraguay sigue siendo el cuarto país más desigual de los nueve, por detrás de Colombia, Brasil y Ecuador. La ventaja paraguaya en pobreza coincide con un crecimiento mayor: el PIB per cápita real aumentó 39 % entre 2008 y 2024, frente a 12 % en la región, y la pobreza de 8,30 dólares cayó a menos de la mitad. La reducción de la pobreza por punto de crecimiento del PIB per cápita fue, en cambio, menor que la regional: la región redujo la pobreza en casi 40 % con un crecimiento mucho menor. Esa comparación no permite atribuir la diferencia a la redistribución: el Gini paraguayo cayó más que el de seis de los ocho comparadores, y la relación se calcula con el PIB y no con el ingreso medio que miden las encuestas. El capítulo 15 profundiza esta comparación y la relaciona con el desempeño en salud, educación y protección social, donde el país no muestra la misma convergencia.
3.8Síntesis y limitaciones
Síntesis.
- La pobreza monetaria bajó de 51,0 % (2003) a 21,0 % (2019) con la metodología anterior, y de 24,5 % (2022) a 16,0 % (2025) con la vigente. La pobreza extrema, de 11,9 % a 2,4 % (dos mediciones no empalmables).
- La reducción ocurrió en dos impulsos: el de 2003–2013, impulsado por el ingreso laboral (72 % de la caída), y el de 2022–2025, en el que el trabajo explicó el 44 % y las transferencias públicas no contributivas casi un tercio, la misma proporción que en 2013–2019 pero con el mayor aporte absoluto de la serie (2,7 puntos).
- Entre 2013 y 2019 el ingreso laboral dejó de reducir la pobreza; el ingreso medio de los hogares no creció entre 2014 y 2021, un período que incluyó la desaceleración de 2015 (sin recesión nacional), las recesiones de Brasil y Argentina, la sequía de 2019 y la pandemia; su nivel de 2022 no es comparable con los anteriores (dos mediciones no empalmables).
- El Gini cayó de 0,561 a 0,434 (dos mediciones no empalmables) con un crecimiento pro-pobre en cada tramo comparable. La caída del ingreso real de los percentiles altos en 2019–2025 se concentra en las encuestas telefónicas de 2020–2021 y no aparece dentro de 2022–2025, por lo que no puede separarse de un efecto de la modalidad de la entrevista.
- La pobreza se concentra en la niñez (26,9 % entre los menores de 5 años), en hogares con tres o más niños (40,7 %), con jefes de baja educación o cuentapropistas, y en hogares con jefatura femenina, donde vive el 47 % de los pobres (31 % en 2013; dos mediciones no empalmables), aunque buena parte de ese aumento es composición y la pobreza por sexo de las personas apenas difiere (17,0 % las mujeres y 15,0 % los hombres).
- El 30 % de la población tiene un ingreso bajo no pobre (entre 1 y 1,8 líneas de pobreza), y ese porcentaje no bajó en veinte años (dos mediciones no empalmables), en parte por construcción: quien sale de la pobreza entra en la banda. La banda mide ingreso bajo, no riesgo de recaída; ocho de cada diez de sus integrantes no tienen seguro de salud.
- Con el ingreso observado, las pensiones contributivas son la fuente más desigualadora del ingreso; las transferencias no contributivas, las más igualadoras.
- El Paraguay tiene hoy menos pobreza que el promedio regional, pero sigue entre los países más desiguales de la región.
Limitaciones. Las encuestas de hogares subestiman los ingresos altos y las rentas del capital, por lo que el Gini medido es probablemente un límite inferior de la desigualdad real. La ruptura metodológica de 2022 impide empalmar los niveles de pobreza y altera la forma de la distribución, y las encuestas telefónicas de 2020–2021 añaden un segundo quiebre. Salvo el Gini rural, cuyos cambios no son significativos, las estimaciones no llevan errores estándar, y las diferencias de uno o dos puntos entre grupos deben leerse con cautela. La descomposición de Shapley depende del orden de rangos y de la clasificación de fuentes; el componente de alquiler imputado es una construcción contable cuyo método no se documentó, y una parte del ingreso de los hogares no se asigna a ninguna fuente. Las tasas de crecimiento por percentil dependen del deflactor. Las estimaciones departamentales tienen errores de muestreo de varios puntos, por lo que se promedian dos años. Por último, la pobreza monetaria no capta las privaciones de servicios que mide el IPM ni la calidad de esos servicios, que analizan los capítulos siguientes.
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