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Situación social y de salud · Paraguay 2003–2025

Parte VI · El Paraguay en la región y la agenda

Capítulo 15

El Paraguay en el espejo regional

Comparación latinoamericana y evolución de largo plazo, 2000–2025

Lectura de unos 52 minutos · 12 gráficos · 6 cuadros · 2 recuadros


En tres ideas

  1. Con las líneas internacionales, el Paraguay pasó de tener más pobreza que el promedio latinoamericano (43,9 % frente a 40,3 % en 2008) a tener menos (20,5 % frente a 24,7 % en 2024).
  2. Entre 2010 y 2023 ganó 1,3 años de esperanza de vida según Naciones Unidas, el menor avance de los nueve países (América Latina: 2,0).
  3. Dado su ingreso, su esperanza de vida está entre 1,3 y 1,7 años por debajo de lo esperado, dentro de la variación habitual: lo atípico es la trayectoria desde 2010 y, en el nivel, los aprendizajes.

15.1Introducción: por qué mirarse en un espejo y no solo en la propia serie

Los capítulos anteriores de este estudio describen al Paraguay a partir de sus propias fuentes: la Encuesta Permanente de Hogares (EPH/EPHC 2003–2025, 23 rondas: EPH anual 2003–2016 y EPHC 2017–2025; Instituto Nacional de Estadística [INE], 2026), las estadísticas vitales, las cuentas de salud. Esa mirada interna responde bien a la pregunta de si el país mejoró. Responde mal a otra pregunta, igualmente necesaria para la política pública: si mejoró lo suficiente, al ritmo que permitían su ingreso y su época, y en comparación con países que enfrentaron la misma coyuntura externa, el mismo superciclo de materias primas, la misma pandemia y la misma revolución tecnológica en salud. Una esperanza de vida que sube cuatro años en un cuarto de siglo es un logro en la serie propia; es un rezago si los vecinos ganaron seis.

Este capítulo coloca al Paraguay frente a ocho países sudamericanos —Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay— y frente al agregado de América Latina y el Caribe, en 45 indicadores sociales y de salud y en series que, para los principales, arrancan en 2000. El resultado es menos cómodo que el de la serie interna, pero también más matizado que el diagnóstico pesimista habitual. Paraguay convergió hacia la región en pobreza monetaria, desigualdad, agua y saneamiento, mortalidad materna modelada, gasto público en salud y peso del gasto de bolsillo dentro del gasto en salud; superó a la mediana regional en pobreza extrema (con la línea internacional de US$ 3,00), en participación laboral femenina y en homicidios. Al mismo tiempo, quedó último entre los países con dato en diez de los 45 indicadores —la mortalidad de menores de cinco años (en la estimación central), la neonatal, la fecundidad adolescente, el gasto de bolsillo, el gasto público en educación y los aprendizajes, entre ellos—; divergió en esperanza de vida, esperanza de vida saludable, fecundidad adolescente, sobrepeso infantil, tuberculosis, pobreza de aprendizaje y vacunación, y se estancó en capital humano, en el puntaje de PISA y en mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles. La paradoja que ordena el capítulo es que el ingreso paraguayo convergió más rápido que sus resultados de salud: entre 2000 y 2024 el PIB per cápita, medido en dólares de paridad de poder adquisitivo (PPA) constantes de 2021, pasó del 68 % al 82 % del promedio latinoamericano, mientras la esperanza de vida retrocedió del sexto al octavo lugar entre nueve.

Tras el marco (15.2) y los datos (15.3), el capítulo recorre el tablero (15.4), las trayectorias de largo plazo (15.5), el desempeño dado el ingreso (15.6), la polarización epidemiológica (15.7), el régimen de bienestar y el financiamiento (15.8) y la pandemia (15.9), y cierra con una síntesis (15.10) e implicaciones (15.11).

15.2Marco comparativo: cuatro lentes para leer las diferencias

Comparar países exige decidir qué se compara y contra qué vara. El capítulo combina cuatro lentes, cada una con su pregunta y su métrica (Cuadro 15.1).

El enfoque de capacidades y el desarrollo humano. Para Sen (1999), el desarrollo es la expansión de las libertades sustantivas de las personas —vivir una vida larga y sana, estar educado, participar en la vida económica—, y el ingreso es un medio, no un fin. Esa distinción tiene una consecuencia empírica que Sen (1981) documentó tempranamente: países con ingresos parecidos obtienen logros muy distintos en longevidad y alfabetización, porque la conversión de ingreso en capacidades depende de la acción pública. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo tradujo el enfoque en el Índice de Desarrollo Humano y en su versión ajustada por desigualdad, que penaliza la dispersión de los logros dentro de cada país (PNUD, 2025). Para este capítulo, el enfoque implica tres cosas: privilegiar resultados (esperanza de vida, mortalidad, aprendizajes) sobre insumos; leer el ingreso como condición habilitante, no como meta; y prestar atención a la distribución, porque un promedio nacional puede ocultar privaciones concentradas.

Los regímenes de bienestar latinoamericanos. La tipología de Esping-Andersen (1990) fue adaptada a la región por Filgueira (1998), que distinguió un universalismo estratificado (Uruguay, Argentina, Chile), regímenes duales (Brasil, México) y regímenes excluyentes (entre ellos, Bolivia, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua). Martínez Franzoni (2007, 2008) refinó la clasificación con análisis de conglomerados sobre mercados laborales, familias y políticas públicas en 18 países. Encontró un régimen estatal-productivista (Argentina, Chile), uno estatal-proteccionista (Brasil, Costa Rica, México, Panamá, Uruguay) y uno familiarista, subdividido en una variante intermedia (Colombia, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Perú, República Dominicana, Venezuela) y una más informal (Bolivia, Honduras, Nicaragua y Paraguay), donde la gestión de riesgos recae sobre todo en los hogares. La tipología ofrece una hipótesis comparativa precisa: si el Paraguay pertenece al polo familiarista más informal, cabe esperar baja capacidad estatal de desmercantilización, gasto de bolsillo alto, protección financiera débil y resultados sensibles al ingreso de los hogares.

La polarización epidemiológica prolongada. La teoría clásica de la transición epidemiológica (Omran, 1971) describe un tránsito ordenado desde las enfermedades infecciosas hacia las crónicas. Frenk et al. (1989, 1991) mostraron que en los países latinoamericanos de ingreso medio la transición sigue un modelo distinto, «polarizado prolongado», con cuatro rasgos: superposición de etapas (las infecciones y las crónicas coexisten), contratransición (reemergencia de enfermedades que se creían controladas), transición prolongada (el país se estanca en un perfil mixto) y polarización epidemiológica (los grupos pobres conservan un perfil pretransicional mientras los demás avanzan). La lente obliga a leer conjuntamente indicadores que suelen tratarse por separado: mortalidad infantil y diabetes, desnutrición y obesidad, tuberculosis y enfermedad renal.

El desempeño dado el ingreso. La relación entre ingreso y salud es positiva y cóncava —la curva de Preston (1975)—, y buena parte de las diferencias entre países se explica por su ingreso (Pritchett y Summers, 1996). Lo interesante es el desvío respecto de lo esperado. El Informe sobre la salud en el mundo 2000 de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2000) y los trabajos econométricos que lo acompañaron (Evans et al., 2001) ordenaron a los sistemas de salud según la distancia entre sus resultados y los esperables dados sus recursos. Wagstaff y Claeson (2004) aplicaron el mismo razonamiento al PIB per cápita en el informe del Banco Mundial sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio en salud, y Caldwell (1986) había identificado las «rutas a la baja mortalidad en países pobres» en casos que superaban largamente lo esperado para su ingreso. Anand y Ravallion (1993) mostraron que la asociación entre ingreso y desarrollo humano opera en gran medida a través del gasto público y de la reducción de la pobreza. Aquí la lente se aplica con una muestra latinoamericana de 20 países y con los nueve del estudio; con tan pocos puntos el ejercicio es ilustrativo, no una medición de eficiencia.

Cuadro 15.1Cuatro lentes del análisis comparativo y su traducción operativa
LentePreguntaMétrica en el capítuloReferencias
Capacidades y desarrollo humano¿Cuánta vida, salud y conocimiento produce el país?Esperanza de vida y esperanza de vida saludable (EVISA); mortalidad; aprendizajes; IDH e IDH ajustado por desigualdadSen (1981, 1999); PNUD (2025)
Regímenes de bienestar¿Quién absorbe los riesgos: Estado, mercado o familia?Gasto social; composición del gasto en salud; gasto de bolsillo; empleo vulnerable e informalidadFilgueira (1998); Martínez Franzoni (2007, 2008)
Polarización epidemiológica prolongada¿Coexisten cargas pre y postransicionales?Muertes por gran grupo de causas; diabetes y enfermedad renal; desnutrición frente a sobrepeso; tuberculosisOmran (1971); Frenk et al. (1989, 1991)
Desempeño dado el ingreso¿Rinde el ingreso paraguayo lo mismo que el de sus vecinos?Residuos de regresiones resultado ~ ln(PIB per cápita PPA)Preston (1975); OMS (2000); Evans et al. (2001)

Fuente: elaboración del Observatorio Económico UC sobre la bibliografía citada.

15.3Datos, comparadores y reglas de cálculo

Fuentes. La base comparativa del estudio reúne 58 series del Banco Mundial (2026; World Development Indicators, actualización del 13 de julio de 2026) y del Observatorio Mundial de la Salud de la OMS (2026b) para los nueve países y el agregado regional, 2008–2025. Para este capítulo se descargaron de la interfaz de programación del Banco Mundial, el 3 de octubre de 2026, los valores de 2000–2007 de once series clave (esperanza de vida, mortalidad de menores de cinco años y materna, fecundidad adolescente, gasto público en salud, gasto de bolsillo, pobreza con la línea de US$ 8,30, índice de Gini, agua y saneamiento básicos, PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo), cuatro series nuevas (participación laboral femenina, agua y saneamiento gestionados de forma segura, años promedio de escolaridad de la población de 25 años y más de UNESCO-UIS) y una muestra ampliada de 22 países latinoamericanos con más de un millón de habitantes para el análisis de desempeño. Las cifras solapadas con la base coinciden exactamente y los saltos entre 2007 y 2008 son menores al 9 %, salvo en Uruguay (reforma de su sistema de salud y ampliación de la cobertura de su encuesta). Se agregaron, con su fuente primaria, el IDH y el IDH ajustado del PNUD (2025), los resultados de PISA 2022 y 2025 (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OCDE], 2023, 2026), la pobreza (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2025) y el gasto social del gobierno central (CEPAL, 2026) y las estimaciones del estudio de Carga Global de Enfermedad del IHME. De este último se usa solo la ronda GBD 2023, con la descarga propia del 3 de octubre de 2026 que emplea el capítulo 5 (Global Burden of Disease Collaborative Network, 2024), porque cada ronda reestima la serie completa y sus cifras no se pueden mezclar; la única cifra de una ronda anterior, la prevalencia de tabaquismo del GBD 2019, se rotula como tal (advertencia 4). La esperanza de vida al nacer proviene de las Naciones Unidas (World Population Prospects 2024; Naciones Unidas, 2024), la fuente que el capítulo 5 recomienda para las tendencias de largo plazo; sus estimaciones llegan a 2023, y el valor de 2024 que usa el tablero es una proyección de la variante media (73,8 años en 2023 y 74,0 proyectados para 2024); la esperanza de vida saludable (EVISA) y las causas de muerte, del GBD 2023. La mortalidad por tránsito es la estimación de la OMS para 2021 que usa el capítulo 10.

Comparadores y agregados. Los ocho comparadores cubren los tres regímenes de bienestar de la región y un rango de ingreso per cápita entre US$ PPA 11.300 (Bolivia) y 32.100 (Uruguay) en 2024. El ingreso se mide siempre con el PIB per cápita en dólares PPA constantes de 2021: en esa métrica, el de Paraguay creció 28,5 % entre 2010 y 2024 (de 12.737 a 16.367 dólares), frente a 13,7 % en el promedio latinoamericano, y pasó del 68 % (2000) al 82 % (2024) de ese promedio. El capítulo 2 usa dólares constantes de 2015 a tipo de cambio de mercado y otro período (2010–2025); con esa métrica la relación es menor (78 % del promedio regional), porque la PPA corrige el menor nivel de precios paraguayo. El benchmark principal es la mediana de los ocho comparadores, que excluye al Paraguay para no contaminar la vara con el objeto medido y es robusta a valores extremos. Se informa además el agregado de América Latina y el Caribe del Banco Mundial (ALC), que es un promedio ponderado por población y está dominado por Brasil y México. En las series de la OMS el único agregado disponible es la Región de las Américas, que incluye a Estados Unidos y Canadá y por eso no es comparable con ALC.

Reglas de cálculo. Para cada indicador se toma el último valor de Paraguay hasta 2024 (2025 en PISA), y para cada comparador su último dato en la ventana [t−3, t], con t igual al año de Paraguay. Hay dos excepciones, alineadas con los capítulos sectoriales: en gasto público en educación se incluye el dato de 2020 de Colombia, como en el capítulo 8, y en camas hospitalarias solo se comparan los países con dato del mismo año que Paraguay, como en el capítulo 6. El puesto entre nueve ordena de mejor a peor según el sentido normativo del indicador (1 = mejor). La variación se mide entre 2010 (±2 años) y el último año, como diferencia absoluta y como tasa anual compuesta. La convergencia se evalúa con la brecha relativa de Paraguay frente a la mediana —el cociente entre ambos, orientado de modo que valores positivos indiquen que Paraguay está peor—, en logaritmos para que sea independiente de la escala. La brecha «supera la mediana» si cambia de signo; en otro caso, es «estable» si su cambio es menor que 3 puntos logarítmicos (≈3 %) y, a la vez, menor que la cuarta parte de la brecha inicial, y «converge» o «diverge» si se reduce o aumenta más que eso. El segundo criterio evita que indicadores de baja dispersión entre países queden clasificados como estables cuando su brecha cambió mucho en términos propios: con el umbral fijo de 3 %, la esperanza de vida aparecía como estable aunque su distancia con la mediana pasó de 2,5 a 3,8 años. Los valores proyectados de 2025 (PIB, población y estimaciones modeladas de la Organización Internacional del Trabajo [OIT]) se excluyen.

Advertencias. Siete afectan la lectura y se señalan donde corresponde:

  1. Líneas de pobreza. Desde junio de 2025 el Banco Mundial mide la pobreza con líneas de US$ 3,00, 4,20 y 8,30 por día en PPA de 2021, que reemplazan a las de US$ 2,15, 3,65 y 6,85 en PPA de 2017; toda la serie fue recalculada y no debe mezclarse con publicaciones anteriores. Argentina cubre solo población urbana. Las líneas de la CEPAL y del INE son distintas: en 2024 la pobreza fue 20,5 % (Banco Mundial, US$ 8,30), 16,9 % (CEPAL) y 19,6 % (INE, serie revisada en 2026), y la pobreza extrema, 2,1 % (Banco Mundial, US$ 3,00), 5,8 % (CEPAL) y 3,7 % (INE). El orden de las fuentes se invierte según el umbral, y con él la posición relativa: con la línea de US$ 3,00 la pobreza extrema paraguaya está por debajo de la mediana de los comparadores; con las líneas de la CEPAL, por encima (sección 15.4.1).
  2. Mortalidad modelada frente a registrada. Las series internacionales de mortalidad infantil y materna son estimaciones modeladas (Grupo Interinstitucional de las Naciones Unidas para la Estimación de la Mortalidad Infantil [UN IGME], 2025; OMS et al., 2025). Para la mortalidad en la niñez el capítulo usa solo las del UN IGME; no las combina con las del GBD, que se apoyan en otro modelo y en otras poblaciones de base. En mortalidad materna, la razón registrada por el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (MSPBS) en 2023 fue 84,7 por 100.000 nacidos vivos, frente a 58 modelada: una relación inversa a la habitual. A comienzos de la década de 2010 ocurría lo esperable: la serie modelada (136 en 2010 y 120 en 2011) superaba a la registrada (89 en 2011), porque el modelo corrige el subregistro de las muertes maternas, que en esos años era grande, como el de las defunciones en general (subregistro general de defunciones: capítulo 5, Recuadro 5.2), y su mala clasificación. Desde 2015, fuera de los años de pandemia, la registrada (entre 67 y 86) supera a la modelada (entre 58 y 64). La inversión sugiere que el registro mejoró su captación, mientras el modelo de las agencias de las Naciones Unidas, que suaviza la serie y la vincula a covariables como el ingreso, la fecundidad y la atención calificada del parto (OMS et al., 2025), proyectó una caída que los registros no confirman. Por eso el capítulo usa la serie modelada para comparar países y la registrada para el nivel nacional y la meta 3.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Con la cifra registrada, Paraguay quedaría por encima del promedio regional modelado (77) y lejos de la mediana (53).
  3. Recursos humanos. La serie de médicos de Paraguay salta de 1,30 a 3,25 por 1.000 habitantes entre 2020 y 2021 por cambio de fuente; la de enfermería, de 1,80 en 2018 a 9,06 en 2021. No se usan para inferir tendencias.
  4. Tabaco. Las fuentes de prevalencia discrepan. La OMS estima para Paraguay un consumo de tabaco de 6,4 % de la población de 15 años y más en 2024 (tasa estandarizada por edad; proyección modelada, no medición), el más bajo de los nueve; la encuesta STEPS 2022 informó 12,5 % de fumadores de 18–69 años, y el GBD, 24,6 % en los hombres. Esta última cifra es de la ronda GBD 2019 y no es comparable con la ronda 2023, que el estudio usa en lo demás, pero la descarga del GBD 2023 no incluye prevalencias de exposición. En sentido opuesto a la prevalencia de la OMS, la carga de enfermedad atribuible al tabaco según el GBD 2023 es la más alta de los nueve países: 6,5 % de los años de vida saludable perdidos (AVISA), con una tasa 71 % superior a la de América Latina y el Caribe (capítulo 5, Cuadro 5.5). La posición favorable del tablero debe leerse, por lo tanto, con cautela.
  5. Fecundidad. Las Naciones Unidas (World Population Prospects 2024) estiman una tasa global de fecundidad de 2,42 hijos por mujer en 2024; el INE, con sus proyecciones posteriores al Censo 2022, 1,9 en 2025.
  6. Esperanza de vida en la pandemia. Las Naciones Unidas estiman para 2021 una esperanza de vida de 68,1 años y el GBD 2023, de 67,3 (capítulo 5, Cuadro 5.1). Ambas fuentes coinciden en que el choque pandémico fue de los más severos de la región (sección 15.9). La ronda anterior del GBD (GBD 2021), que estimaba 72,2 años, fue reemplazada y no se usa.
  7. Desnutrición crónica. El valor modelado de 3,2 % en 2024 se apoya en pocas encuestas, la última la MICS 2016. Con sus microdatos, el capítulo 11 calcula una prevalencia nacional de 5,9 % (el Banco Mundial publica 5,6 % para la misma encuesta) y de 31,5 % en los hogares indígenas.

15.4El tablero: 45 indicadores en un solo plano

El Gráfico 15.1 presenta el tablero completo. Cada celda muestra el último valor de cada país y su color indica la posición relativa entre los países con dato: azul oscuro para el mejor desempeño, rojo para el peor. Las dos columnas de la derecha informan el puesto de Paraguay y la dirección del cambio de su brecha respecto de la mediana desde 2010. El Cuadro 15.2 resume 23 indicadores seleccionados; el archivo reg_tablero.csv contiene los 45 con todas las columnas.

Gráfico 15.1Tablero comparativo: Paraguay y ocho países sudamericanos, último dato disponible
Gráfico 15.1. Tablero comparativo: Paraguay y ocho países sudamericanos, último dato disponible

Fuente: Banco Mundial (WDI), OMS (GHO, GHED, GHE; estimación de mortalidad vial de 2021), IHME (GBD 2023), UNESCO-UIS, OCDE (PISA 2025), JMP, UN IGME y ONU (WPP 2024); elaboración del Observatorio Económico UC.

Cuadro 15.2Tablero resumido: Paraguay frente a la mediana de los ocho comparadores y a América Latina
Indicador (unidad)PRY, último (año)Puesto entre 9Mediana 8ALCPRY ≈2010Tasa anual PRY (%)Tasa anual mediana (%)Brecha 2010→último
Pobreza US$ 8,30/día (%)20,5 (2024)519,024,739,8−4,6−4,1Convergió
Índice de Gini44,2 (2024)642,7—51,0−1,0−0,9Convergió
Empleo vulnerable (% del empleo)36,4 (2024)534,731,642,1−1,00,0Convergió
Participación laboral femenina (%)58,9 (2024)353,251,453,0+0,8−0,2Superó la mediana
Gasto público en educación (% PIB)§3,5 (2024)95,03,82,8+1,7+0,4Convergió
Pobreza de aprendizaje (%)77,7 (2019)8 de 846,952,374,8 (2013)+0,7−0,5Divergió
PISA, matemática (puntos)‡334 (2025)8 de 8381—338 (2022)−0,4−0,5Estable
Esperanza de vida (años)74,0 (2024, proyección)877,775,872,6+0,1+0,3Divergió
Esperanza de vida saludable, EVISA (años)62,3 (2023)866,264,1†63,6−0,20,0Divergió
Mortalidad <5 años (‰)16,3 (2024)912,215,425,7−3,2−2,9Convergió
Mortalidad materna (por 100.000)58 (2023)65377136−6,4−2,2Convergió
Fecundidad adolescente (‰ 15–19)70,2 (2024)942,250,475,4−0,5−3,1Divergió
Mortalidad prematura por ENT (%)ǁ16,1 (2021)713,314,718,0−1,0−1,2Estable
Tuberculosis (por 100.000)81 (2024)7495162+1,9+1,3Divergió
Sobrepeso <5 años (%)15,4 (2024)99,58,89,6+3,4+0,6Divergió
Índice de cobertura CUS (0–100)79 (2023)68183*70+0,9+0,7Convergió
Vacunación DPT3 (%)80 (2024)584,581,891−0,9−0,6Divergió
Gasto público en salud (% PIB)4,6 (2023)75,04,12,1+6,2+3,0Convergió
Prioridad fiscal de la salud (% gasto público)21,6 (2023)116,111,814,5+3,1+1,9Amplió ventaja
Gasto de bolsillo (% gasto en salud)36,3 (2023)926,629,753,9−3,0−1,3Convergió
Agua gestionada de forma segura (%)64,4 (2024)5 de 674,379,057,2+0,8+0,4Convergió
Saneamiento al menos básico (%)95,9 (2024)4 de 892,490,382,2+1,1+0,8Superó la mediana
PIB per cápita (US$ PPA 2021)16.367 (2024)619.06719.95412.737+1,8+1,2Convergió

* Región de las Américas de la OMS (incluye EE. UU. y Canadá). † América Latina y el Caribe según el GBD 2023. § Incluye el dato de 2020 de Colombia, como en el capítulo 8. ‡ Los puntajes de 2025 de los demás países provienen de una fuente secundaria que debe cotejarse con las tablas de la OCDE (capítulo 8, Cuadro 8.7). ǁ 2021 es un año de pandemia; en 2019 el valor fue 16,5 % (capítulo 16). Esperanza de vida: ONU (WPP 2024; 2024 es una proyección de la variante media, 73,8 años en 2023); esperanza de vida saludable: GBD 2023 (capítulo 5); la OMS estima 62,5 años y ubica al Paraguay último. Puesto: 1 = mejor. «Brecha»: cambio de la brecha relativa de Paraguay frente a la mediana de los ocho comparadores; «estable» si varía menos de 3 puntos logarítmicos y menos de una cuarta parte de su valor inicial (sección 15.3).

Fuente: tablas/reg_tablero.csv, sobre Banco Mundial (WDI y PIP), OMS (GHO y GHED), IHME (GBD 2023), UNESCO-UIS, OCDE (PISA), JMP, UN IGME, MMEIG y ONU (WPP 2024).

El balance agregado es el siguiente. De los 40 indicadores con una base comparable, en 16 la brecha de Paraguay respecto de la mediana se cerró, en 9 el país pasó de estar peor a estar mejor que la mediana, en 2 amplió una ventaja previa, en 3 la brecha no cambió, en 7 se abrió y en 3 se redujo una ventaja. En cambio, Paraguay ocupa el último lugar entre los países con dato en 10 de los 45 indicadores y el primero o segundo en solo cuatro, uno de los cuales —el menor consumo de tabaco— descansa en una prevalencia que otras fuentes no confirman (advertencia 4). El tablero dice, por lo tanto, dos cosas a la vez: el país se movió en la dirección correcta en la mayoría de las dimensiones, pero desde un punto de partida tan rezagado que en muchas de ellas sigue en el fondo de la tabla (Gráfico 15.2).

Gráfico 15.2 · interactivoConvergencia y divergencia de Paraguay respecto de la mediana regional, ≈2010 → último dato

Pasá el cursor sobre el gráfico —o enfocalo con Tab y usá las flechas— para leer los valores.

Fuente: Banco Mundial (WDI), OMS (GHO, GHED), IHME (GBD 2023), UNESCO-UIS, OCDE (PISA) y JMP; elaboración del Observatorio Económico UC.

Ver el gráfico tal como aparece en el estudio (imagen)

15.4.1Pobreza, desigualdad y trabajo: la dimensión donde el país más se acercó

La pobreza monetaria es la dimensión de convergencia más nítida. Con la línea de US$ 8,30 por día, la que el Banco Mundial asocia a los países de ingreso medio alto, la pobreza paraguaya cayó de 39,8 % en 2010 a 20,5 % en 2024, a una tasa anual de −4,6 %, más rápida que la de la mediana de los comparadores (−4,1 %). Paraguay quedó en el quinto lugar, por debajo del promedio de América Latina (24,7 %) y apenas por encima de la mediana (19,0 %). Con las líneas más bajas el desempeño es mejor: 2,1 % con US$ 3,00 y 4,5 % con US$ 4,20, en ambos casos cuarto entre nueve y por debajo de la mediana, cuando en 2010 estaba por encima. La CEPAL, con líneas regionales comparables, confirma la dirección: la pobreza paraguaya pasó de 26,2 % en 2012 a 16,9 % en 2024, mientras la de América Latina bajó de 28,6 % a 25,5 % (CEPAL, 2025). En pobreza extrema, en cambio, las fuentes no coinciden en la posición relativa (sección 15.3, advertencia 1). Con la línea de US$ 3,00 del Banco Mundial, Paraguay (2,1 %) está por debajo de la mediana de los comparadores (2,6 %); con las líneas de la CEPAL, su pobreza extrema (5,8 %) supera tanto a la del INE (3,7 %) como a la mediana de los comparadores medida con esas mismas líneas (3,8 %). La diferencia obedece a las líneas y a los ajustes de ingreso, y es una de las razones para no mezclar fuentes.

La desigualdad cayó más que en la mayoría de los comparadores. Según el Banco Mundial (2025; Poverty and Inequality Platform, vía WDI), el índice de Gini paraguayo pasó de 51,0 en 2010 a 44,2 en 2024: una reducción de 6,8 puntos, la mayor entre los seis países con dato para 2010 (Bolivia, Brasil y Chile no lo tienen). Entre 2008 y 2024 la caída fue de 6,5 puntos, la tercera mayor de los nueve (Chile, desde 2009) después de Bolivia (9,9) y Perú (7,4), como señala el capítulo 3. La mediana de los comparadores bajó menos, de 48,1 a 42,7, y la brecha relativa se redujo de 6 % a 4 %: un cambio pequeño en puntos, pero de más de la cuarta parte de la brecha inicial, por lo que el Cuadro 15.2 lo clasifica como convergencia. Paraguay sigue sexto: la reducción fue grande, pero partía de uno de los niveles más altos del grupo. La participación del quintil más pobre en el ingreso subió de 3,8 % a 5,3 %, ahora levemente por encima de la mediana. El IDH ajustado por desigualdad del PNUD muestra desde otro ángulo esa posición intermedia: la desigualdad le resta al IDH paraguayo 20,8 %, una pérdida intermedia entre la de Uruguay (13,3 %) o Argentina (12,0 %) y la de Brasil (24,4 %) o Colombia (24,7 %).

En el mercado de trabajo, los indicadores modelados por la OIT ubican al Paraguay en una posición intermedia. El desempleo (5,7 % en 2024) es menor que la mediana (7,0 %), aunque la ventaja de 2010 se redujo. El empleo vulnerable —cuentapropistas y trabajadores familiares no remunerados— bajó de 42,1 % a 36,4 % del empleo, acercándose a la mediana (34,7 %). La participación laboral femenina, en cambio, es una fortaleza relativa: 58,9 % de las mujeres de 15 años y más, tercera entre nueve y por encima de la mediana (53,2 %) y del promedio regional (51,4 %). Estos indicadores agregados ocultan el problema central del mercado laboral paraguayo, la informalidad. Con la tasa de empleo informal armonizada de ILOSTAT para 2024, la misma que usa el capítulo 4 (Cuadro 4.7), Paraguay tiene 67,3 % de los ocupados en la informalidad, la cuarta tasa más alta de los nueve después de Bolivia (83,9 %), Perú (72,1 %) y Ecuador (68,6 %), y por encima de Colombia (56,1 %), Argentina (51,6 %), Brasil (36,5 %), Uruguay (28,6 %) y Chile (27,5 %) (OIT, 2026). Con la definición del INE aplicada a todos los sectores, la informalidad nacional es de 64,4 % en 2025 (capítulo 4). En el lenguaje de los regímenes de bienestar, es la cifra que más pesa en la clasificación familiarista del país.

15.4.2Educación y capital humano: el rezago más persistente

Si la pobreza es la dimensión de convergencia, la educación es la de estancamiento. Paraguay ocupa el último lugar entre los países con dato en los cuatro indicadores de calidad y esfuerzo: gasto público en educación (3,5 % del PIB en 2024, el más bajo de los nueve, frente a una mediana de 5,0 %), índice de capital humano (0,53 en 2020, mediana 0,60; Banco Mundial, 2020), pobreza de aprendizaje (77,7 % de los niños al final de la primaria no alcanzan el nivel mínimo de lectura, frente a 46,9 % en la mediana) y PISA 2025 en matemática (334 puntos, 47 menos que la mediana y 71 menos que Uruguay; OCDE, 2026; los puntajes de los demás países provienen de una fuente secundaria y son preliminares hasta cotejarlos con las tablas de la OCDE). La pobreza de aprendizaje empeoró entre 2013 y 2019 (de 74,8 % a 77,7 %) mientras la mediana mejoraba, y en PISA la brecha con la mediana no varió entre 2022 y 2025, con caídas de 4 puntos en matemática y de 21 en lectura.

La cantidad de escolarización sí convergió. Según UNESCO-UIS, los años promedio de estudio de la población de 25 años y más subieron de 7,0 en 2009 a 8,65 en 2018, a una tasa anual de 2,4 %, más del doble que la mediana (1,0 %); en 2018 Paraguay estaba séptimo, a 0,2 años de la mediana. El PNUD estima 8,9 años para 2023, frente a 9,1 en América Latina. La combinación —más años de escuela, mismos aprendizajes— es la firma de una expansión de cobertura sin mejora de calidad, coherente con los rendimientos decrecientes de la educación documentados en la nota social del Observatorio (Observatorio Económico, 2026) y en el capítulo 4. El gasto educativo convergió desde 2,8 % del PIB en 2010 sin que los resultados se movieran; una hipótesis es que el esfuerzo sigue siendo el más bajo del grupo y muy inferior al rango de 4 % a 6 % del PIB que recomienda el Marco de Acción Educación 2030 (UNESCO, 2016), y otra, que los efectos del gasto sobre los aprendizajes tardan años en manifestarse; los datos del capítulo no permiten distinguirlas.

Las cifras internacionales de escolaridad son menores que las de la EPH/EPHC que usa el capítulo 8 (7,05 años en 2003, 8,71 en 2013 y 10,01 en 2025; 9,13 en 2018, frente a 8,65 del UIS). Además, la serie del UIS sugiere un estancamiento entre 2003 y 2009 (7,0 en ambos años) que la EPH no confirma: según la tabla de respaldo del capítulo 8, el promedio subió de 7,05 a 7,97 años en ese período. La diferencia es de método: el UIS y el PNUD estiman los años de estudio a partir del nivel educativo más alto alcanzado y de la duración oficial de cada nivel, mientras el capítulo 8 cuenta los grados aprobados por cada persona. Para comparar países se usa el UIS, que aplica el mismo método a todos; para el nivel y la tendencia nacionales, la EPH/EPHC.

15.4.3Salud: resultados que mejoran más despacio que los de los vecinos

La salud concentra la mayor parte de los últimos puestos del tablero. La esperanza de vida al nacer fue de 73,8 años en 2023 según las Naciones Unidas y de 74,0 en su proyección para 2024, octava entre nueve, 1,8 años por debajo del promedio de América Latina (75,8) y 3,8 por debajo de la mediana (77,7); solo Bolivia (68,7) está más abajo. La distancia con la mediana pasó de 2,5 años en 2010 a 3,8: una divergencia que un umbral fijo de 3 % no detectaría, porque la esperanza de vida varía poco entre países (sección 15.3). La estimación independiente del GBD 2023 coincide en el diagnóstico: 73,0 años en 2023, también la octava del grupo y 3,0 años por debajo del promedio de América Latina (capítulo 5; GBD 2023 Demographics Collaborators, 2025). La esperanza de vida saludable (EVISA), que descuenta los años vividos con enfermedad o discapacidad, fue según el GBD 2023 de 62,3 años en 2023, la penúltima de los nueve —solo Bolivia, con 61,7, está por debajo, una diferencia que cae dentro de los intervalos de incertidumbre del GBD (59,4–64,9 y 58,8–64,3)—, 1,8 años menos que el promedio latinoamericano (64,1) y 1,3 años menos que en 2010 (63,6), una tendencia del GBD que debe leerse con cautela porque puede reflejar la corrección gradual del subregistro (capítulo 5, Recuadro 5.2). La OMS, con otra metodología, estima 62,5 años y ubica al Paraguay en el último lugar; la fuente cambia el puesto, no el diagnóstico.

La mortalidad en la niñez es el indicador que mejor resume el problema. La mortalidad de menores de cinco años bajó de 25,7 a 16,3 por 1.000 nacidos vivos entre 2010 y 2024, a una tasa anual de −3,2 %, algo más rápida que la mediana (−2,9 %); la brecha relativa se cerró levemente. Pero el nivel es, en la estimación central, el más alto de los nueve países, prácticamente igual al de Bolivia, que en 2010 tenía 36,7 y hoy registra 15,7; como las estimaciones del UN IGME tienen intervalos de incertidumbre que el capítulo no reporta, el orden entre ambos no es concluyente. La mortalidad neonatal (8,6 por 1.000) repite el patrón: última entre nueve y por encima del promedio regional (8,3). En el plazo largo, según la misma fuente (UN IGME, 2025), la mortalidad de menores de cinco años cayó 51 % entre 2000 y 2024, unos 3,0 % anuales, algo menos que la mediana de los comparadores (3,3 % anual; sección 15.5). El capítulo no combina esta serie con las estimaciones del GBD, que usan otro modelo y otras poblaciones de base y no son comparables con las del UN IGME (advertencia 2).

La mortalidad materna modelada es, por el contrario, el mayor caso de convergencia del tablero, aunque el modelo que la estima usa como covariables el ingreso y la atención calificada del parto, de modo que su descenso refleja en parte los propios supuestos del modelo: de 136 por 100.000 nacidos vivos en 2010 a 58 en 2023 (−6,4 % anual, frente a −2,2 % de la mediana), sexta entre nueve y muy por debajo del promedio regional (77). La advertencia sobre la serie registrada se aplica aquí con toda su fuerza: el MSPBS informó 84,7 muertes maternas por 100.000 nacidos vivos en 2023, con 358 en la población indígena, de modo que la posición del país depende de la serie que se use. Como se explicó en la sección 15.3 (advertencia 2), desde 2015 la serie registrada supera a la modelada; la convergencia que muestra el tablero debe leerse, por eso, como una cota optimista.

La fecundidad adolescente es la divergencia más pronunciada del tablero. Con 70,2 nacimientos por 1.000 mujeres de 15 a 19 años en 2024, Paraguay tiene la tasa más alta de los nueve; la mediana es 42,2 y el promedio regional 50,4. En 2010 estaba a 15 % de la mediana; hoy está a 66 %. El país redujo su tasa a −0,5 % anual mientras la mediana lo hacía a −3,1 %: Chile pasó de 52,8 a 5,6, Uruguay de 59,5 a 25,1 y Argentina de 65,9 a 25,6.

Las causas externas muestran un cuadro mixto. La mortalidad por tránsito fue de 21,0 por 100.000 habitantes en 2021 según la OMS (2026b), la segunda más alta de los nueve después de Ecuador (23,4); el GBD 2023 coincide en que es alta (23,9 por 100.000, estandarizada por edad, frente a 17,0 en América Latina y el Caribe). El capítulo 10 contrasta esas estimaciones con los registros nacionales, que atribuyen alrededor de 60 % de las muertes a motociclistas, y el capítulo 5 estima el exceso de carga frente a la región. Los homicidios cayeron de 12,9 a 6,8 por 100.000 entre 2010 y 2023 y hoy están por debajo de la mediana (9,9) y muy por debajo del promedio regional (19,7).

El suicidio es una amenaza en ascenso, aunque las fuentes difieren en el nivel. Según el GBD 2023, la tasa estandarizada por edad fue de 9,95 por 100.000 en 2023, la tercera más alta de los nueve después de Uruguay y Argentina, 32 % superior a la de América Latina y el Caribe (7,54) y 39 % mayor que en 2010 (capítulo 5). La OMS estima una tasa menor, 6,4 por 100.000 en 2021, la cuarta más baja de los nueve, que también aumentó desde 4,2 en 2010, con un máximo de 7,9 en 2019. Con cualquiera de las dos fuentes, la tasa creció más de un tercio desde 2010.

15.4.4Cobertura, recursos y financiamiento: más esfuerzo, todavía insuficiente

El índice de cobertura de servicios esenciales de la meta 3.8.1 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible subió de 70 en 2010 a 79 en 2023 y convergió hacia la mediana (81), aunque Paraguay sigue sexto. Las coberturas de vacunación son el punto débil: la DPT3 cayó de 91 % en 2010 a 69 % en 2022 y se recuperó a 80 % en 2024, por debajo de la mediana (84,5 %). La dotación de camas hospitalarias (1,04 por 1.000 habitantes en 2022) es la más baja de los siete países con dato para ese año, contra una mediana de 1,77 (capítulo 6, Cuadro 6.13); también lo es si se agregan los últimos datos de Brasil (2,52 en 2021) y Colombia (1,70 en 2020).

En financiamiento el país hizo el mayor esfuerzo relativo del grupo. El gasto público doméstico en salud —que en la base de la OMS (2026a) incluye al Instituto de Previsión Social— pasó de 2,1 % del PIB en 2010 a 4,6 % en 2023, una tasa anual de 6,2 %, el doble de la mediana; la brecha con la mediana (5,0 %) se redujo de 59 % a 7 %. La salud absorbe 21,6 % del gasto público total, la proporción más alta de los nueve países. Y el gasto de bolsillo, que en 2008 llegó a 60,5 % del gasto corriente en salud, bajó a 36,3 % en 2023. Aun así sigue siendo el más alto del grupo, diez puntos por encima de la mediana (26,6 %) y siete por encima del promedio latinoamericano (29,7 %). La convergencia se refiere solo a esa participación dentro del gasto en salud: medido como proporción del PIB, el gasto de bolsillo no bajó (3,05 % en 2008, 2,95 % en 2010 y 3,04 % en 2023) y es el segundo más alto de los nueve después de Chile (capítulo 7, Cuadro 7.1). Su peso relativo cayó porque el gasto público creció, no porque los hogares pagaran menos. La sección 15.8 vuelve sobre esta paradoja.

15.4.5Agua, saneamiento y demografía

El acceso a servicios básicos de agua y saneamiento muestra la convergencia más completa. El agua potable al menos básica pasó de 76,4 % en 2000 —el último lugar entre nueve— a 99,6 % en 2024, tercera entre ocho. El saneamiento al menos básico, de 70,8 % a 95,9 %, cuarto entre ocho. El salto de calidad está pendiente: solo 64,4 % de la población usa agua gestionada de forma segura (libre de contaminación, disponible y en la vivienda), frente a 74,3 % en la mediana de los seis países con dato y 79,0 % en la región. En saneamiento gestionado de forma segura, en cambio, Paraguay (58,5 %) supera a la mediana (55,0 %) y es segundo entre seis, aunque perdió parte de su ventaja.

La demografía explica parte de la distancia. Paraguay es el segundo país más joven del grupo: según las Naciones Unidas, 6,5 % de su población tiene 65 años o más (mediana 10,4 %) y la fecundidad total es de 2,42 hijos por mujer (mediana 1,62), aunque el INE estima 1,9 para 2025 tras el Censo 2022. Es también el segundo menos urbanizado, después de Ecuador: según las estimaciones de las Naciones Unidas (World Urbanization Prospects, vía Banco Mundial), 69,9 % de su población vivía en áreas urbanas en 2024, frente a un promedio de 81 % en América Latina y el Caribe y una mediana de 86,5 % entre los comparadores. Con las cifras de 2025 que usa el capítulo 2, la relación es de 70 % frente a 82 %; la EPHC 2025, con la definición nacional de área urbana, estima 71,5 %. Una población más joven y más rural tiene, a igual ingreso, más exposición a riesgos maternos, perinatales e infecciosos y menos acceso a servicios concentrados en las ciudades. Esa composición no exime al sistema, pero obliga a leer los rezagos en mortalidad infantil y fecundidad adolescente también como un problema de cobertura territorial.

15.5Un cuarto de siglo en perspectiva: trayectorias 2000–2024

Las series largas permiten distinguir rezagos de origen y rezagos adquiridos (Gráfico 15.3 y Cuadro 15.3). En 2000, Paraguay no era el último de la región en la mayoría de los indicadores de salud: era sexto en esperanza de vida, sexto en mortalidad de menores de cinco años y quinto en fecundidad adolescente. Veinticuatro años después es octavo, noveno (en la estimación central, junto con Bolivia) y noveno, respectivamente. En esos indicadores el rezago no es una herencia: se acumuló durante el período.

Gráfico 15.3Paraguay en perspectiva de largo plazo: doce indicadores sociales y de salud, 2000–2024
Gráfico 15.3. Paraguay en perspectiva de largo plazo: doce indicadores sociales y de salud, 2000–2024

Fuente: Banco Mundial, WDI (ONU WPP 2024, UN IGME, MMEIG 2025, OMS GHED, PIP, JMP, WUENIC), UNESCO-UIS y OMS (índice CUS); series 2000–2007 descargadas para este capítulo; elaboración del Observatorio Económico UC.

Cuadro 15.3Paraguay en 2000, 2010 y el último año: valor y puesto entre nueve países
Indicador2000: PRY (puesto)2010: PRY (puesto)Último: PRY (puesto)Mediana 8: 2000 → últimoALC: 2000 → último
Esperanza de vida (años; 2024)70,0 (6)72,6 (8)74,0 (8)71,5 → 77,770,9 → 75,8
Mortalidad <5 años (‰; 2024)33,6 (6)25,7 (8)16,3 (9)27,3 → 12,232,7 → 15,4
Mortalidad materna (por 100.000; 2023)207 (8)136 (8)58 (6)82 → 5392 → 77
Fecundidad adolescente (‰; 2024)80,0 (5)75,4 (6)70,2 (9)79,6 → 42,283,1 → 50,4
Gasto público en salud (% PIB; 2023)2,3 (8)2,1 (9)4,6 (7)3,0 → 5,03,0 → 4,1
Gasto de bolsillo (% gasto en salud; 2023)49,1 (8)53,9 (9)36,3 (9)35,1 → 26,638,2 → 29,7
Pobreza US$ 8,30/día (%; 2024)45,3ᵃ (4)39,8 (7)20,5 (5)54,6 → 19,053,1 → 24,7
Índice de Gini (2024)54,6ᵃ (5)51,0 (7)44,2 (6)54,6 → 42,7—
Agua al menos básica (%; 2024)76,4 (9)88,5 (7)99,6 (3 de 8)92,2 → 97,191,1 → 97,6
Saneamiento al menos básico (%; 2024)70,8 (7)82,2 (5)95,9 (4 de 8)74,4 → 92,475,3 → 90,3
Años de escolaridad 25+ (UIS; 2018)7,0ᵇ (7 de 8)7,0ᶜ (9)8,7 (7)8,8 → 8,8—
PIB per cápita (US$ PPA 2021; 2024)9.997 (6)12.737 (6)16.367 (6)12.409 → 19.06714.663 → 19.954

ᵃ 2001; en 2002, año de crisis, la pobreza fue 57,5 % y el Gini 57,3. ᵇ 2003. ᶜ 2009. Puesto: 1 = mejor (en el PIB, 1 = mayor). La mediana y el puesto usan el dato más cercano a cada corte dentro de ±2 años. La mediana de 2000 coincide en pobreza y en Gini (54,55 en ambos casos) por azar, no por un error de transcripción: en pobreza es el promedio de Brasil (50,3, dato de 2001) y Bolivia (58,8); en el Gini, el de Chile (52,8) y Ecuador (56,3). PIB per cápita en dólares PPA constantes de 2021.

Fuente: tablas/reg_largo_plazo.csv, sobre Banco Mundial (WDI y PIP), OMS (GHED), UN IGME, MMEIG, ONU (WPP 2024), JMP y UNESCO-UIS.

La esperanza de vida es el caso más claro de divergencia de largo plazo. Paraguay ganó 3,95 años entre 2000 y 2024 (este último año, una proyección de las Naciones Unidas); la mediana de los comparadores, 6,25; el promedio latinoamericano, 4,95. La diferencia se gestó sobre todo entre 2010 y 2019: la esperanza de vida paraguaya pasó de 72,6 a 73,7 años en esos nueve años (+1,1), mientras la mediana subía de 75,0 a 76,8 (+1,8). La serie aplanada de la década de 2010 coincide con una carga de enfermedades crónicas que, según el GBD, no se redujo mientras la de la región bajaba (sección 15.7).

La mortalidad de menores de cinco años cayó a la mitad en Paraguay (−51 %), una reducción similar a la de la mediana (−55 %) y a la del promedio regional (−53 %). El problema es que los comparadores que partían de niveles más altos —Bolivia de 70,7 por 1.000, Perú de 38,3, Brasil de 34,4— los redujeron mucho más rápido y terminaron por debajo de Paraguay. El Paraguay de 2000 tenía una mortalidad en la niñez apenas superior al promedio regional (33,6 frente a 32,7); el de 2024 la sigue teniendo superior (16,3 frente a 15,4), pero ahora es el valor más alto del grupo.

La fecundidad adolescente ilustra la divergencia en su forma más pura. En 2000, Paraguay (80,0 por 1.000) estaba en la mitad del grupo, por debajo de Colombia (94,5), Bolivia (94,3), Ecuador (89,9) y Brasil (85,6). Todos esos países redujeron su tasa entre 32 % y 52 %; Paraguay, 12 %. La tasa paraguaya prácticamente no se movió entre 2003 y 2017, cuando la de la región caía de manera sostenida.

En la dirección opuesta, la mortalidad materna modelada cayó 72 % entre 2000 y 2023, de 207 a 58 por 100.000, el doble que la mediana (−35 %), y el acceso a agua pasó del último al tercer lugar. El gasto público en salud se duplicó como proporción del PIB, desde 2,3 % en 2000 —con un mínimo de 1,5 % en 2002— hasta 4,6 % en 2023, y el gasto de bolsillo, después de subir hasta 60,5 % del gasto corriente en salud en 2008, bajó 24 puntos en quince años como proporción de ese gasto, aunque no como proporción del PIB (sección 15.4.4). La pobreza con la línea de US$ 8,30 cayó de 45,3 % en 2001 (57,5 % en la crisis de 2002) a 20,5 % en 2024, una reducción proporcional similar a la de la mediana.

El contraste es sugerente, aunque no prueba una causa. Donde la mejora dependía de inversiones físicas o de ingreso —redes de agua, crecimiento— Paraguay convergió o superó a la región; donde dependía de atención continua, cobertura territorial y cambios de comportamiento —embarazo adolescente, atención neonatal, enfermedades crónicas— se rezagó. La mortalidad materna modelada no sirve como prueba de la primera parte del argumento, porque el modelo que la estima la proyecta en parte a partir del ingreso y de la atención calificada del parto, y la serie registrada no confirma la convergencia (sección 15.3, advertencia 2).

15.6Desempeño dado el ingreso: ¿rinde el ingreso paraguayo lo mismo que el de sus vecinos?

La pregunta de esta sección es la del Informe sobre la salud en el mundo 2000: dado su ingreso, ¿obtiene Paraguay los resultados que obtienen otros países? Para responderla se estima, para cada resultado, una recta de regresión contra el logaritmo del PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo de 2021, con dos muestras: veinte países latinoamericanos con más de un millón de habitantes (se excluyen Cuba y Venezuela por falta de PIB comparable) y los nueve del estudio. El residuo de Paraguay se calcula con la recta estimada sin Paraguay, de modo que mide la distancia entre lo observado y lo que el resto de la región «predice» para un país con su ingreso (Gráfico 15.4 y Cuadro 15.4).

Gráfico 15.4Desempeño dado el ingreso: resultados sociales y de salud frente al PIB per cápita
Gráfico 15.4. Desempeño dado el ingreso: resultados sociales y de salud frente al PIB per cápita

Fuente: Banco Mundial, WDI (ONU WPP 2024, UN IGME, MMEIG 2025, OMS GHED); OMS (índice CUS); OCDE (PISA 2025); elaboración del Observatorio Económico UC.

Cuadro 15.4Residuos de Paraguay respecto de la recta resultado ~ ln(PIB per cápita)
Resultado (año)Muestra (n)R²ObservadoEsperado sin PRYResiduoIntervalo de predicción 90 %Puesto del residuo
Esperanza de vida, años (2024, proyección)ALC (20)0,5874,075,3−1,3 años70,3–80,213 de 20
Mortalidad <5 años, ‰ (2024)ᵃALC (20)0,2916,314,1+15 %6,8–29,515 de 20
Mortalidad materna, por 100.000 (2023)ᵃALC (20)0,445855+6 %18–16611 de 20
Fecundidad adolescente, ‰ (2024)ALC (20)0,2970,248,5+21,716,6–80,419 de 20
Gasto de bolsillo, % (2023)ALC (20)0,1936,333,3+3,0 p.p.12,9–53,713 de 20
Gasto público en salud, % PIB (2023)ALC (20)0,304,64,2+0,5 p.p.1,8–6,59 de 20
Índice de cobertura CUS (2023)Estudio (9)0,567975,2+3,864,8–85,54 de 9
PISA matemática, puntos (2025)ᵇEstudio (8)0,41334374,4−40,4345,7–403,08 de 8

ᵃ Estimado en logaritmos; el residuo se expresa como porcentaje del valor esperado. ᵇ Los puntajes de 2025 de los demás países provienen de una fuente secundaria y son preliminares (capítulo 8, Cuadro 8.7); además, la proporción de jóvenes de 15 años que representa la muestra de PISA difiere entre países. Puesto del residuo: 1 = mayor desvío favorable. R² de la recta con toda la muestra. Esperanza de vida de 2024: proyección de WPP 2024.

Fuente: tablas/reg_desempeno_residuos.csv, sobre Banco Mundial (WDI), OMS y OCDE.

Tres resultados sobresalen. Primero, en aprendizajes está el desvío más grande del cuadro: el puntaje de Paraguay en PISA 2025 está 40 puntos por debajo del que predice su ingreso y fuera del intervalo de predicción al 90 %, el único residuo del cuadro que cumple esa condición. El resultado descansa en siete comparadores, con una pendiente que no es significativa al 5 % (p = 0,09), puntajes preliminares de fuente secundaria y coberturas de PISA distintas entre países, por lo que es una señal fuerte pero no definitiva. Con un ingreso per cápita similar al de Perú (US$ PPA 15.700) y mayor que el de Ecuador (13.900), Paraguay obtiene 48 y 32 puntos menos, respectivamente. Segundo, en fecundidad adolescente el residuo es el segundo peor de los veinte países (+21,7 nacimientos por 1.000 por encima de lo esperado). Tercero, en esperanza de vida y mortalidad en la niñez el desvío es desfavorable pero moderado: 1,3 años menos y 15 % más de lo esperado, respectivamente, dentro del rango de variación habitual de la región. En el otro extremo, la cobertura de servicios (+3,8 puntos sobre lo esperado, cuarto entre nueve) y el gasto público en salud (+0,5 puntos del PIB, noveno entre veinte) están en línea con lo esperado o levemente por encima.

La comparación en el tiempo, posible con la muestra de nueve países, es frágil (Gráfico 15.5). Con ocho comparadores, los intervalos de predicción al 90 % de cada residuo son muy amplios —±5,7 años en la esperanza de vida—, y los cambios de los residuos no pueden leerse como tendencias. El de la esperanza de vida pasó de +0,1 años en 2010 a −1,7 en 2024 (de +0,1 % a −2,2 % del valor esperado), y el de la mortalidad de menores de cinco años, de 21 % a 30 % por encima de lo esperado; los cuatro valores caen dentro de sus intervalos de predicción. Solo un desplazamiento lleva al país fuera del intervalo de predicción: la fecundidad adolescente, que pasó de un desvío nulo a 21,6 nacimientos por 1.000 (45 %) por encima de lo esperado en 2024. En la dirección contraria, el gasto de bolsillo pasó de 61 % a 40 % por encima de lo esperado (fuera del intervalo en 2010, dentro en 2023) y la pobreza con US$ 8,30, de 3 % por encima a 20 % por debajo. La mortalidad materna modelada pasó de 54 % por encima a 11 % por debajo, pero el modelo que la estima usa el ingreso como covariable (sección 15.3, advertencia 2). La cobertura de servicios mantuvo un desvío favorable de 5 %. Los intervalos están en la tabla reg_desempeno_ip_residuos.csv.

Gráfico 15.5Desempeño dado el ingreso, ≈2010 frente al último año
Gráfico 15.5. Desempeño dado el ingreso, ≈2010 frente al último año

Fuente: Banco Mundial (WDI) y OMS (índice CUS); estimación del Observatorio Económico UC con los 8 comparadores, sin Paraguay.

La lectura de conjunto debe ser prudente. Dado su ingreso, el Paraguay tiene hoy menos pobreza que la esperada y una fecundidad adolescente y unos aprendizajes peores; en esperanza de vida y mortalidad en la niñez el desvío es desfavorable pero está dentro de la variación habitual de la región. Los residuos señalan dónde mirar; la divergencia de la esperanza de vida la muestran las series de las secciones 15.4 y 15.5, no los residuos.

15.7Una transición inconclusa: polarización epidemiológica prolongada

La lente de Frenk et al. (1991) encuentra en el Paraguay sus cuatro rasgos, aunque no con la misma fuerza. El primero, la superposición de etapas, debe leerse con cuidado (Gráfico 15.6). Según el GBD 2023, 71,7 % de las muertes paraguayas de 2023 se deben a enfermedades no transmisibles, 18,4 % a causas transmisibles, maternas, neonatales y nutricionales, y 9,9 % a lesiones. Esa proporción de causas transmisibles es de las más altas del grupo —solo Bolivia (20,9 %) y Perú (23,0 %) la superan—, pero esa posición se debe a la COVID-19, que el GBD ubica como segunda causa de AVISA del país en 2023 y que explica 3.352 de las 42.870 muertes estimadas (7,8 %; capítulo 5). Sin ella, las causas transmisibles son el 11,4 % de las muertes. Con tasas estandarizadas, que permiten descontar la COVID-19 en todos los países, la proporción paraguaya sin esa causa (11,5 %) queda por debajo del promedio regional (12,9 %) y de las de Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia y Perú. Descontada la COVID-19, la tasa estandarizada de AVISA del Grupo I es igual a la regional (razón 0,99; 1,02 en 2019) y la de mortalidad, 10 % mayor (12 % en 2019); la de enfermedades no transmisibles, en cambio, supera a la regional en 11 % en AVISA y en 30 % en mortalidad (capítulo 5, Cuadro 5.3). La superposición paraguaya no es, por lo tanto, un exceso generalizado de enfermedades pretransicionales, sino una carga crónica mayor que la regional sumada a una carga pretransicional similar a la de la región y a la que corresponde a su ingreso. La carga metabólica es la más intensa del grupo.

Gráfico 15.6Una transición inconclusa: composición de la mortalidad, diabetes y enfermedad renal crónica
Gráfico 15.6. Una transición inconclusa: composición de la mortalidad, diabetes y enfermedad renal crónica

Fuente: IHME, GBD 2023 (GBD Results, versión 8352), descarga del 3-oct-2026 (capítulo 5); elaboración del Observatorio Económico UC. En el panel A, las causas transmisibles incluyen la COVID-19 (7,8 % de las muertes paraguayas de 2023).

La diabetes es el ejemplo más contundente. En 2023, la tasa de años de vida saludable perdidos (AVISA) por diabetes, estandarizada por edad, fue en Paraguay de 2.021 por 100.000 habitantes (intervalo de incertidumbre al 95 %: 1.661–2.384), la más alta de los nueve, 37 % superior al promedio latinoamericano (1.478) y el doble de la media mundial (995). Es la primera causa de AVISA del país y provocó 3.209 muertes en 2023 (capítulo 5). La brecha es de nivel más que de tendencia: entre 2010 y 2023 la tasa paraguaya aumentó 8,1 %, algo menos que la regional (+10,4 %). Las cifras publicadas con la ronda anterior del GBD (GBD 2021 Diabetes Collaborators, 2023), que mostraban un aumento de la tasa desde 1990 mayor que el de cualquier comparador, no son comparables con las de la ronda 2023, y el capítulo 5 considera dudoso el nivel de 1990 que el GBD estima para el Paraguay.

La enfermedad renal crónica, a menudo consecuencia de la diabetes, muestra un perfil distinto según la métrica. Su mortalidad estandarizada fue de 31,1 por 100.000 en 2023, la tercera de los nueve tras Bolivia (59,1) y Ecuador (33,8), levemente superior al promedio latinoamericano (29,8), y aumentó 24,7 % entre 2010 y 2023, mientras la regional bajó 9,5 %. Su tasa de AVISA (789), en cambio, es menor que la del promedio regional (885), aunque es la segunda del grupo después de Bolivia; por eso el capítulo 5 la registra entre las causas con ventaja frente a la región en AVISA, pero advierte que es una amenaza en ascenso. El artículo del GBD 2023 dedicado a la enfermedad renal crónica (GBD 2023 Chronic Kidney Disease Collaborators, 2025) informa tasas más altas porque se refiere solo a la población de 20 años o más; no se compara con las de este capítulo, que abarcan todas las edades. La probabilidad de morir entre los 30 y los 70 años por una de las cuatro grandes enfermedades no transmisibles fue de 16,1 % en 2021, séptima entre nueve y por encima de la mediana (13,3 %); 2021 es un año de pandemia, en el que la COVID-19 alteró la competencia entre causas de muerte (16,5 % en 2019; capítulo 16), y la brecha con la mediana apenas cambió desde 2010.

El segundo rasgo, la polarización entre grupos, se manifiesta en la doble carga de la malnutrición infantil (Gráfico 15.7). Según las estimaciones modeladas conjuntas de UNICEF, la OMS y el Banco Mundial (UNICEF et al., 2025), la desnutrición crónica de los menores de cinco años cayó de 11,6 % en 2010 a 3,2 % en 2024 —segunda más baja del grupo—, mientras el sobrepeso subió de 9,6 % a 15,4 %, el más alto de los nueve y casi el doble del promedio regional (8,8 %). La advertencia sobre la base empírica de estas estimaciones es importante: la última encuesta antropométrica nacional es la MICS 2016. Con sus microdatos, el capítulo 11 calcula una desnutrición crónica de 5,9 % en los menores de cinco años (el Banco Mundial publica 5,6 % para la misma encuesta), con un gradiente muy pronunciado: 12,8 % en el quintil más pobre, 0,8 % en el más rico y 31,5 % en los hogares indígenas. El sobrepeso era de 12,4 % y crecía con la riqueza. La polarización, por lo tanto, no está solo entre países, sino dentro del Paraguay: el promedio nacional bajo convive con una desnutrición crónica que afecta a casi uno de cada tres niños indígenas. La obesidad adulta, 34,7 % en 2024, ocupa el sexto puesto entre nueve (la cuarta prevalencia más alta) y completa el cuadro. Su carga de enfermedad, en cambio, es la mayor del grupo: según el GBD 2023, la carga atribuible al índice de masa corporal elevado es la más alta de los nueve países (8,2 % de los AVISA; capítulo 5, Cuadro 5.5). La aparente contradicción tiene explicación: la fracción atribuible se aplica sobre las tasas de enfermedad cardiovascular y de diabetes, que en el Paraguay son las más altas de los nueve países (capítulo 5, Cuadro 5.3), de modo que una prevalencia intermedia produce la mayor carga.

Gráfico 15.7Polarización epidemiológica: menos desnutrición, más sobrepeso infantil y el aumento de la tuberculosis notificada
Gráfico 15.7. Polarización epidemiológica: menos desnutrición, más sobrepeso infantil y el aumento de la tuberculosis notificada

Fuente: UNICEF/OMS/Banco Mundial, Joint Malnutrition Estimates 2025; OMS, Global Tuberculosis Report, vía WDI; elaboración del Observatorio Económico UC.

El tercer rasgo, la contratransición, aparece en la tuberculosis, aunque las dos fuentes disponibles miden cosas distintas y no cuentan la misma historia. La incidencia estimada por la OMS bajó de 67 por 100.000 en 2008 a 55 en 2016 y desde entonces subió a 81 en 2024, un aumento de 47 % en ocho años que llevó al Paraguay a 65 % por encima de la mediana y a 59 % por encima del promedio regional (51). La carga de enfermedad estimada por el GBD 2023, en cambio, cayó: la tasa estandarizada de AVISA por tuberculosis bajó 24,6 % entre 2010 y 2023, más que la regional (−11,4 %), y en 2023 era prácticamente igual a la de América Latina y el Caribe (193 frente a 191 por 100.000), cuarta entre nueve (cálculo propio con la descarga del GBD 2023 que usa el capítulo 5). La incidencia notificada puede subir tanto por más transmisión como por mejor detección, y la carga puede bajar si los casos detectados se tratan a tiempo; las dos lecturas son compatibles, pero la primera justifica tratar la tuberculosis como una alerta. A ella se suma la reemergencia de otras infecciones: según el GBD 2023, entre 2010 y 2023 la carga de la tos convulsa aumentó 63,5 % (13,1 % en la región), la del VIH/sida 17,9 % (cayó 27,6 % en la región) y la del dengue 45,2 % (67,4 % en la región) (capítulo 5), y en 2023 el 29,8 % de quienes declararon una enfermedad en la EPHC la atribuyó a dengue, zika o chikungunya (capítulo 6). El cuarto rasgo, la transición prolongada, resume los anteriores: la esperanza de vida dejó de converger en la década de 2010 justamente cuando la carga de enfermedad dejó de reducirse —sin COVID-19, la tasa estandarizada de AVISA del Paraguay cayó apenas 1,1 % entre 2010 y 2023, frente a entre 4 % y 5 % en la región una vez descontado el efecto del terremoto de Haití de 2010 sobre el promedio regional (cálculo propio con la misma descarga del GBD 2023)— y algunas infecciones volvían a crecer. La tendencia del nivel según el GBD debe leerse con cautela: su serie paraguaya puede reflejar en parte la corrección progresiva del subregistro de defunciones (capítulo 5), por lo que la comparación más robusta es la de la esperanza de vida de las Naciones Unidas, que muestra una mejora más lenta que la regional, no un estancamiento absoluto.

La lente epidemiológica agrega así una explicación a la divergencia descrita en la sección 15.5. Paraguay redujo con éxito las causas de muerte que ceden ante inversiones puntuales (agua, partos institucionales, vacunas en la década de 2000), pero no desarrolló a tiempo las capacidades que requieren las enfermedades crónicas —detección temprana, seguimiento continuo, medicamentos de uso prolongado, diálisis— ni sostuvo las que exigen las infecciosas de transmisión comunitaria.

15.8Régimen de bienestar y financiamiento: mucha prioridad, poco Estado

La hipótesis familiarista de Martínez Franzoni (2007, 2008) se puede contrastar con tres indicadores: el esfuerzo social del Estado, el desarrollo humano ajustado por desigualdad y la pobreza (Gráfico 15.8). El gasto social del gobierno central paraguayo subió de 8,6 % del PIB en 2012 a 10,1 % en 2023, pero sigue siendo el menor de los nueve países y está por debajo del promedio latinoamericano (11,5 %); Chile (18,3 %), Brasil (16,2 %) y Uruguay (16,0 %) lo superan entre 60 % y 80 %. La comparación tiene un límite: la CEPAL mide al gobierno central, de modo que en países federales o descentralizados como Argentina, Brasil y Colombia el esfuerzo total es mayor que el registrado. Aun con esa salvedad, la posición paraguaya es coherente con un régimen en el que el Estado absorbe una fracción pequeña de los riesgos.

Gráfico 15.8Desarrollo humano, esfuerzo social del Estado y pobreza según el régimen de bienestar
Gráfico 15.8. Desarrollo humano, esfuerzo social del Estado y pobreza según el régimen de bienestar

Fuente: PNUD, Informe sobre Desarrollo Humano 2025; CEPALSTAT, indicadores 3127 y 3328; régimen según Martínez Franzoni (2007); elaboración del Observatorio Económico UC.

El IDH de 2023, 0,756, ubica al Paraguay en el puesto 99 del mundo, octavo entre los nueve países del estudio y por debajo del promedio latinoamericano (0,783). Su crecimiento fue, sin embargo, más rápido que el regional: 0,49 % anual entre 2010 y 2023, frente a 0,36 % en América Latina y el Caribe. El IDH ajustado por desigualdad (0,599) lo coloca junto a Brasil (0,594) y Colombia (0,593), dos países de mayor ingreso pero de desigualdad más alta. En pobreza, Paraguay se comporta mejor de lo que su régimen haría prever: la reducción de 26,2 % a 16,9 % entre 2012 y 2024 según la CEPAL lo dejó al mismo nivel que Perú (16,9 %), por debajo de Ecuador, Bolivia, Argentina urbana y Colombia, y por encima solo de Brasil, Chile y Uruguay. Esa reducción coincide con el crecimiento de 2003–2013 y con las transferencias de la última década —la pensión para adultos mayores, universal por ley desde 2024, con una cobertura efectiva no contributiva de 51,5 % de los mayores de 65 años en 2025 (capítulo 12), y la alimentación escolar—; el capítulo 3 descompone la caída por fuentes de ingreso y atribuye a las transferencias alrededor de un tercio en 2013–2019 y en 2022–2025, y el capítulo 14 estima que evitan 3,9 puntos de pobreza en 2025.

El financiamiento de la salud muestra la misma arquitectura con más detalle (Gráfico 15.9). En 2023, el gasto público doméstico —Ministerio de Salud, IPS y otras entidades públicas— cubrió 55,4 % del gasto corriente en salud; los hogares pagaron de su bolsillo 36,3 %, y otros agentes privados —seguros voluntarios como la medicina prepaga, empresas y organizaciones sin fines de lucro— 8,2 %. Paraguay comparte con Chile (34,6 %) el mayor peso relativo del bolsillo; en Colombia es de 14,6 % y en Uruguay de 17,1 %. La protección financiera no puede medirse con datos recientes: el último registro comparable de la OMS indica que, en 2011, 10,5 % de la población vivía en hogares cuyo gasto de bolsillo en salud superaba el 10 % de su presupuesto, y 0,8 % en hogares donde superaba el 25 %. La definición de esos indicadores fue reemplazada por la OMS en 2025 (OMS y Banco Mundial, 2025) y no hay medición posterior para Paraguay.

Gráfico 15.9Financiamiento de la salud: más prioridad fiscal que recursos, y un bolsillo que sigue pagando más que en la región
Gráfico 15.9. Financiamiento de la salud: más prioridad fiscal que recursos, y un bolsillo que sigue pagando más que en la región

Fuente: OMS, Global Health Expenditure Database, vía Banco Mundial WDI; elaboración del Observatorio Económico UC.

La paradoja del financiamiento se resuelve al dividir dos indicadores de la OMS. Si la salud recibe 21,6 % del gasto público y el gasto público en salud es 4,6 % del PIB, el gasto público total del gobierno general es de alrededor de 21,5 % del PIB: el menor de los nueve países, por debajo de Perú (22,5 %) y Chile (27,4 %) y muy lejos del promedio latinoamericano (34,2 %) o de Brasil (45,3 %). Paraguay prioriza la salud dentro de un Estado chico; Brasil hace lo contrario —9,5 % de un Estado grande—. El resultado es que el gasto público en salud por habitante (US$ PPA 814 en 2023) sigue por debajo del promedio regional (865), aunque el gasto de bolsillo per cápita (534) ya lo supera (504). El margen para seguir aumentando la prioridad sectorial dentro del presupuesto está casi agotado; un nuevo salto del gasto público en salud depende del tamaño del Estado, es decir, de la presión tributaria. Ese es el núcleo fiscal del régimen familiarista: no la falta de voluntad de gasto, sino la falta de base para financiarlo.

Las dos piezas del diagnóstico de Cotlear et al. (2015) y Atun et al. (2015) para América Latina —segmentación del aseguramiento y dependencia del gasto privado— están presentes en Paraguay con más intensidad que en el promedio. El capítulo 6 mostró que alrededor de siete de cada diez personas no tienen seguro (69,0 % en 2025) y que la cobertura del IPS sigue la frontera de la formalidad laboral. La comparación regional agrega que los dos países con menor gasto de bolsillo del grupo —Colombia (14,6 %), con su régimen subsidiado desde la década de 1990, y Uruguay (17,1 %), que lo redujo desde 25 % en 2000 tras la reforma que creó el Fondo Nacional de Salud en 2007–2008— lo lograron reduciendo la segmentación entre el aseguramiento contributivo y el no contributivo (Atun et al., 2015), no solo aumentando el presupuesto del ministerio.

15.9La pandemia como prueba de esfuerzo

La pandemia de COVID-19 fue una prueba de esfuerzo para los sistemas de salud, aunque no un experimento natural: la llegada de las variantes, la vacunación y la calidad del registro de defunciones difirieron entre países. Para Paraguay, las dos fuentes de referencia del estudio —las Naciones Unidas y el GBD 2023— coinciden en que el golpe fue de los más severos de la región, aunque concentrado en 2021 (Gráfico 15.10 y Cuadro 15.5).

Gráfico 15.10 · interactivoLa pandemia en el espejo regional: pérdida y recuperación de la esperanza de vida y exceso de mortalidad

(a) Esperanza de vida: caída 2019→2021 y saldo 2019→2024 (ordenado por la caída)

(b) Aumento de la mortalidad, 2020 y 2021 (GBD 2023)

Pasá el cursor sobre el gráfico —o enfocalo con Tab y usá las flechas— para leer los valores.

Fuente: Banco Mundial, WDI (ONU WPP 2024); IHME, GBD 2023 (GBD Results, versión 8352), descarga del 3-oct-2026 (capítulo 5); elaboración del Observatorio Económico UC.

Ver el gráfico tal como aparece en el estudio (imagen)

Cuadro 15.5Impacto de la pandemia por país: esperanza de vida, esperanza de vida saludable y aumento de la mortalidad
PaísEV 2019EV 2021EV 2024Caída 2019–2021Saldo 2019–2024Caída EVISA 2019–2021Mortalidad 2020 vs. 2019 (%)Mortalidad 2021 vs. 2019 (%)Mortalidad promedio 2020–2021 vs. 2019 (%)
Paraguay73,768,174,0−5,6+0,3−5,3+9,0+59,8+34,4
Argentina76,873,977,5−2,9+0,7−2,7+9,8+25,5+17,6
Bolivia67,861,468,7−6,4+0,9−5,9+74,0+59,3+66,7
Brasil75,873,076,0−2,8+0,2−3,1+12,3+27,6+20,0
Chile80,378,981,4−1,4+1,0−1,9+14,1+19,9+17,0
Colombia76,872,777,9−4,1+1,1−3,9+21,7+42,0+31,9
Ecuador77,372,777,6−4,5+0,3−3,7+52,6+37,9+45,2
Perú76,371,677,9−4,7+1,7−7,0+72,9+88,3+80,6
Uruguay77,575,478,3−2,1+0,8−2,1−3,0+20,3+8,7
ALC75,271,875,8−3,4+0,6−3,5+22,6+34,3+28,4

EV: esperanza de vida al nacer (ONU, WPP 2024; ALC del Banco Mundial); los valores de 2024 son proyecciones de la variante media, por lo que el saldo 2019–2024 depende de ellas. EVISA: esperanza de vida saludable al nacer (GBD 2023). Mortalidad: tasa de mortalidad estandarizada por edad, todas las causas (GBD 2023), frente a la de 2019; es el mismo cálculo del Cuadro 5.2 del capítulo 5. En EVISA y mortalidad, ALC es el agregado del GBD.

Fuente: tablas/reg_pandemia.csv, sobre Banco Mundial (WDI) e IHME (GBD 2023, descarga del 3-oct-2026).

Según las Naciones Unidas, la esperanza de vida paraguaya cayó 5,6 años entre 2019 y 2021, la segunda mayor caída del grupo después de Bolivia (6,4) y más de una vez y media la del promedio regional (3,4). El GBD 2023 da una caída aún mayor, de 6,2 años (de 73,5 a 67,3), la tercera después de Perú y Bolivia (capítulo 5, Cuadro 5.1), y una pérdida de 5,3 años de esperanza de vida saludable, también tercera después de Perú (7,0) y Bolivia (5,9). Las defunciones registradas en 2021 (46.624, de las cuales 14.556 por COVID-19) superaron en alrededor de 10.000 a las de un año típico.

La mortalidad estandarizada por edad del GBD 2023 precisa la cronología (capítulo 5, Cuadro 5.2). En 2020 aumentó apenas 9,0 % respecto de 2019, menos de la mitad que en América Latina y el Caribe (22,6 %) y el menor aumento de los nueve después de Uruguay, donde la tasa incluso bajó; el capítulo 5 señala que coincidió con un confinamiento temprano, sin atribuirle el resultado. En 2021, con la llegada de la variante gamma y un sistema hospitalario saturado, aumentó 59,8 %, frente a 34,3 % en la región: la segunda mayor alza del grupo, después de Perú (88,3 %). Medido sobre el bienio en conjunto, el exceso es menos extremo: la tasa promedio de 2020–2021 superó a la de 2019 en 34,4 %, la cuarta alza de los nueve —detrás de Perú (80,6 %), Bolivia (66,7 %) y Ecuador (45,2 %)— y algo mayor que la regional (28,4 %). Las estimaciones acumuladas de la ronda anterior del GBD (GBD 2021 Demographics Collaborators, 2024), que ubicaban el exceso paraguayo cerca de la media mundial y la esperanza de vida de 2021 en 72,2 años, fueron reemplazadas por la ronda 2023 y no son comparables con ella. No se pudieron obtener las estimaciones de exceso de mortalidad por país de la OMS (Msemburi et al., 2023), que permitirían una tercera opinión.

La recuperación fue apenas suficiente: según la proyección de las Naciones Unidas para 2024, la esperanza de vida paraguaya (74,0) superaba en 0,3 años la de 2019, un saldo menor que el de la región (+0,6) y que el de Perú (+1,7) o Colombia (+1,1); como los valores de 2024 son proyecciones, ese saldo depende de ellas. El GBD 2023 la ve todavía incompleta en 2023: la esperanza de vida seguía 0,5 años por debajo de la de 2019 y la mortalidad estandarizada, 5,2 % por encima, mientras en la región había vuelto al nivel previo (+0,7 %). Es decir, la pandemia no cambió la tendencia de largo plazo; la interrumpió y la dejó donde estaba.

Las secuelas en los servicios son más elocuentes (Gráfico 15.11). La mortalidad materna modelada subió de 58 a 140 por 100.000 nacidos vivos entre 2019 y 2021 y volvió a 58 en 2023; la registrada por el MSPBS alcanzó 159,9 en 2021, con alrededor de 70 % de muertes por causas indirectas. Las coberturas de vacunación sufrieron el golpe más prolongado: la DPT3 pasó de 86 % en 2019 a 70 % en 2021 y 69 % en 2022, y la primera dosis contra el sarampión cayó a 54 % en 2022, el valor más bajo de los nueve países en cualquier año del período. La recuperación de 2024 (80 % y 90 %, respectivamente) devolvió el sarampión a niveles prepandémicos, pero no la DPT3, que sigue por debajo de la mediana. Los registros administrativos del MSPBS dan coberturas aún menores (pentavalente 3 de 58 % en 2023, frente a 71 % de las estimaciones OMS/UNICEF).

Gráfico 15.11Secuelas de la pandemia en los servicios: mortalidad materna y coberturas de vacunación
Gráfico 15.11. Secuelas de la pandemia en los servicios: mortalidad materna y coberturas de vacunación

Fuente: Banco Mundial, WDI (estimaciones MMEIG 2000–2023 y OMS/UNICEF WUENIC); elaboración del Observatorio Económico UC.

15.10Síntesis: en qué está mejor, en qué peor y en qué se estancó el Paraguay

El Gráfico 15.12 resume el capítulo en un plano. El eje horizontal mide la brecha relativa actual de Paraguay frente a la mediana de los comparadores (positiva si está peor); el vertical, cuánto cambió esa brecha desde 2010 (positiva si se abrió). El Cuadro 15.6 ordena los indicadores en cuatro grupos.

Gráfico 15.12Síntesis: dónde está Paraguay frente a la región y hacia dónde se movió, ≈2010 → último dato
Gráfico 15.12. Síntesis: dónde está Paraguay frente a la región y hacia dónde se movió, ≈2010 → último dato

Fuente: tablero comparativo del capítulo (Banco Mundial, OMS, IHME-GBD 2023, UNESCO-UIS, OCDE, JMP); elaboración del Observatorio Económico UC.

Cuadro 15.6En qué está mejor, en qué peor y en qué se estancó Paraguay
GrupoIndicadorPRYMediana 8Brecha relativa ≈2010 → último
Mejor que la regiónDesnutrición crónica <5 (%, 2024, modelada)3,210,7+1 % → −70 %
Homicidios (por 100.000, 2023)6,89,9+109 % → −32 %
Prioridad fiscal de la salud (% gasto público, 2023)21,616,1−13 % → −26 %
Pobreza US$ 3,00 y US$ 4,20 (%, 2024)2,1 y 4,52,55 y 5,55+16 % y +11 % → −18 % y −19 %
Participación laboral femenina (%, 2024)58,953,2+3 % → −10 %
Desempleo (%, 2024)5,77,0−39 % → −19 % (ventaja reducida)
Peor, pero convergiendoMortalidad materna modelada (por 100.000, 2023; registrada por el MSPBS: 84,7)5853+92 % → +9 %
Gasto público en salud (% PIB, 2023)4,65,0+59 % → +7 %
Gasto de bolsillo (% gasto en salud, 2023)36,326,6+72 % → +37 %
Gasto público en educación (% PIB, 2024)3,55,0+70 % → +40 %
Mortalidad <5 años (‰, 2024)16,312,2+40 % → +34 %
Pobreza US$ 8,30 (%, 2024)20,519,0+17 % → +8 %
Peor y estancadoÍndice de capital humano (2020)0,530,60+14 % → +14 %
PISA matemática (puntos, 2022 → 2025)ᵃ334381+15 % → +14 %
Mortalidad prematura por ENT (%, 2021)ᵇ16,113,3+18 % → +21 %
Peor y divergiendoFecundidad adolescente (‰, 2024)70,242,2+15 % → +66 %
Sobrepeso <5 (%, 2024)15,49,5+10 % → +63 %
Tuberculosis (por 100.000, 2024)8149+51 % → +65 %
Pobreza de aprendizaje (%, 2013 → 2019)77,746,9+55 % → +66 %
Esperanza de vida (años, 2024, proyección)74,077,7+3 % → +5 %
Esperanza de vida saludable, EVISA (años, 2023, GBD 2023)62,366,2+4 % → +6 %

Brecha relativa: cociente entre Paraguay y la mediana de los ocho comparadores menos uno, orientado de modo que valores positivos indican que Paraguay está peor. Los grupos siguen la misma regla que el Cuadro 15.2 y el Gráfico 15.12: la brecha está «estancada» si cambió menos de 3 puntos logarítmicos y menos de una cuarta parte de su valor inicial (sección 15.3). En la esperanza de vida y en la esperanza de vida saludable el cambio es pequeño en puntos porcentuales, pero equivale a ampliar la brecha en la mitad (de 2,5 a 3,8 años frente a la mediana) y en dos tercios (de 2,4 a 3,9 años), respectivamente. La vacunación DPT3 también diverge (de 2 % a 6 % de brecha; Cuadro 15.2). (a) Puntajes de 2025 de los demás países de fuente secundaria, preliminares. (b) Año de pandemia; 16,5 % en 2019. Gasto público en educación: mediana con el dato de 2020 de Colombia, como en el capítulo 8.

Fuente: tablas/reg_sintesis.csv y tablas/reg_tablero.csv.

Dónde está mejor. Paraguay tiene hoy menos pobreza extrema que la mediana regional (con la línea de US$ 3,00 del Banco Mundial; con las de la CEPAL tiene más), menos desnutrición crónica infantil (según las estimaciones modeladas, que no reflejan la desnutrición de 31,5 % de los niños de hogares indígenas registrada por la MICS 2016), menos homicidios, una participación laboral femenina más alta y la mayor prioridad fiscal de la salud del grupo. Cuatro de esos cinco logros son de la última década y media: en 2010 Paraguay estaba peor que la mediana en pobreza extrema, homicidios, desnutrición y participación laboral femenina. También superó la mediana en el acceso a agua y saneamiento al menos básicos, en los que en 2000 estaba entre los últimos de la región (agua, noveno de nueve; saneamiento, séptimo) (Cuadros 15.2 y 15.3).

Dónde está peor, pero se acerca. En mortalidad materna modelada, agua gestionada de forma segura, gasto público en salud y en educación, participación del gasto de bolsillo en el gasto en salud y pobreza moderada, la brecha se redujo de manera sustancial, aunque persiste; en desigualdad del ingreso se redujo hasta quedar cerca de la mediana. Son las dimensiones donde la política pública actuó con instrumentos identificables: expansión de redes, partos institucionales, aumento del presupuesto del sector, transferencias monetarias. Dos de esas convergencias deben matizarse: la mortalidad materna registrada no acompañó a la modelada, cuyo modelo incorpora el ingreso y la atención del parto como covariables (sección 15.3), y el gasto de bolsillo no bajó como proporción del PIB (sección 15.4.4).

Dónde se estancó. El capital humano, el puntaje de PISA y la mortalidad prematura por enfermedades no transmisibles mantuvieron su brecha con la región. En aprendizajes, quince años de expansión de la escolaridad no movieron la distancia con la región.

Dónde se aleja. La fecundidad adolescente, el sobrepeso infantil, la tuberculosis (medida por la incidencia que estima la OMS; la carga que estima el GBD bajó) y la pobreza de aprendizaje son las divergencias más grandes. La esperanza de vida y la esperanza de vida saludable también divergen, con cambios pequeños en términos relativos pero que ampliaron en la mitad y en dos tercios la distancia en años con la mediana: la esperanza de vida paraguaya ganó 1,3 años entre 2010 y 2023 según las Naciones Unidas (de 72,6 a 73,8; 74,0 en la proyección para 2024), y la saludable perdió 1,3 años entre 2010 y 2023 según el GBD 2023 (de 63,6 a 62,3), una tendencia que debe leerse con la cautela del capítulo 5 (Recuadro 5.2). Estas divergencias tienen en común que dependen de servicios continuos y territorialmente extendidos —salud sexual y reproductiva para adolescentes, atención primaria con seguimiento nutricional y control de enfermedades crónicas, búsqueda activa de casos, apoyo pedagógico en el aula— y de cambios de comportamiento que el crecimiento del ingreso, por sí solo, no produce.

15.11Implicaciones para la política y para la agenda de datos

El espejo regional deja cinco implicaciones.

Primera: el problema no es solo de ingreso. Paraguay convergió en PIB per cápita (del 68 % al 82 % del promedio latinoamericano entre 2000 y 2024, en dólares PPA constantes de 2021) y en pobreza, pero no en salud ni en aprendizajes. Con su ingreso actual, la región predice para el país una esperanza de vida de 75,3 años, una mortalidad de menores de cinco años de 14 por 1.000, una fecundidad adolescente de 48 por 1.000 y un puntaje PISA de 374 puntos. Salvo en aprendizajes, esas distancias están dentro de la variación habitual de la región: señalan dónde mirar, no miden el rendimiento perdido.

Segunda: la prioridad presupuestaria de la salud está cerca de su techo. Con 21,6 % del gasto público destinado a salud, Paraguay ya prioriza el sector más que cualquiera de sus vecinos. Un aumento adicional del gasto público en salud hacia el 6 % del PIB que propone como referencia la Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2014) requiere ampliar la base fiscal, no reasignar dentro de un presupuesto que es el más pequeño del grupo. La reducción del gasto de bolsillo, por su parte, exige reducir la segmentación entre el IPS y el Ministerio de Salud, en la dirección que siguieron Colombia y Uruguay.

Tercera: las divergencias tienen nombre y población objetivo. Fecundidad adolescente, sobrepeso infantil, tuberculosis y aprendizajes no son problemas difusos: se concentran en adolescentes rurales e indígenas, en la primera infancia, en barrios urbanos densos y en el aula de la escuela pública. Los países que más redujeron la fecundidad adolescente en la última década —Chile, Uruguay y Argentina, con caídas de entre 58 % y 89 % desde 2010— muestran que la tasa puede bajar rápido; qué combinación de políticas lo explica excede este capítulo, pero la magnitud de esas caídas descarta que se trate de un fenómeno lento o puramente cultural.

Cuarta: la transición epidemiológica exige otro sistema. Un país con la tasa de AVISA por diabetes más alta de los nueve y con la mortalidad por enfermedad renal crónica en ascenso necesita un primer nivel capaz de detectar y acompañar enfermedades crónicas durante décadas, no solo de resolver episodios agudos. La red de Unidades de Salud de la Familia es la plataforma natural para esa transformación, pero todavía no cumple ese papel: sus coberturas administrativas departamentales van de 18,9 % en Central a 75,6 % en Ñeembucú (Ríos-González, 2025), y sin embargo en 2025 captó solo el 5,9 % de las consultas registradas por la EPHC; el primer nivel no se convirtió en la puerta de entrada del sistema (capítulo 6).

Quinta: el país necesita medir mejor para compararse mejor. Varias de las comparaciones de este capítulo descansan en estimaciones modeladas porque faltan datos nacionales recientes: no hay encuesta antropométrica desde 2016, no hay medición de gasto catastrófico desde 2011, Paraguay no reporta matrícula terciaria a la UNESCO desde 2010, y las series de recursos humanos en salud tienen quiebres. Las discrepancias entre fuentes —mortalidad materna registrada y modelada, fecundidad del INE y de las Naciones Unidas, consumo de tabaco de la OMS, de la encuesta STEPS y del GBD, tuberculosis notificada y carga estimada, pobreza extrema del INE y de la CEPAL— no pueden resolverse desde afuera. Una agenda mínima incluiría una nueva encuesta de demografía y salud con módulo antropométrico, una encuesta de ingresos y gastos con módulo de salud, y la publicación sistemática de estadísticas vitales con estimación del subregistro.

El espejo regional, en suma, no devuelve la imagen de un país estancado sino la de un país que creció y redujo la pobreza con rapidez, que mejoró sus servicios básicos y que aumentó como pocos la prioridad de la salud en su presupuesto, pero que no logró convertir esos avances en años de vida, en salud y en aprendizajes al ritmo de sus vecinos. Cerrar esa distancia es, más que cualquier meta de ingreso, la tarea pendiente de la próxima década.

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