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Observatorio Económico · FCCAE-UC← Historia económica
Carlos A. Pedretti · vida y obra económica

Cuarta parte · La obra, 1941-1947

CAPÍTULO N° 18

El edificio

La casa que el régimen cambiario se construyó, 1941-1945

Lectura de unos 34 minutos · 25 notas

Frente principal del nuevo edificio del Banco de la República, en construcción. Lámina de la Memoria del ejercicio 1942: cuatro plantas sobre basamento almohadillado, orden gigante
Frente principal del nuevo edificio del Banco de la República, en construcción. Lámina de la Memoria del ejercicio 1942: cuatro plantas sobre basamento almohadillado, orden gigante de pilastras, cuerpo central con frontón sobre tres arcos y ático corrido. La firma del ángulo inferior derecho no ha podido identificarse.

Sobre Independencia Nacional, esquina Cerro Corá, sigue en pie el único objeto material que el régimen cambiario de 1941 dejó a la vista de todos. El banco emisor lo decidió en 1942, lo pagó con sus propias utilidades, lo encargó a proyectistas y constructoras de Buenos Aires, esperó más de un año los materiales que la guerra retenía y lo inauguró el 27 de diciembre de 1945. Los decretos, las memorias, el balance y el discurso inaugural permiten reconstruir la obra y seguir la idea que la atraviesa: una renta que no figuraba en ningún presupuesto se hizo visible una sola vez, y fue en piedra.

Un edificio como documento

En 1982, cuando Alfredo M. Seiferheld le preguntó por su salida del banco emisor, Carlos A. Pedretti cerró la respuesta con una cláusula subordinada que es a la vez la más amarga de todo su testimonio y la más exacta: había renunciado, dijo, «antes de asumir la grave responsabilidad de permitir la destrucción del Banco, como ocurrió después, no quedando en pie sino su edificio».1 El edificio sigue, en efecto, donde estaba. Ocupa la esquina de Independencia Nacional y Cerro Corá, a media cuadra de la Plaza de la Democracia, y es hoy la casa matriz del Banco Nacional de Fomento. Sobrevivió al Banco de la República del Paraguay, que en 1944 se transformó en Banco del Paraguay; a éste, que en 1952 se desdobló para dar origen al Banco Central del Paraguay; al régimen cambiario que lo pagó, que empezó a desarmarse en 1947; y al hombre que lo encargó, muerto en 1995 a los noventa y tres años.

Un edificio bancario es un documento. Dice, en piedra y en presupuesto, qué creía de sí misma la institución que lo levantó y con qué dinero lo hizo. En este caso la segunda pregunta pesa más que la primera, porque el dinero tenía una naturaleza particular. Desde el Decreto-Ley N° 5.017 del 10 de febrero de 1941, el Banco de la República era el único comprador y el único vendedor legal de divisas del país. El exportador debía venderle la totalidad de las que obtenía, a un precio que el propio banco fijaba —el tipo de expropiación, llamado así porque la divisa se tomaba por imperio de la ley—, y el importador sólo podía comprárselas a él, a otro precio también fijado por el banco, el tipo de venta. La diferencia entre ambos, multiplicada por el volumen de divisas que pasaba por la ventanilla —en términos simples, (tv − tc) × V—, era la renta cambiaria, que las memorias llaman «beneficio de cambio». Ninguna ley de impuestos la había creado, ningún presupuesto la mostraba como recurso y nadie la pagaba con ese nombre: el público veía sólo un tipo de cambio que se mantenía, año tras año, en 77 pesos de curso legal por peso argentino. Era una renta invisible. Una parte se transfería al Estado y se repartía por decreto; otra quedaba en el banco como ingreso propio. El edificio de Independencia Nacional es el único lugar donde esa renta se dejó ver.

La historia de la obra puede reconstruirse con precisión. La sostienen dos decretos del Poder Ejecutivo, de 1941 y de 1942; la sección que la Memoria del banco de 1942 le dedica, con el dibujo del frente; el párrafo de la Memoria de 1943 sobre los materiales; el balance al 31 de diciembre de 1945, donde la obra aparece contabilizada; y el discurso con que Pedretti la inauguró, que la Memoria de ese año reproduce. Leídas juntas, esas piezas cuentan cómo se decidió, quién la proyectó, con qué se pagó, por qué tardó y qué quiso decir el banco al levantarla.

De la ampliación a la obra nueva: los decretos de 1941 y 1942

La primera decisión no fue construir sino agrandar. El Decreto N° 7.177 del 4 de junio de 1941, dictado cuatro meses después del control total de cambios, autorizó al Banco de la República «a invertir el 90 % de las utilidades del ejercicio 1940 en la ampliación del local que actualmente ocupa». El local era la casa de la esquina de Estrella y Chile, el antiguo edificio del Banco Mercantil, al que la Oficina de Cambios se había mudado años antes desde un edificio de la calle Palma N° 182, y que el banco creado en febrero de 1936 había heredado junto con el resto del aparato de la Oficina liquidada.2

Un año más tarde la ampliación quedó abandonada. El Decreto N° 13.308 del 29 de junio de 1942 modificó el anterior a pedido expreso del banco, formulado en su nota N° 260 del 27 de junio, y su considerando explica el cambio de escala: «Que teniendo en cuenta el considerable incremento de las operaciones de dicho Banco en estos últimos tiempos, es necesario encarar la construcción de un local adecuado a sus necesidades presentes y a su futura expansión».3 El «considerable incremento de las operaciones» tiene una medida exacta. Las divisas de exportación compradas por el banco pasaron de 5.235.000 pesos oro sellado en 1940 —el 46 % de una exportación FOB de 11.385.000— a 8.574.000 en 1941, el 57 % de 15.132.500, y a 13.508.000 en 1942, el 82 % de 16.540.000.4 En tres años el banco pasó de captar menos de la mitad del flujo exportador a captar cuatro quintas partes. La casa se quedó chica porque el monopolio cambiario había convertido a la institución en la contraparte obligada de casi todo el comercio exterior del país, y el edificio se decidió en el mismo año en que esa conversión se completaba. La serie y el comercio que la sostenía se estudian en la base del éxito.

Tres compras sobre Independencia Nacional

El artículo 1° del Decreto N° 13.308 autoriza las compras y permite reconstruir cómo se armó el predio. Las tres propiedades están sobre Independencia Nacional, entre 25 de Mayo y Cerro Corá; el precio se pacta por metro cuadrado, y el decreto añade que «el pago se efectuará al contado y los gastos de escrituración correrán por cuenta del comprador».

Cuadro 18.1. Los inmuebles comprados para el nuevo local del Banco de la República (1942)
VendedorUbicaciónPrecio pactado
Alfredo J. Weber25 de Mayo e Independencia Nacional5.500 pesos c/l el metro cuadrado
Luis TrasfíIndependencia Nacional N° 2215.300 pesos c/l el metro cuadrado, más 239.900 pesos c/l de indemnización por mejoras
Francisca Rius vda. de CasacciaIndependencia Nacional y Cerro Corá5.000 pesos c/l el metro cuadrado

Fuente: Decreto N° 13.308 del 29 de junio de 1942, art. 1°, Registro Oficial de la República del Paraguay, año 1942, segundo trimestre, p. 712. El ejemplar del Registro permite leer «Trafí»; se sigue la grafía «Trasfí» de la Memoria del banco de 1942. La superficie de cada lote no consta en el decreto.

El decreto no consigna la superficie de los lotes, de modo que el precio total no puede calcularse a partir de él. Lo da la Memoria del banco correspondiente a 1942: las tres adquisiciones sumaron 15.218.520 pesos de curso legal, unos 152.000 guaraníes a la paridad que se fijaría al año siguiente, cien pesos por guaraní. La misma Memoria anuncia que «se adquirirá otra fracción adyacente para completar la superficie necesaria», de modo que esa cifra corresponde al núcleo del terreno y no necesariamente al predio final. Y aporta dos datos más. El primero es ortográfico: el segundo vendedor se llamaba Luis Trasfí, y no Trafí, como permitía leer el ejemplar del Registro Oficial. El segundo es un proyecto descartado. Antes de comprar sobre Independencia Nacional, el directorio había pensado en la manzana que ocupaba el Mercado Central, y «a fin de evitar repercusiones inconvenientes» desistió.5 La fórmula no dice cuáles serían esas repercusiones; el objeto sugiere la más evidente, que desalojar el principal mercado de abasto de la capital para alojar al banco emisor era un costo político que el directorio prefirió no pagar.

El artículo 2° del decreto es el que importa para el resto de esta historia, y conviene leerlo entero: «Autorízase al expresado Banco a invertir en la adquisición de las propiedades mencionadas en el artículo anterior y en la construcción de su nuevo local, las utilidades de los ejercicios correspondientes a los años 1940 y 1941».6 La cuestión de con qué se pagaría el edificio queda resuelta así por vía documental y no por testimonio: con las utilidades del propio banco emisor, y no con partida alguna del presupuesto. Los dos ejercicios nombrados tienen además un significado preciso. El de 1940 es el último anterior al control total de cambios, y Pedretti sólo presidió sus dos meses y medio finales; el de 1941 es el primero bajo el monopolio.

De qué estaban hechas las utilidades

La palabra que el decreto emplea es «utilidades», no «beneficios de cambio», y la distinción contable no es ociosa. La Memoria de 1941 asienta el beneficio de cambio en el debe de la cuenta de resultados, como transferencia al Gobierno en cumplimiento del artículo 2° de la Ley N° 256 de 1939; las ganancias del banco son lo que queda después de esa salida. En sentido estricto, entonces, el edificio no se pagó con la renta cambiaria que pertenecía al Estado. Pero la frontera entre una cosa y otra es más delgada de lo que el vocabulario sugiere: de los 245,6 millones de pesos de curso legal que el banco ingresó en 1941, el 77 % procedía del régimen cambiario.7 Las utilidades del banco eran, en su mayor parte, un producto del monopolio que administraba.

Mientras tanto, la porción que correspondía al Estado se repartía por decreto entre destinos presupuestarios cada vez más amplios. El Decreto-Ley N° 5.072 del 13 de febrero de 1941 afectó el 37 % del beneficio de cambio al servicio de la Deuda Interna Garantizada 1940/45, el 20 % a amortizar préstamos para la Defensa Nacional y adelantos a la Tesorería hechos por el propio banco, y el 10 % a la Tesorería General; el N° 11.876 de abril de 1942 destinó un 20 % al servicio de un crédito para construcciones militares; y el artículo 4° del N° 14.536 del 11 de setiembre de 1942 repartió el ciento por ciento de los beneficios de cambio de las exportaciones aforadas —las valuadas por el banco a precios oficiales, el aforo, para fijar cuántas divisas debía entregar cada exportador— entre cuatro destinos.8 El edificio no figura entre ellos. La reconstrucción completa de ese reparto está en la renta cambiaria; aquí basta con trazar la frontera.

La formulación exacta, por lo tanto, no es que el edificio se pagara con la renta cambiaria del Estado, sino algo más sutil y más revelador: se pagó con la parte de los ingresos del monopolio que el banco tenía derecho a retener. No salió del bolsillo del Tesoro; salió del margen que el monopolio le dejaba a su administrador. Es, en ese sentido preciso, la obra más visible que el control de cambios financió, y la única que sigue en pie.

Quién lo proyectó y quién lo construyó

La autoría del edificio ha llegado hasta hoy en dos versiones que parecen rivales y en realidad se complementan. La primera es la de la institución sucesora del emisor, que la toma de declaraciones del propio Pedretti: «La obra fue proyectada por arquitectos argentinos: Luis María de la Torre, Ferruccio Corbellani y Roberto Cardini, los ingenieros Guillermo Atarés y Eduardo Coll Benegas, con la supervisión del arquitecto paraguayo Francisco Canese». La segunda es la de la historiografía de la arquitectura rioplatense, que atribuye el proyecto a la colaboración de Corbellani «con el arquitecto italiano Roberto Cardini, quien residía en la Argentina, y con el estudio de Gregorio Sánchez, Ernesto Lagos y Luis María de la Torre».9

Las dos versiones se reconcilian sin esfuerzo, porque el Luis María de la Torre que nombra la fuente paraguaya es el tercer socio del estudio Sánchez, Lagos y de la Torre, autor de algunos de los grandes edificios porteños de los años treinta. Difieren sólo en la nacionalidad de Cardini, argentino para una e italiano residente en la Argentina para la otra, y en que una nombra a los ingenieros y la otra no. Según un testimonio visual de segunda mano, la reconciliación está escrita además sobre el muro del propio edificio, en una placa de dos renglones: «R. J. Cardini y F. Corbellani, arquitectos» y, debajo, «Sánchez, Lagos y de la Torre, arquitectos». El banco emisor del Paraguay encargó su casa a uno de los estudios más prestigiosos de Buenos Aires en los mismos meses en que su gerente general, M. Harmodio González, trabajaba en los Estados Unidos junto al Tesoro y a la Reserva Federal, y un año antes de que Bray Hammond y Robert Triffin llegaran a Asunción para preparar la reforma monetaria. La elección no fue un detalle de gusto: es coherente con la idea que la institución tenía de sí misma.

La ejecución fue igualmente argentina y se adjudicó sin competencia efectiva. «La ejecución de las obras estuvo a cargo de las empresas argentinas Acevedo y Shaw S.A. y Compañía Americana de Obras Públicas, que fueron las únicas en presentarse a la respectiva licitación pública», dice la misma fuente institucional. Acevedo y Shaw era una de las mayores constructoras del Río de la Plata. Que a una licitación de esa escala se presentaran sólo dos empresas, y ambas extranjeras, dice algo sobre el mercado paraguayo de la construcción en 1942 y algo también sobre el tamaño de la obra en relación con el país. De la supervisión local quedó a cargo Francisco Canese, el arquitecto que el banco designó para fiscalizar la parte técnica.

La Memoria de 1942: licitación, contrato y financiamiento

La Memoria del Banco de la República correspondiente al ejercicio 1942 dedica a la obra una sección propia, «3. Construcción del nuevo local», que cierra casi todas las preguntas abiertas por el decreto. Su primer párrafo es el de las compras, ya citado. El segundo describe el contrato, y cada frase aporta un dato que no consta en ninguna otra parte:

«En la licitación pública para la elaboración del proyecto y ejecución de la obra, sólo se presentaron la Compañía Argentina de Construcciones Acevedo y Shaw S. A. y la Compañía Americana de Obras Públicas S. A., a las cuales fueron adjudicados los trabajos. Estos se harán administrativamente, bajo la fiscalización del Banco y, en la parte técnica, del arquitecto designado por éste, señor Francisco Canese. Los contratistas cobrarán por sus servicios y aportes un porcentaje calculado sobre el costo del edificio, y tendrán la obligación de elaborar el proyecto completo, dirigir la construcción, proporcionar por su cuenta el equipo de máquinas y herramientas necesario, contratar el personal, adquirir en el extranjero con autorización del Banco los materiales que no fuere posible obtener en el país y tramitar los permisos de exportación respectivos. El costo de la obra será cubierto con utilidades del Banco.»

Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1942

Lo primero que el pasaje resuelve es la modalidad. La obra no se contrató a precio cerrado sino «administrativamente», por administración: el banco pagaba el costo efectivo de materiales y mano de obra y los contratistas cobraban un porcentaje sobre ese costo. Es un contrato que traslada al comitente todo el riesgo de precios y que, por su propia construcción, no premia la economía, porque el honorario crece con el gasto. En 1942, con los materiales importados sujetos a permisos de exportación y a la guerra marítima, un precio cerrado habría sido difícil de obtener y caro de pactar; la contrapartida fue que el banco quedó expuesto a cualquier encarecimiento de la obra. Lo segundo que el pasaje resuelve es la autoría: el proyecto lo elaboraban los contratistas. Los arquitectos argentinos trabajaban, por tanto, para las empresas adjudicatarias, y Canese era el arquitecto del comitente. La grafía de su apellido queda además confirmada por el impreso.

Lo tercero es el financiamiento, dicho dos veces en la misma sección —«El costo de la obra será cubierto con utilidades del Banco»— y rematado en otro capítulo de la Memoria con una fórmula que no deja lugar a dudas sobre la confianza del directorio en sus propios números: «Mediante estos resultados, el Banco costeará con holgura su nuevo local».10 Los resultados eran los de 1942, un año en que las utilidades del banco habían crecido un 54 % sobre las de 1941.

El alzado del frente principal

La Memoria de 1942 incluye, en sus primeras páginas, una lámina con el alzado del frente principal, rotulada «Frente principal del nuevo edificio del Banco de la República (en construcción)» y firmada en el ángulo inferior derecho por una mano que no ha podido identificarse. Es el documento gráfico del proyecto y encabeza esta página. Muestra cuatro plantas sobre un basamento almohadillado, es decir de sillares con las juntas rehundidas; un orden gigante de pilastras de dos plantas de altura; un cuerpo central con frontón triangular sobre tres arcos; un ático corrido que remata toda la fachada; y un desarrollo horizontal muy largo sobre Independencia Nacional.

Del edificio construido, la documentación disponible describe poco y coincide en el estilo. Pedretti lo llamó, en 1982, «de arquitectura clásica estilizada», y la expresión es exacta para lo que muestra el dibujo. La prensa asuncena lo ha descrito como «de estilo neoclásico y monumentalista» y ha añadido que «hay quienes le ven influencias del Palacio de Buckingham», juicio que la literatura académica repite y que se comprende a la vista del alzado. Un arquitecto paraguayo lo sitúa «entre clasicista y monumentalista» y lo juzga «construido con una calidad de diseño y ejecución probablemente única en el país».11 No se ha localizado, en cambio, dato alguno sobre su superficie, su sistema estructural, sus materiales, su bóveda o sus elementos decorativos. La ausencia es de las fuentes consultadas, no del objeto: esos datos deben de estar en el expediente de obra del banco y en el permiso municipal.

Fachada clásica del edificio del Banco del Paraguay
El edificio del Banco del Paraguay, de arquitectura clásica estilizada, construido en poco más de dos años y costeado con las utilidades del propio banco.

La obra que esperó a la guerra

Entre la licitación de 1942 y cualquier noticia de obra hay un hueco de más de un año. La Memoria de 1943 lo llena en un párrafo, y la explicación ata el edificio a la guerra mundial y a la política exterior:

«A mediados de agosto del año pasado, el gobierno argentino expidió un decreto por el cual se autorizó la exportación, sin discriminación, de todos los materiales que fuesen necesarios para la construcción del nuevo local del Banco de la República del Paraguay. Mediante esta cooperación efectiva, que compromete nuestra gratitud hacia el gobierno de la nación hermana, ha podido empezar en setiembre la parte constructiva del edificio, y se abriga el propósito de inaugurarlo a fines de 1944. En estos momentos trabajan en la obra más de 200 obreros. Urge la habilitación del nuevo local porque constituye la condición indispensable para la ampliación y mejoramiento integral de los servicios de la institución.»

Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1943, p. 21

El edificio no se demoró por falta de fondos ni por indecisión: se demoró porque no había materiales. La guerra en el mar y el control argentino de las exportaciones de insumos estratégicos mantuvieron la obra parada desde la adjudicación hasta que un decreto del gobierno argentino, de mediados de agosto de 1943, liberó esos insumos «sin discriminación».12 Dos años después, en el discurso inaugural, Pedretti nombraría al presidente argentino que lo había firmado: el general Pedro P. Ramírez, que había asumido el 7 de junio de 1943, tras el golpe militar del día 4.13 La versión institucional posterior pone el acento en otro lado —la obra «se inauguró recién en 1945, por inconvenientes surgidos por la Guerra Mundial, que entorpecían la llegada de materiales de Europa»— y la Memoria de 1945 habla de la escasez «de los materiales que era indispensable importar, que representaban una elevada proporción en el conjunto a causa de las características propias de la obra». Las tres fuentes coinciden en la causa, la importación imposible, y difieren en el origen de los materiales que la retrasaron.

El calendario convierte al edificio en un episodio de política exterior. El decreto argentino es de agosto de 1943. El 6 de noviembre siguiente entró en vigencia el guaraní, que fijó el peso argentino en 0,77 guaraníes, y once días después, el 17 de noviembre, se suscribieron el tratado de comercio y el convenio de pagos con la Argentina. La casa del banco emisor paraguayo se levantó con materiales argentinos liberados por un decreto argentino, la proyectaron y la ejecutaron empresas argentinas, y su obra empezó en el mismo semestre en que el Paraguay estrenaba una moneda definida respecto del peso argentino y firmaba con Buenos Aires su primer instrumento económico bilateral. No es una coincidencia de calendario: es parte del mismo movimiento, que siguió en 1945 con la intervención de Raúl Prebisch, contada en 1945.

Cuadro 18.2. Cronología documentada de la obra
FechaHechoFuente
4-VI-1941Decreto N° 7.177: el 90 % de las utilidades de 1940, para ampliar la casa de Estrella y ChileDecreto N° 13.308, considerando 1°
29-VI-1942Decreto N° 13.308: compra de tres inmuebles; utilidades de 1940 y 1941 para terreno y obraRegistro Oficial 1942, p. 712
1942Se desiste de la manzana del Mercado Central «a fin de evitar repercusiones inconvenientes»Memoria 1942
1942Compra a Weber, Trasfí y Rius vda. de Casaccia por 15.218.520 pesos c/lMemoria 1942
1942Licitación con dos oferentes, ambos adjudicatarios; obra por administración; Canese, arquitecto del bancoMemoria 1942
Mediados de VIII-1943Decreto del gobierno de Pedro P. Ramírez: exportación sin restricciones de los materialesMemorias 1943 y 1945
IX-1943Comienza la parte constructiva (la Memoria de 1945 sitúa el inicio a fines de octubre)Memoria 1943
Comienzos de 1944Más de 200 obreros en la obra; se proyecta inaugurar a fines de 1944Memoria 1943
1944Contrato de los billetes del guaraní con Thomas de la Rue, con el nuevo edificio en el reversoMemoria 1945
27-XII-1945Inauguración, «a los dos años y dos meses de iniciada la construcción»Memoria 1945
31-XII-1945Balance: edificio en construcción, ₲ 2.031.163,33; materiales, ₲ 213.308,89Memoria 1945
Mediados de 1946Comienza el canje por los billetes que llevan el edificioMemoria 1946

Fuente: Decreto N° 13.308 del 29 de junio de 1942; Banco de la República del Paraguay, memorias de los ejercicios 1942 y 1943; Banco del Paraguay, memorias de los ejercicios 1945 y 1946.

Una divergencia queda sin resolver. La Memoria de 1943 dice que la parte constructiva empezó en setiembre de 1943. La de 1945 dice que la inauguración ocurrió «a los dos años y dos meses de iniciada la construcción», lo que sitúa el comienzo a fines de octubre. La diferencia es de un mes y puede deberse a que una fecha marque la orden de inicio y la otra el comienzo de una etapa determinada; las fuentes no lo aclaran y no hay base para elegir. La fecha de la inauguración, en cambio, es firme: el 27 de diciembre de 1945, según la Memoria del ejercicio.

La aritmética del costo

Sobre lo que costó el edificio hay tres afirmaciones de tres momentos distintos, y conviene examinarlas por separado antes de compararlas. La primera es la del decreto de 1942, que autorizó a invertir en terreno y obra las utilidades de 1940 y 1941. La segunda es la del discurso inaugural de 1945, según el cual el banco «ha podido costear esta construcción sólo con las utilidades de un año y medio». La tercera es la de Pedretti en 1982, la única que da una cifra total.14

«Se construyó en el plazo de dos años y su costo fue de 3.300.000 (tres millones trescientos mil guaraníes), del valor de esa época, equivalente a un poco más de un millón de dólares, costo que incluía el equipamiento y fue financiado con las utilidades de dos ejercicios financieros del Banco.»

Carlos A. Pedretti, declaraciones recogidas por el Banco Central del Paraguay y entrevista con Alfredo M. Seiferheld, 1982

Las cuentas del banco permiten poner esas afirmaciones en una escala común. Un guaraní equivale a cien pesos de curso legal, la unidad en que se llevaron las cuentas hasta noviembre de 1943. Las utilidades del banco fueron de 26,2 millones de pesos en 1940, 66,0 millones en 1941 y 101,9 millones en 1942; la Memoria de este último año registra «un aumento en el último ejercicio del 289 % con relación a 1940 y del 54 % con respecto a 1941».15 Ya en guaraníes, las ganancias netas fueron de 1.019.435 en 1942, de 1.053.129 en 1943 y de 1.580.000 en 1945. Las utilidades de 1940 y 1941 que el decreto afectó sumaban 92,2 millones de pesos, unos 922.000 guaraníes: cubrían con holgura el terreno, que había costado 15,2 millones de pesos, pero no el edificio.

El balance general al 31 de diciembre de 1945 da la cifra contable de la obra. El Departamento Bancario registra, dentro de «Otras Cuentas», la partida «Edificio en Construcción», por 2.031.163,33 guaraníes, y la de «Materiales de Construcción», por 213.308,89: un costo contabilizado de 2.244.472,22 guaraníes.16 La comprobación del discurso es entonces una cuenta simple. Año y medio de utilidades al ritmo de 1942 da 1,5 × 1.019.435 = 1.529.153 guaraníes; al ritmo de 1945, 1,5 × 1.580.000 = 2.370.000. La cifra del balance cae dentro de ese intervalo. La frase de Pedretti no era una figura retórica sino una magnitud contable, y se verifica con dos partes del mismo documento.

Cuadro 18.3. Las cifras del costo del edificio
ConceptoPesos de curso legalGuaraníes
Utilidades del banco, 194026.200.000262.000
Utilidades del banco, 194166.000.000660.000
Utilidades del banco, 1942101.900.0001.019.435
Utilidades del banco, 1943—1.053.129
Utilidades del banco, 1945—1.580.000
Terreno: tres compras de 194215.218.520152.185
Edificio en construcción, 31-XII-1945—2.031.163,33
Materiales de construcción, 31-XII-1945—213.308,89
Total contabilizado al 31-XII-1945—2.244.472,22
Costo total declarado por Pedretti en 1982, con equipamiento—3.300.000

Fuente: Banco de la República del Paraguay, memorias de los ejercicios 1941 y 1942; Banco del Paraguay, Memoria del ejercicio 1945, balance general; Pedretti, declaraciones de 1982. Las utilidades de 1940 y 1941 en guaraníes y el terreno en guaraníes son conversiones a razón de cien pesos por guaraní; las de 1940 y 1941 están redondeadas.

Queda la cifra de 1982, que no coincide con la del balance: 3.300.000 guaraníes contra 2.244.472. Las fuentes no explican la diferencia. Sólo permiten constatar que miden cosas distintas: el balance de 1945 registra la obra en curso y los materiales en depósito cuatro días después de la inauguración, y la cifra de 1982 dice incluir el equipamiento. Lo mismo vale para los ejercicios. El decreto de 1942 afectó las utilidades de 1940 y 1941, que alcanzaban para el terreno; el discurso de 1945 habla de un año y medio de utilidades, y el balance lo respalda; la entrevista de 1982 habla de «dos ejercicios financieros», sin decir cuáles. Las tres formulaciones se registran tal como están y no se promedian. Lo que todas comparten, y lo que importa, es que ninguna menciona un peso del Tesoro.

El 27 de diciembre de 1945

La Memoria del ejercicio describe el acto con la sobriedad administrativa de la casa. El edificio se inauguró «después de vencidas múltiples dificultades, especialmente las derivadas de la escasez de los materiales que era indispensable importar». Asistieron el presidente de la República, general de división Higinio Morínigo, ministros secretarios de Estado, diplomáticos extranjeros, consejeros de Estado y autoridades civiles, militares y eclesiásticas. La bendición estuvo a cargo del obispo coadjutor, monseñor Aníbal Mena Porta. Pedretti pronunció el discurso de inauguración y le siguió en el uso de la palabra el ministro de Hacienda interino, Alfonso E. Dos Santos, que expuso su programa financiero.17

El banco quiso, además, que el acto pareciera modesto. Pedretti lo dijo al final de su discurso: «hemos preferido realizar este acto sencillo y donar la suma de diez mil guaraníes a instituciones de beneficencia para que compartan también los humildes nuestra alegría».18 La donación era menos del uno por ciento de las utilidades del año, y el gesto tiene la misma lógica que el resto del discurso: anticipar la objeción de que un banco oficial de un país pobre gastaba en monumentos.

El discurso: el régimen contado por su administrador

El discurso es la pieza retórica más extensa que Pedretti dejó de su paso por el banco, y su estructura es la de toda su gestión: dos problemas, dos soluciones, un resultado. Empieza fechando su propio comienzo y el del régimen:

«Al hacernos cargo, a mediados de octubre de 1940, de la presidencia del Banco de la República del Paraguay, con que nos honró el primer magistrado de la Nación general don Higinio Morínigo, tuvimos que afrontar dos problemas de vasta trascendencia, que desde años atrás constituían una grave preocupación para el país: la persistente inestabilidad y progresiva desvalorización de nuestra moneda y la ineficacia del sistema bancario para la indispensable activación de nuestra economía. […] Terminar con la inestabilidad monetaria, agravada por la situación internacional, fué el primer objetivo abordado con la sanción del decreto ley 5.017 el 10 de febrero de 1941. En aquel momento la escasez de divisas era angustiosa; las reservas del Banco de la República habían descendido a 917.000 guaraníes y la relación entre dichas reservas y los billetes en circulación era apenas del 9,3 %.»

Carlos A. Pedretti, discurso de inauguración del edificio del Banco del Paraguay, 27 de diciembre de 1945

Es la misma cifra y la misma fecha que la Memoria de 1943 había usado como punto de partida: cinco años después, el relato es idéntico, y esa constancia es en sí misma un dato sobre el personaje.19 Frente a ella, el discurso puso la cifra de llegada: el Fondo de Estabilización Monetaria —la reserva de oro y divisas que respaldaba al guaraní— alcanzaba «en estos momentos, la suma de 32 millones de guaraníes, que representa el 117,7 % de los billetes en circulación». El balance del quinquenio y su contexto se examinan en 1945. Siguen el segundo problema —«la falta de interés de los bancos, con excepción del Agrícola, por el estímulo de las actividades productivas […] y la disposición discrecional de los depósitos del público sin ninguna fiscalización por parte del Estado»— y sus dos remedios: la ley de bancos para el segundo defecto y la creación del Banco del Paraguay, «con carácter de ente autárquico», para el primero, ambos tratados en el Banco del Paraguay.

Y llega entonces a la explicación del edificio, que Pedretti hace derivar del régimen y no de una decisión edilicia: «La concentración de las operaciones de cambio en el Banco del Paraguay, la diversidad de sus funciones y la amplitud de sus medios, tuvieron como resultado el gran crecimiento de la institución y correlativamente la insuficiencia de su antigua casa». En la argumentación de su propio comitente, el edificio es una consecuencia física del monopolio cambiario. Enseguida viene el párrafo defensivo, que conviene leer entero porque anticipa la objeción antes de que nadie la formule:

«Sería lamentable si se interpretara esta obra como un vanidoso alarde, un dispendio o un esfuerzo desproporcionado a la capacidad financiera del Banco del Paraguay. Sería más exacto considerarla como la concreción de un afán de hacer las cosas bien; como una inversión provechosa, pues los edificios bancarios en todos los países se caracterizan por su magnificencia, de gran importancia psicológica para los bancos, dada la índole de sus actividades; como índice de la prosperidad del Banco del Paraguay, que ha podido costear esta construcción sólo con las utilidades de un año y medio, utilidades que son indiscutibles porque son legítimas y revierten totalmente en beneficio de la Nación; como una obra educadora; y, finalmente, como una prueba más del espíritu constructivo de la Revolución Paraguaya.»

Carlos A. Pedretti, discurso del 27 de diciembre de 1945

El discurso declara también el partido arquitectónico, y es la única fuente que lo hace en primera persona: «La arquitectura del edificio que hoy inauguramos se inspira en el estilo clásico latino, porque es el que más condice con el espíritu de una institución permanente y tan importante como el Banco del Paraguay». Enumera los atributos por los que quiere que se lo juzgue —«su sobria elegancia, la lógica y sencilla distribución de los ambientes, sus modernas instalaciones y comodidades destinadas al mejor servicio del público y al mayor rendimiento del personal y la seguridad que ofrece para la guarda de los valores en él depositados»— y fija a la obra una triple finalidad: «proveer al Banco de un local adecuado a su importancia, apto para el eficaz desempeño de sus múltiples funciones y digno de su jerarquía institucional; a la vez contribuir al mejoramiento edilicio de nuestra capital y abrir nuevas perspectivas a la edificación».20

Reconoce, por último, a quienes la hicieron: al gobierno de Pedro P. Ramírez por el decreto de los materiales, a «las dos empresas constructoras argentinas que se encargaron de elaborar el proyecto y de su ejecución», a los subcontratistas, técnicos y obreros especializados nacionales y extranjeros, y a «los empleados y obreros paraguayos que aprovecharon esta ocasión para aumentar sus conocimientos y habilidad en las diversas ramas de la industria de la construcción». Es, de paso, una defensa de la obra como escuela de oficios, la «obra educadora» del párrafo anterior. Y en el mismo discurso, al hablar de la reforma, dejó la frase que desautoriza de antemano el epíteto de «creador» que le adjudicaría la posteridad: «No se puede atribuir a nadie en particular la reforma monetaria y la bancaria realizada durante el pasado quinquenio, que culminaron con la creación del guaraní y del Banco del Paraguay, uno de cuyos detalles es este edificio».21 El edificio entra en esa frase como un «detalle» de la reforma. Es, también, el único detalle que se podía tocar.

«De gran importancia psicológica para los bancos»

La expresión es la declaración explícita, hecha por su propio comitente, de que el edificio cumplía una función que no era la de albergar oficinas. Para entenderla hay que recordar qué clase de banco lo construía. Un banco emisor bajo patrón oro promete convertir sus billetes en metal a la vista; su credibilidad se apoya en esa promesa y en la reserva que la respalda. El Banco del Paraguay no prometía nada de eso. El guaraní no era convertible —nadie podía presentarse en la ventanilla a cambiar billetes por oro a un precio legal— y la cobertura de sus billetes era un resultado de su política, no una obligación que alguna norma le impusiera. El valor de la moneda descansaba en la palabra de la institución y en un Fondo de Estabilización Monetaria cuyo tamaño conocía sólo quien leía los balances. Un banco así necesita que su palabra parezca sólida, y la solidez de un banco se comunica en piedra desde que existen los bancos.

El argumento de Pedretti era enteramente correcto y es también enteramente revelador. El mismo hombre que condujo la construcción de un sistema monetario cuya credibilidad descansaba en un fondo invisible levantó a la vez su representación visible. La fachada de orden gigante y frontón clásico, encargada a un estudio de Buenos Aires, era la forma pública de una cifra de balance. Y el dinero con que se pagó cerraba el círculo. La renta cambiaria era, en sustancia, un impuesto sobre el comercio exterior: la soportaban los exportadores, que entregaban sus divisas al tipo de expropiación, y los importadores, que las compraban al tipo de venta. Ningún cuerpo legislativo la había votado —todas las normas del período fueron decretos-leyes de un gobierno que concentraba la facultad de legislar, como se explica en Morínigo y la llegada al banco—, y ningún presupuesto la mostraba. El edificio hizo visible por una vez lo que el sistema mantenía fuera de la vista.

Por eso la defensa de Pedretti se construye exactamente sobre el punto que podía discutirse. Las utilidades, dice, «son indiscutibles porque son legítimas y revierten totalmente en beneficio de la Nación». La Memoria de 1943 las había descrito del mismo modo, como pertenecientes «totalmente al Estado».22 Pedretti sabía que la pregunta no era si el banco podía pagar el edificio, sino de quién era el dinero con que lo pagaba; y respondió que era de la Nación, y que la Nación tenía ahora una casa digna de su moneda. La respuesta es coherente con el resto de su doctrina. También es la confesión, hecha con orgullo, de que el edificio era el diferencial cambiario convertido en piedra: no la parte que se repartía el Tesoro, sino la que el administrador retenía.

El edificio en los billetes, y su desaparición de ellos

Mostrar la casa del emisor en el billete no era una novedad. El billete de cien pesos fuertes del Banco de la República del Paraguay, impreso por la American Bank Note Company, ya llevaba en su viñeta central el edificio del banco, sobre la leyenda «que pagará conforme a la Ley N° 550 de 25 de octubre de 1923».

Anverso de un billete de cien pesos fuertes con la viñeta de un edificio
Anverso del billete de cien pesos fuertes del Banco de la República del Paraguay (American Bank Note Company, serie B1218515). La viñeta central reproduce el edificio del banco; la leyenda dice «que pagará conforme a la Ley N° 550 de 25 de octubre de 1923». La firma facsimilar del presidente corresponde a uno de los que ocuparon el cargo entre 1936 y 1943 y es compatible con la de Pedretti, extremo que no se da por establecido.

Lo nuevo vino con la primera familia de billetes del guaraní. La Memoria de 1945 informa que los billetes contratados en 1944 con la casa Thomas de la Rue, de Londres, tienen siete valores y siete efigies —el soldado paraguayo, Eduvigis Díaz, Carlos Antonio López, el doctor Francia, Estigarribia, Francisco Solano López y un cuadro de la Independencia— y llevan, en el reverso de los siete, una reproducción del nuevo edificio del banco. Los catálogos numismáticos corrientes describen en efecto el reverso de los valores de uno y de cien guaraníes como «Banco del Paraguay building»; el de un guaraní tiene en el anverso al soldado y el de cien al mariscal Estigarribia.23 Los billetes se contrataron en 1944, cuando la obra estaba todavía a medio levantar: el edificio entró en la moneda antes de existir en la ciudad. El canje comenzó «a mediados del año» 1946, según la Memoria de ese ejercicio.24

El circuito se cierra sobre sí mismo con una exactitud difícil de igualar. El monopolio cambiario produce una renta; la parte que el banco retiene paga un edificio; el edificio se imprime en el reverso de la moneda que el mismo régimen hizo posible; y esa moneda circula llevando estampada, frente a los próceres de la patria, la casa que la renta construyó. Pocas figuras resumen mejor el régimen que Pedretti condujo.

Hay un epílogo iconográfico que vale por un comentario. Cuando el Banco Central del Paraguay sustituyó en 1952 al Banco del Paraguay como emisor y lanzó su propia serie, el edificio desapareció de los billetes: en el de cien guaraníes lo reemplazó el Palacio Legislativo. El edificio estuvo en la moneda paraguaya el tiempo que duró la institución que lo construyó, y salió de ella cuando esa institución dejó de emitir. Ninguna de las fuentes consultadas señala la coincidencia.

Lo que quedó en pie

Lo que vino después está dicho en la frase de 1982 con que empieza esta página. Leída completa, el edificio aparece en ella como el único superviviente:

«Consecuente con esta posición de no consentir la intromisión de la política partidista, indiscutiblemente nefasta en una institución tan delicada como es un banco, renuncié indeclinablemente y me retiré del cargo a mediados de mayo de 1947, antes de asumir la grave responsabilidad de permitir la destrucción del Banco, como ocurrió después, no quedando en pie sino su edificio.»

Carlos A. Pedretti, entrevistado por Alfredo M. Seiferheld, 1982

En la misma entrevista contó lo ocurrido con el personal: «la arbitraria persecución policial de que fueron víctimas los empleados del Banco del Paraguay, quienes, al no estar dispuestos a seguir soportándola, a principios de mayo de 1947, abandonaron en masa la institución y huyeron a la Argentina, consumándose así su lamentable dispersión».25 El 16 de mayo de 1947, en plena guerra civil, el Decreto N° 19.830 aceptó su renuncia. En agosto de ese año un decreto-ley puso al ministro de Hacienda a presidir la Junta Monetaria, y la independencia técnica que había sido la razón de ser del banco quedó subordinada al Tesoro. En 1952 el Departamento Monetario se convirtió en el Banco Central del Paraguay, y por el Decreto-Ley N° 281 del 14 de marzo de 1961 el Banco Nacional de Fomento sucedió a los departamentos Bancario e Hipotecario y de Ahorro del viejo Banco del Paraguay. Con ellos heredó la casa. La institución que el edificio representaba no existe; el edificio sigue exactamente donde estaba.

El edificio del antiguo Banco del Paraguay en la actualidad
El edificio del antiguo Banco del Paraguay, hoy casa matriz del Banco Nacional de Fomento, sobre Independencia Nacional esquina Cerro Corá. Proyectado por los arquitectos Roberto Cardini y Ferruccio Corbellani con el estudio porteño de Sánchez, Lagos y de la Torre; licitado en 1942 y construido entre 1943 y 1945 por Acevedo y Shaw S.A. y la Compañía Americana de Obras Públicas.

El 27 de diciembre de 1945 el banco inauguró su casa con un Fondo de Estabilización que cubría el 117,7 % de los billetes, con utilidades crecientes y con un presidente que podía decir, sin exagerar, que la obra se había pagado sola. Menos de un año y medio después ese presidente ya no estaba, el personal técnico se había dispersado y la renta que había levantado los muros empezaba a faltar. El edificio quedó como el testimonio material de un régimen que funcionó mientras duraron sus condiciones. Cómo se rompieron esas condiciones, por qué Pedretti se fue y qué hicieron con el banco quienes lo sucedieron se cuenta en la salida y la inflación.

Notas

  1. Carlos A. Pedretti, entrevistado por Alfredo M. Seiferheld, «Carlos A. Pedretti, primer director de El Tiempo», en A. M. Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, Colección Testimonios, Asunción, Offset El Gráfico, 1986, pp. 77-92; la parte no política de la entrevista se publicó en ABC Revista en enero de 1982, dentro de la serie «Cómo viven hoy». ↩
  2. El Decreto N° 7.177 del 4 de junio de 1941 se conoce por la cita de su considerando 1° en el Decreto N° 13.308 del 29 de junio de 1942, Ministerio de Hacienda, Registro Oficial de la República del Paraguay, año 1942, segundo trimestre, p. 712; el texto del decreto de 1941 no se ha tenido a la vista. La secuencia de sedes procede de «Un edificio para el Banco del Paraguay», en la publicación conmemorativa del sexagésimo aniversario de la unidad monetaria guaraní, 1943-2003, Banco Central del Paraguay, sección que cita como fuente «Declaraciones del Dr. Carlos A. Pedretti». ↩
  3. Decreto N° 13.308 del 29 de junio de 1942, Ministerio de Hacienda, «Que autoriza al Banco de la República del Paraguay a adquirir varios inmuebles en esta Capital, para la construcción de un nuevo edificio destinado a local del mismo», tres artículos, dictado sobre la nota N° 260 del banco del 27 de junio de 1942, firmado por Higinio Morínigo y Rogelio Espinoza, considerandos 1° y 2°, en Registro Oficial de la República del Paraguay, año 1942, segundo trimestre, p. 712. ↩
  4. Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1941 y Memoria correspondiente al ejercicio 1942, cuadros de divisas de exportación compradas y de exportación FOB. El peso oro sellado (o/s) era la unidad de cuenta del comercio exterior; en los años cuarenta un peso o/s equivalía a 175 pesos de curso legal. ↩
  5. Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1942, 76 pp., sección «3. Construcción del nuevo local». ↩
  6. Decreto N° 13.308 del 29 de junio de 1942, art. 2°, Registro Oficial de la República del Paraguay, año 1942, segundo trimestre, p. 712. ↩
  7. Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1941, 65 pp., cuenta de ganancias y pérdidas firmada por M. Estigarribia, contador general, Adolfo P. Monges, subgerente, y C. A. Pedretti, presidente. ↩
  8. Decretos-Leyes N° 5.072 del 13 de febrero de 1941, N° 11.876 de abril de 1942 y N° 14.536 del 11 de setiembre de 1942, art. 4°, en Registro Oficial de la República del Paraguay, años 1941 y 1942. ↩
  9. «Un edificio para el Banco del Paraguay», en la publicación conmemorativa del sexagésimo aniversario de la unidad monetaria guaraní, 1943-2003, Banco Central del Paraguay, sección que cita como fuente «Declaraciones del Dr. Carlos A. Pedretti»; Giovanna D'Amia, «Ferruccio Corbellani», Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas Mario J. Buschiazzo, vol. 49, n° 2, 2019, pp. 191-200, que remite a Ramón Gutiérrez, Sánchez, Lagos y de la Torre: del eclecticismo al estilo moderno, Buenos Aires, CEDODAL, 2010. Ninguna de las bases de datos argentinas consultadas sobre ese estudio registra la obra de Asunción, de modo que la atribución descansa en estas dos fuentes. ↩
  10. Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1942, 76 pp., sección «3. Construcción del nuevo local» y sección de resultados del ejercicio. ↩
  11. Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, pp. 77-92, para la expresión de Pedretti; Andrés Colmán Gutiérrez, «Asunción en dos tiempos», Última Hora, Asunción, 13 de agosto de 2014, y D'Amia, «Ferruccio Corbellani», pp. 191-200, para el neoclasicismo y la referencia a Buckingham; José Rivarola Masi, «Un repaso de la arquitectura en 200 años de historia», Paraguay.com, 14 de mayo de 2011, para el juicio del arquitecto. ↩
  12. Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1943, Asunción, Imprenta La Colmena, 54 pp., p. 21. ↩
  13. Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1945, 104 pp., firmada por M. H. González F., gerente general, y C. A. Pedretti, presidente; discurso de inauguración, p. 69 de la edición impresa. ↩
  14. Declaraciones de Carlos A. Pedretti recogidas en «Un edificio para el Banco del Paraguay», en la publicación conmemorativa del sexagésimo aniversario de la unidad monetaria guaraní, 1943-2003, Banco Central del Paraguay, y repetidas en Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, pp. 77-92. ↩
  15. Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1941, cuenta de ganancias y pérdidas, para 1940 y 1941; Memoria correspondiente al ejercicio 1942, para 1942 y para las tasas de aumento. ↩
  16. Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1945, balance general al 31 de diciembre de 1945, Departamento Bancario. La partida contigua de 2.026,18 guaraníes corresponde a «Intereses por Pagar». ↩
  17. Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1945, sección IV.11, p. 58 de la edición impresa. ↩
  18. Discurso de C. A. Pedretti en la inauguración del edificio del Banco del Paraguay, Asunción, 27 de diciembre de 1945, reproducido en Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1945, pp. 67-69. ↩
  19. Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1945, discurso de inauguración, p. 67 de la edición impresa. ↩
  20. Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1945, discurso de inauguración, pp. 68-69 de la edición impresa. ↩
  21. Discurso de C. A. Pedretti en la inauguración del edificio del Banco del Paraguay, Asunción, 27 de diciembre de 1945. ↩
  22. Banco de la República del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1943, Asunción, Imprenta La Colmena, 54 pp. ↩
  23. Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1945, sección sobre emisión y canje de billetes; fichas de la serie en los catálogos numismáticos corrientes; la enumeración de las efigies coincide con la de «Un edificio para el Banco del Paraguay», en la publicación conmemorativa del Banco Central del Paraguay, 1943-2003. ↩
  24. Banco del Paraguay, Memoria correspondiente al ejercicio 1946, 101 pp., cuenta consolidada firmada por M. H. González F., gerente general, M. M. Estigarribia, superintendente de bancos, y C. A. Pedretti, presidente. ↩
  25. Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, pp. 77-92. ↩