El 16 de mayo de 1947 un decreto aceptó la renuncia de Carlos A. Pedretti a la presidencia del Banco del Paraguay. Tenía cuarenta y cinco años y le quedaban cuarenta y ocho por vivir. Esta página reconstruye esa segunda vida, más larga y menos visible que la primera: la cátedra, la representación gremial, la prensa económica y la empresa privada; lo que él contó de sí mismo y lo que calló; lo que pensaba de la moneda y de la inflación cuando ya no las administraba; el cargo ministerial que se le atribuye sin fundamento; y una memoria pública tardía: una calle y una moneda.
Cuarenta y ocho años después del banco
El Decreto N° 19.830 del 16 de mayo de 1947, con las firmas de Higinio Morínigo y de su ministro de Hacienda, J. Natalicio González, aceptó la renuncia del presidente del Banco del Paraguay y le dio, con la fórmula del caso, «las gracias por los importantes y extraordinarios servicios prestados al país desde la alta función que desempeñaba». El Decreto N° 19.855, de la misma fecha, designó presidente interino a Adolfo Monges «por renuncia del titular».1 Las circunstancias de esa salida —la guerra civil iniciada en marzo, la persecución policial del personal del banco y la huida en masa de sus empleados a la Argentina a comienzos de mayo— se cuentan en La salida y la inflación. Aquí interesa lo que vino después, y conviene empezar por un silencio: la Memoria del ejercicio 1947 del propio banco, en sus ciento tres páginas, no lo nombra. No registra la renuncia, ni la fecha, ni la causa, ni una línea de reconocimiento al hombre que había presidido la institución durante seis años y siete meses.2
La aritmética de lo que siguió corrige una proporción que la historia monetaria ha impuesto sin proponérselo. Entre el doctorado en Derecho, en 1924, y la renuncia de 1947 corrieron veintitrés años; entre la renuncia y la muerte, en 1995, corrieron cuarenta y ocho, más del doble. Presidió el banco emisor seis años y siete meses, y prácticamente todo lo que se ha escrito sobre él se refiere a ese tramo o a lo que lo preparó. La desproporción está justificada por la importancia de lo que ocurrió entonces —el control de cambios de 1941, el guaraní de 1943, la banca central y la ley de bancos de 1944—, pero conviene tenerla presente al juzgar al personaje, porque deja en la sombra la mayor parte de una vida adulta que no fue un retiro.
Para esa segunda vida hay dos fuentes principales, y las dos son parciales de manera distinta. La primera es la entrevista que le hizo Alfredo M. Seiferheld: la parte personal apareció en ABC Revista en enero de 1982, dentro de la serie «Cómo viven hoy», y el texto completo, con la parte política que Pedretti había rehuido al principio, se publicó en 1986 en el tercer volumen de Conversaciones político-militares. Es la única fuente en la que Pedretti habla de sí mismo, y la dio a los ochenta años a un colega con quien compartía la sala de redacción.3 La segunda es la semblanza de dos páginas que el grupo tiempista le dedicó en su volumen memorial de 2007: es de primer orden para los hechos de su clase —fechas, cargos, condecoraciones, parentescos, todos verificables en principio contra registros públicos— y sospechosa exactamente donde atribuye mérito, porque es el elogio de un grupo sobre uno de los suyos.4 La entrevista es un inventario tomado en un solo momento del tiempo; la semblanza enumera sin fechar. Con las dos juntas puede componerse la serie, y lo que se ve no es un retiro sino una redistribución: el técnico apartado del Estado se instala a la vez en la enseñanza, en la representación gremial, en la prensa especializada y en la empresa privada, cuatro posiciones que en conjunto describen un tipo social preciso y que ninguna, por separado, alcanza a describir.
Seiferheld resumió esos años con una fórmula que no hay que tomar al pie de la letra: desde 1947, escribió, Pedretti quedó «retirado de toda actividad» hasta incorporarse, a fines de los años sesenta, al cuerpo de editorialistas de ABC Color. La propia entrevista la desmiente catorce páginas después. Entre 1947 y fines de los sesenta Pedretti enseñó Política Económica, presidió la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio, presidió el Club Náutico San Bernardino, y se le atribuye un escrito de 1949 con un diagnóstico severo de la política monetaria del gobierno. La fórmula debe leerse como retiro de la función pública, que es lo único que de verdad terminó en mayo de 1947.5
La cátedra de Política Económica
La cátedra es el registro más largo y el mejor documentado de la segunda vida, y en rigor empieza antes de ella. Pedretti había enseñado en la secundaria desde los años veinte —moral cívica, derecho usual e historia de Roma, en el Colegio Nacional, en la Escuela Normal de Profesores y en el Colegio San José— e ingresó a la enseñanza universitaria después de su doctorado. Llegó a dictar cuatro asignaturas: Derecho Obrero, Derecho Rural, Política Económica y Economía Política, las dos últimas en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional. En esa Facultad enseñó Política Económica durante casi treinta años y se jubiló como profesor titular. Él mismo lo resumió en 1982 en una sola frase: «En esta Facultad enseñé durante casi treinta años».6
La cronología de esa cátedra tiene un punto de partida verificable por cuenta indirecta. El 21 de setiembre de 1966 el Centro de Estudiantes de Ciencias Económicas le otorgó un diploma de «Reconocimiento al Mérito» al cumplir veintiséis años de consagración a la educación universitaria. Restados los veintiséis años, el comienzo de su enseñanza en esa Facultad cae alrededor de 1940, es decir en el mismo año en que asumió la presidencia del Banco de la República. Durante la reforma monetaria, el profesor de Política Económica fue también su ejecutor, y la doble posición no es un detalle: el hombre que en las aulas explicaba los instrumentos de la política económica los estaba aplicando, en el mismo momento, a un país entero. En 1970 la Facultad de Ciencias Económicas, Administrativas y Contables lo hizo Doctor Honoris Causa «por los eminentes servicios prestados a la misma»; y en el cincuentenario de la Facultad, en 1987, recibió la placa Honor al Mérito por una labor docente de más de veinticinco años. La carrera académica que había empezado junto con la reforma monetaria terminó, en homenajes, tres años después de la clausura del diario en que escribía.7
De esa enseñanza ha quedado al menos un texto impreso: Estructura de las economías. Las formas económicas fundamentales, un resumen preparado por el profesor titular de la cátedra de Política Económica y editado en Asunción en 1972.8 Es el único texto de cátedra suyo que se ha localizado, y su existencia importa más que su contenido, que no se ha podido examinar: prueba que en 1972, a los setenta años, seguía dictando la materia y la seguía preparando por escrito. La fotografía de los egresados de junio de 1950 que encabeza esta página pertenece a esa Facultad; su epígrafe manuscrito no identifica a ninguno de los retratados, y aquí no se los identifica.
Hay en la cátedra una paradoja que el propio Pedretti dejó a la vista. En 1982 dijo haberse dedicado a la economía «como autodidacto», y explicó que la Facultad de Ciencias Económicas paraguaya empezó a funcionar «más de un decenio después» de su título de abogado: no pudo estudiar en ella porque no existía. La semblanza tiempista y la nota de Italiani nel Paraguay le atribuyen, sin embargo, un curso de especialización en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires entre 1936 y 1938, «especialmente en materia agraria». Las dos afirmaciones no se contradicen —la frase de 1982 responde a dónde nació su inclinación, no niega una formación que no menciona—, y la especialización se registra con esa atribución, sin construir sobre ella ninguna genealogía de su pensamiento monetario.9 El resultado, en cualquier caso, es claro: el país tuvo durante casi treinta años como profesor de Política Económica a alguien que la había aprendido fuera de las aulas paraguayas y la había practicado antes de enseñarla.
La FEPRINCO, la Cámara y la Junta de Conciliación
El registro gremial es el que lo mantuvo en el debate económico público después de 1947. Pedretti fue asesor de la Cámara y Bolsa de Comercio y miembro de la comisión organizadora de la estructura del Mercado de Valores. Presidió la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio —la FEPRINCO, que agrupa a las corporaciones empresarias del país— durante dos ejercicios, en el período 1958-1961, que le valieron un diploma de honor de la propia entidad; y después siguió representándola en la Junta Permanente de Conciliación y Arbitraje del Ministerio de Justicia y Trabajo, el órgano donde se conciliaban y arbitraban los conflictos entre empleadores y trabajadores.10
Que el hombre que había cerrado el mercado de cambios en 1941 presidiera diecisiete años después la corporación de la producción, la industria y el comercio no es una paradoja, y conviene explicar por qué. La primera razón es doctrinaria. En su tesis doctoral de 1924, La democracia ante la razón y los hechos, Pedretti había reclamado una representación de los intereses mediante cámaras profesionales con voto consultivo sobre los proyectos de ley; la presidencia de la FEPRINCO es la forma que tomó, en su biografía, esa representación de intereses que había defendido a los veintidós años (La tesis de 1924 la examina). La segunda razón es institucional, y tiene una simetría doble que no hay que dejar pasar.
El artículo 23 del Decreto-Ley N° 5.017 de 1941, que creó el control de cambios, había previsto una comisión asesora del Departamento de Control de Cambios integrada por cinco entidades gremiales, cuyos miembros se designaban a propuesta en terna de las propias entidades y debían reunirse semanalmente. No consta que la comisión llegara a constituirse ni a reunirse: el Registro Oficial trae la norma, no las actas ni los nombramientos.11 Pero la fórmula de las ternas gremiales no era nueva: reproducía la del decreto orgánico del Departamento Nacional del Trabajo, que Pedretti había presidido desde el Decreto N° 5.155 del 12 de marzo de 1938. Y la Junta Permanente de Conciliación y Arbitraje en la que se sentó por la FEPRINCO es la heredera institucional de aquel mismo Departamento. Empezó arbitrando entre patrones y obreros desde el Estado; dio a los gremios empresarios un asiento consultivo en el aparato cambiario; y terminó sentado en la mesa de conciliación del lado patronal.
La documentación no autoriza a leer ese recorrido como una traición ni como una coherencia programática. Autoriza a leerlo como la trayectoria previsible de un abogado de Asunción con formación económica, en un país donde las personas capaces de hacer ese trabajo cabían en una sala y donde el Estado, los gremios y la universidad se nutrían de los mismos pocos nombres. El técnico que había administrado el monopolio estatal de las divisas sabía, mejor que nadie, qué significaba para un exportador o un importador cada decisión del banco central, y esa competencia era exactamente lo que los gremios necesitaban para negociar con él.
Las empresas, sin fechas
El registro empresario es, en la entrevista de 1982, un renglón anónimo. Pedretti dijo ser «asesor de una gran empresa ganadera e industrial» y seguir ejerciendo la abogacía de manera deliberadamente acotada, sin nombrar a nadie. La semblanza tiempista pone los nombres, aunque no dice cuál de ellos correspondía a la frase de 1982, y aquí no se conjetura. Según ella, fue fundador de la colonia agrícola-industrial «San Juan», en el distrito de Isla Pucú, departamento de La Cordillera; socio accionista de S. Tomás Gras y Cía. S.R.L.; ejecutivo de Fassardi Ltda.; presidente del directorio de Carlos Casado Ltda.; y asesor económico de Manufactura de Pilar S.A., de CIPA S.A. y de América Textil S.A.12
La lista tiene un interés que excede lo biográfico, porque sitúa a Pedretti en el núcleo de la empresa agroindustrial y textil paraguaya de la segunda mitad del siglo: la industria del tanino y la ganadería del Alto Paraguay, el comercio de exportación, la manufactura textil. Y contiene una ironía documentada. Carlos Casado Ltda., la casa quebrachera cuyo directorio llegó a presidir, había sido en abril de 1941 una de las firmas que respondieron a la encuesta que la Cámara de Comercio Argentino-Paraguaya de Buenos Aires circuló entre sus asociados sobre el Decreto-Ley N° 5.017. Su respuesta fue de las que El Tiempo, el diario del grupo, clasificó como «inamistosas»: sostuvo que la diferencia entre lo que el Gobierno pagaba por la expropiación de las divisas y el tipo real era desproporcionada, que el monopolio sería un obstáculo para la afluencia de divisas y que sólo mejoraría la estabilidad «en la apariencia». La palabra «expropiación» era técnica y no polémica: el decreto obligaba al exportador a entregar al banco el total de sus divisas a un precio fijado por el propio banco —el tipo de expropiación— y el banco las revendía a los importadores a un tipo de venta más alto, quedándose con la diferencia. El diario replicó en clave política, acusando a la empresa de contribuir a la confusión que «elementos políticos repudiados por la nueva conciencia paraguaya» sembraban en Buenos Aires, y contrapuso a sus quejas el dato de que la fábrica de extracto de quebracho de Puerto Casado trabajaba a tres turnos de ocho horas.13 El economista que había administrado la expropiación de las divisas terminó presidiendo el directorio de una de las casas que se habían quejado públicamente de ella.
Dos advertencias acompañan a la lista y hay que hacerlas antes de sacarle consecuencias. La primera es que los vínculos sólo constan en la semblanza. La única excepción parcial es la colonia: Italiani nel Paraguay dice que Pedretti fundó y administró personalmente una colonia agrícola-industrial durante nueve años, aunque no la nombra ni la fecha.14 La segunda advertencia es la decisiva: ninguno de los vínculos está fechado. La semblanza los enumera sin decir cuándo empezaron ni cuánto duraron, de modo que no puede establecerse si alguno es anterior a mayo de 1947 —lo que plantearía una cuestión de compatibilidad con la presidencia del banco emisor, que la documentación no permite ni afirmar ni descartar— o si todos pertenecen a la etapa posterior. Fechar esos vínculos es, hoy, la verificación pendiente más importante de la biografía.
Lo que Pedretti no contó de sí mismo
Cuando en 1982 Seiferheld le preguntó a qué se dedicaba, Pedretti respondió con un inventario que conviene leer junto a lo que la semblanza tiempista dice de él, porque las dos fuentes no cuentan lo mismo:
«—¿A qué se dedica Ud., doctor Pedretti? —Aprovechando mi buen estado de salud, estoy desarrollando normalmente mis actividades físicas e intelectuales. Soy asesor de una gran empresa ganadera e industrial, director de la revista mensual “Comercio”, órgano de la Cámara y Bolsa de Comercio y del Centro de Importadores, que vengo publicando regularmente desde hace catorce años; miembro de la Junta Permanente de Conciliación y Arbitraje del Ministerio de Justicia y Trabajo en representación de la Federación de la Producción, la Industria y el Comercio…»
En ese inventario no aparece la presidencia de la FEPRINCO —sólo su representación ante la Junta—, ni una sola empresa por su nombre, ni un solo cliente: la «gran empresa ganadera e industrial» queda anónima en la única entrevista que dio sobre sí mismo. Hay que añadir, por honestidad de aparato, que el recorte original de ABC Revista tiene en el ejemplar reproducido un espacio en blanco de unos dos renglones entre la mención de la revista y la de la Junta: puede haberse perdido allí un cargo en la reproducción, y no se completa.15 Aun con esa reserva, el patrón es el mismo que gobierna todo su testimonio: Pedretti dice de sí mismo sistemáticamente menos de lo que otras fuentes dicen de él. No hace falta interpretarlo para registrarlo, porque una fuente que se reduce a sí misma es un dato sobre la fuente, y obliga a leer con cautela tanto su silencio como el exceso de los demás.
| Posición | Semblanza tiempista, 2007 | Entrevista de 1982 (voz propia) |
|---|---|---|
| Empresa quebrachera del Alto Paraguay | Presidente del directorio de «Carlos Casado Ltda» | «Asesor de una gran empresa ganadera e industrial», sin nombrarla |
| FEPRINCO | Presidente, dos ejercicios (1958-1961) | Sólo su representación ante la Junta Permanente de Conciliación y Arbitraje |
| Revista Comercio | Fundador y director | Director, «desde hace catorce años», es decir desde 1968 |
| ABC Color | No lo menciona | No lo dice él; lo dice su entrevistador, que compartía con él la sala de redacción |
| Asesorías empresariales | Manufactura de Pilar S.A., CIPA S.A., América Textil S.A.; asesor de la Cámara y Bolsa de Comercio | No nombra ninguna |
| Cátedra | Cuatro asignaturas | «En esta Facultad enseñé durante casi treinta años» |
| Abogacía | Ejerció su profesión de abogado | La ejercía de manera deliberadamente acotada |
Fuente: semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola» (2007); entrevista de Alfredo M. Seiferheld (1982, publicada en 1986). Las dos se cotejan renglón por renglón y no se promedian. Ninguna es neutral, y cada una lo es de distinta manera: la primera es el volumen memorial que el grupo tiempista editó sobre sí mismo; la segunda, el testimonio del interesado treinta y cinco años después de los hechos.
La revista Comercio y los editoriales de ABC Color
La prensa fue, para Pedretti, un oficio de juventud antes que de vejez. En 1928 había dirigido El Progreso; el 23 de febrero de 1939 fue el primer director de El Tiempo, el diario que dio nombre al grupo tiempista, y después se turnó en la dirección con Carlos R. Andrada (El Tiempo y el tiempismo). En la segunda vida volvió a ella por dos caminos distintos, uno firmado y otro anónimo.
Una tribuna gremial
El camino firmado fue la revista mensual Comercio, órgano de la Cámara y Bolsa de Comercio y del Centro de Importadores, de la que fue fundador y director. En enero de 1982 dijo venir publicándola «regularmente desde hace catorce años», lo que sitúa su aparición en 1968.16 No se ha localizado la colección, y por lo tanto no puede describirse su contenido; pero su filiación ya dice algo. El Centro de Importadores representaba precisamente al sector que el régimen cambiario de los años cuarenta había favorecido con el subsidio implícito de un tipo de cambio sobrevaluado, subsidio que el desdoblamiento de 1945 empezó a corregir. El director de su revista era el hombre que había fijado aquel tipo y bajo cuya presidencia se dictó aquel desdoblamiento.
Quince años de editoriales sin firma
El camino anónimo fue ABC Color. El dato no lo da Pedretti: lo da su entrevistador, y lo da al pasar, porque para él era una obviedad de oficina.
«Retirado de toda actividad, Carlos Pedretti pasó a integrar, desde finales de los años sesenta, el cuerpo de editorialistas del diario “ABC Color”. Hasta la clausura de este medio, en marzo de 1984, podía verse a Pedretti, ya octogenario, trabajando todas las mañanas en la redacción. […] Fácil nos resultó mantener con el Dr. Carlos Pedretti un diálogo sobre sus muchos años de economista, pues en la redacción del diario “ABC Color” ocupábamos la misma sala de trabajo.»
Que Seiferheld era él mismo editorialista y comentarista de ABC Color consta de modo independiente en la solapa de uno de sus libros de 1983.17 Son quince años largos de escritura editorial sobre economía y moneda, desde fines de los sesenta hasta marzo de 1984, cuando el diario fue clausurado y Pedretti tenía ochenta y dos años. Y son, para la historia, quince años casi mudos. Un editorial no lleva firma; la colección de ABC Color de esos años no ha sido revisada con ese propósito, y aun revisada no permitiría atribuir piezas con certeza; ninguna fuente dice cuántos escribió, con qué frecuencia ni sobre qué temas. Lo que puede afirmarse es que el último hecho verificado de su vida pública es esa clausura, en marzo de 1984. Lo que no puede hacerse es inventarle un corpus. Lo que sí se conserva es su doctrina, en dos documentos que la enmarcan por los extremos: un escrito de 1949, al comienzo de la segunda vida, y la propia entrevista de 1982, al final. Las respuestas económicas que dio a Seiferheld son lo más cercano a un editorial suyo que existe, y conviene leerlas como tales.

La moneda y la inflación, en su propia voz
El primero de esos dos documentos es un mecanografiado fechado en Asunción el 9 de setiembre de 1949, titulado «Algunas reflexiones sobre la inflación en el Paraguay». No lleva firma; se atribuye a Pedretti, y de él se conservan las hojas I, III, V y VI, mientras faltan la II y la IV. Su diagnóstico se examina en La salida y la inflación, y aquí basta recordar su núcleo. El escrito sostiene que, a partir de la guerra civil de marzo de 1947, «se recurre al funesto arbitrio de cubrir los excesivos déficit fiscales, provenientes de gastos económicamente improductivos, con billetes emitidos con ese objeto por el Banco del Paraguay», y que «de esta suerte, se duplica la emisión monetaria en el breve lapso de dos años». Da tres cifras de gasto presupuestado —₲ 41.000.000 en 1946, ₲ 56.000.000 en 1947 y ₲ 78.500.000 en 1948— y descarta la explicación por la inflación mundial con un argumento de economista: cuando en los Estados Unidos, terminada la guerra, los precios empezaron a bajar, en el Paraguay siguieron subiendo; «por tanto, este hecho no obedece a causas externas sino internas».18 Para explicar por qué la ley orgánica de 1944 no había bastado para impedirlo, el escrito cita la exposición de motivos del Decreto-Ley N° 5.130, que ya había advertido que sus disposiciones sobre el crédito «no constituyen y no pueden constituir jamás, por sí mismos, una salvaguardia firme contra el abuso del crédito». La frase es de 1944, no de 1949: la ley se había escrito sabiendo que no bastaría.19
Treinta y tres años después, la entrevista de 1982 muestra una notable continuidad con esas ideas y también una evolución. Sobre la coyuntura, Pedretti dijo que el país «no puede sustraerse a la crisis mundial recibida en forma de inflación importada y de los desalentadores precios de nuestros productos de exportación e incluso de las restricciones que obstaculizan y hasta impiden su colocación, como está ocurriendo con la carne vacuna y las maderas». La inflación importada —el alza de precios internos que llega por el encarecimiento de lo que se compra afuera— era la explicación que el escrito de 1949 había descartado para la inflación de posguerra; en 1982 Pedretti la invocaba para otra coyuntura, como una presión «recibida» del exterior y no producida en el país. Sobre la estabilidad monetaria, su respuesta fue antidogmática. No se declaraba partidario de la estabilidad «a ultranza», sino de esta otra cosa: «Soy decidido partidario de la estabilidad monetaria mientras no sea necesario proceder a su [ajuste] en caso de desequilibrio fundamental de la economía, que debería prevenirse en lo posible y desde luego no provocarse. No debemos imitar a los numerosos países iberoamericanos que han estado devaluando su moneda». La palabra entre corchetes es una restitución, porque el ejemplar es ilegible en ese punto, y no debe darse por leída.20
La fórmula «desequilibrio fundamental» no es suya ni es casual: es la del Convenio Constitutivo del Fondo Monetario Internacional, que sólo autorizaba a un país miembro a modificar la paridad de su moneda para corregir un desequilibrio de esa clase. Pedretti la manejaba desde 1945, cuando el Paraguay adhirió al Fondo y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento por el Decreto-Ley N° 11.289 del 18 de diciembre de ese año, bajo su presidencia (1945 lo cuenta). Treinta y siete años después seguía razonando dentro de la arquitectura de Bretton Woods: la estabilidad cambiaria como regla, la modificación de la paridad como excepción reglada, y la devaluación repetida de los vecinos como el ejemplo que no había que seguir.
Sobre el régimen cambiario vigente fue más preciso todavía. «Tenemos un sistema dual de cambios desde el año 1973, a raíz de la creación de un mercado libre de cambio fluctuante… De modo que no debería exagerarse la preocupación por la suba del dólar en el mercado fluctuante, que se mantendrá mientras haya equilibrio entre la oferta y la demanda, y bajará a medida que disminuya la demanda o aumente la oferta.» Un sistema dual es aquel en que conviven un tipo de cambio oficial, administrado por la autoridad para ciertas operaciones, y un mercado libre donde el precio de la divisa lo forman la oferta y la demanda; Pedretti le explicaba al lector de 1982 que la suba del dólar libre era una señal de mercado y no una catástrofe. Y sobre sus sucesores pronunció el pasaje que más dice de toda la entrevista: «Las autoridades bancarias posteriores marginaron este régimen apropiado a nuestras realidades, e incurrieron en la repetición de errores que ya habíamos superado. Pero a partir de la resolución del Banco Central del año 1973, que estableció el mercado libre fluctuante, nos estamos aproximando al régimen cambiario creado por el citado decreto-ley, que todavía no lo hemos igualado, y menos aún mejorado».21 El «citado decreto-ley», por el contexto de la respuesta, era el del desdoblamiento de 1945. Treinta y cinco años después de su salida, Pedretti seguía midiendo el presente paraguayo contra la norma que había abierto una válvula de mercado libre en el régimen que él mismo había cerrado en 1941.
Sobre la deuda externa, Pedretti dio en 1982 la única cifra de toda la entrevista: al 30 de junio de 1981 sumaba 142,5 millones de dólares del sector privado y 721,8 millones del público, 864,3 millones en total, una suma «que todavía no es preocupante, porque las balanzas de pago han venido arrojando superávit». Es una cifra de coyuntura citada por un hombre de ochenta años, y conviene tomarla como tal. Lo que vale es la regla que le adosó: cautela, condiciones concesionarias y destino exclusivo al fomento de la producción, «sin forzar la capacidad tributaria de los contribuyentes ni provocar o acelerar la inflación».22 La frase reúne en una línea las tres restricciones que habían gobernado su gestión: la balanza de pagos, el sistema tributario y la moneda.
El ministerio de Hacienda que no existió
Circula la especie de que Pedretti habría vuelto al gobierno como ministro de Hacienda en vísperas de la caída de Morínigo, en 1948. De ser cierta, obligaría a reescribir toda la segunda vida. No lo es, y la corrección no descansa en un silencio documental: hay fuente en contrario. La nómina oficial de los titulares de la cartera, publicada por el propio Ministerio de Hacienda en su bicentenario, es continua entre 1939 y 1952 y no lo registra en ninguna fecha. J. Natalicio González ocupó Hacienda sin interrupción desde el 9 de junio de 1946 hasta el 15 de agosto de 1948, día en que dejó el despacho para asumir la Presidencia de la República, y le sucedió Leandro Prieto. El único hueco de la serie durante toda la presidencia de Morínigo —de agosto de 1945 a marzo de 1946— está cubierto por dos interinatos, los de Horacio Chiriani y Alfonso E. Dos Santos, y en esos meses Pedretti presidía el Banco del Paraguay. La misma publicación oficial lo nombra una sola vez, y lo hace donde corresponde: entre los artífices de la reforma monetaria, junto a Triffin.23 La institución que llevaría el registro de haberlo tenido por ministro lo conoce, lo cita por su nombre y lo sitúa del lado del banco emisor.
Las corroboraciones son independientes entre sí y apuntan en la misma dirección. Su propio testimonio es terminante: desempeñó las dos presidencias bancarias «hasta mi retiro en mayo de 1947», y en las veinte páginas de la entrevista no aparece una sola vez la palabra «Hacienda» ni el año 1948; las tres veces que dice «gabinete» habla de gabinetes ajenos, y cuando el entrevistador le pide el inventario de sus actividades enumera las que se han visto, ninguna de gobierno. Seiferheld, que lo trataba a diario, lo da por «retirado de toda actividad» desde 1947, fórmula que, como se vio, vale para la función pública. Y el despacho que la Embajada de los Estados Unidos envió desde Asunción el 12 de diciembre de 1947, que discute por sus nombres la composición y la conducta del gobierno paraguayo, identifica a Leandro Prieto como ministro de Economía —cartera distinta de Hacienda, que en esa fecha seguía en manos de Natalicio González—, refiere las gestiones de éste en Buenos Aires en procura de un empréstito y no menciona a Pedretti. Tampoco lo nombran los despachos de junio de 1948 sobre la caída de Morínigo y el gobierno provisional de Juan Manuel Frutos.24 Entre su renuncia y la caída del régimen median trece meses: el error de la especie está en comprimirlos. En los tomos del Registro Oficial consultados, el nombre de Pedretti no vuelve a aparecer después del 16 de mayo de 1947.
Vale la pena preguntarse por qué la especie resulta verosímil, porque describe bien una posición y se equivoca sólo en el rótulo. Entre 1940 y 1947 la conducción económica del Paraguay no estuvo en el Ministerio de Hacienda sino en el banco emisor: allí se decidieron el control de cambios, la sustitución de la unidad monetaria, la arquitectura bancaria y el régimen del comercio exterior, y la firma que iba en los billetes de la primera familia del guaraní era la de Pedretti, junto a la del gerente general. La Constitución de 1940, en su artículo 62, incluía al presidente del banco emisor entre los miembros del Consejo de Estado, junto a los ministros; y en la Junta Monetaria creada por el Decreto-Ley N° 5.130 de 1944 —el órgano que gobernaba la moneda—, el representante del Ministerio de Hacienda era uno de los integrantes de un cuerpo que presidía el presidente del banco.25 Contribuye a la confusión un dato cierto y contiguo: el tiempismo sí tuvo Hacienda, en las personas de Francisco Esculies y de Rogelio Espinoza, entre 1940 y 1944. «El hombre de El Tiempo en Hacienda» es una proposición verdadera del grupo y falsa de Pedretti. Que la memoria lo haya promovido a ministro es un error de nomenclatura sobre un juicio exacto acerca de su peso, y el error no lo asciende: lo desciende.
Lo desciende porque borra lo que hace singular a esta trayectoria. Pedretti no refrendó nunca un decreto. Todos los instrumentos que lo nombraron y todos los que instituyeron su obra llevan la firma de otro: el Decreto N° 3.369 del 10 de octubre de 1940, que lo designó, fue refrendado por el ministro de Hacienda Francisco Esculies, y el Decreto-Ley N° 655 del 5 de octubre de 1943, que creó el guaraní, por Rogelio Espinoza.26 En el organigrama estuvo siempre del lado del nombrado y nunca del nombrante. Su poder no fue de gabinete: fue el de un técnico que puso condiciones antes de aceptar y que se retiró cuando dejaron de cumplirse. El reconocimiento que Morínigo le dispensó tampoco fue una cartera, y consta: en 1944, cuando los tiempistas renunciaron en bloque a sus cargos por no conseguir la convocatoria a elecciones, a él se le autorizó a quedarse con el argumento de que su colaboración «no era política sino administrativa». Ése fue el reconocimiento, y también el límite: se le concedió permanecer mientras la política se mantuviera fuera del banco. Cuando entró, se fue.27
La consecuencia de esta corrección excede lo biográfico. Si Pedretti hubiera sido ministro de Hacienda en 1948, el escrito de 1949 sobre la inflación que se le atribuye sería el descargo de un responsable; no habiéndolo sido, es el dictamen de un tercero que conocía el mecanismo desde adentro. La ausencia de cargo no empequeñece su figura: es lo que hace legible lo que escribió después de 1947. La verificación definitiva, con los tomos del Registro Oficial de 1947 y 1948 completos, queda pendiente; la que existe es suficiente para descartar la especie.
El carácter, en sus propias palabras
De un hombre que dejó una sola entrevista y ninguna correspondencia conocida no puede escribirse un retrato psicológico. Pero tres rasgos se dejan documentar sin conjetura, y los tres atraviesan las dos vidas. El primero es la exigencia institucional como condición para aceptar un cargo. Morínigo lo convocó al banco en 1940 «invocando nuestra amistad» —forjada, según Washington Ashwell, durante la Guerra del Chaco—, y Pedretti condicionó su respuesta al apoyo del gobierno a un programa de reformas y a la independencia política del banco.29 Seis años y siete meses después se fue por la misma razón, y lo dijo así: «Consecuente con esta posición de no consentir la intromisión de la política partidista, indiscutiblemente nefasta en una institución tan delicada como es un banco, renuncié indeclinablemente y me retiré del cargo a mediados de mayo de 1947, antes de asumir la grave responsabilidad de permitir la destrucción del banco, como ocurrió después, no quedando en pie sino su edificio».30
El segundo rasgo es la negativa a personalizar la obra, y es el que más importa para la memoria posterior. Pedretti negó la autoría individual de la reforma tres veces, en tres momentos distintos y con palabras distintas. En la conferencia del 14 de setiembre de 1944, seis días después de la ley orgánica del banco, dijo que «la ley orgánica del Banco del Paraguay no es el fruto de una improvisación ni del esfuerzo de una sola persona o entidad», que su preparación había durado casi tres años y que en ella habían participado el directorio y la gerencia del banco y «calificados expertos del Sistema de Reserva Federal y del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos», entre quienes destacó a Robert Triffin.31 El 27 de diciembre de 1945, al inaugurar el edificio del banco, fue más lejos: «No se puede atribuir a nadie en particular la reforma monetaria y la bancaria realizada durante el pasado quinquenio, que culminaron con la creación del guaraní y del Banco del Paraguay, uno de cuyos detalles es este edificio. Tales obras son el resultado de un trabajo de equipo y de fecunda colaboración».32 Y en 1982, ante Seiferheld, dijo que los lineamientos de las reformas «evidencian la envergadura de la complicada empresa, que no pudo ser la obra de un solo hombre, puesto que requirió la colaboración armoniosa, persistente y entusiasta de los directorios, asesores, del personal administrativo».33 Tres negativas en treinta y ocho años, una desde la presidencia del banco, otra en el acto de mayor exaltación de su obra y la tercera a los ochenta años, cuando ya nada dependía de ella.
El tercer rasgo es una sobriedad deliberada. En 1945 sustituyó la fiesta inaugural del edificio por una donación: «hemos preferido realizar este acto sencillo y donar la suma de diez mil guaraníes a instituciones de beneficencia para que compartan también los humildes nuestra alegría». En 1982 la formulaba como programa de vida: «Estoy realizando mi ideal de vida tranquila y útil, cumpliendo el sabio consejo de un celebrado poeta español, quien lo ha compendiado en la fórmula “ni envidiado ni envidioso”».34
Hay también una cortesía polémica que lo retrata. Al recordar a Morínigo lo describe como «persona comprensiva e inteligente —no un zopenco como le califica injustamente el coronel Bray en sus polémicas memorias póstumas—». Es el único momento del testimonio en que levanta la voz, y lo hace para defender a un dictador caído treinta y cuatro años antes, de quien ya no dependía nada. Y hay, por último, una reticencia que el entrevistador dejó anotada. Seiferheld cuenta que «hizo falta alguna insistencia» para que Pedretti accediera a responder sobre lo que él consideraba «un accidente en su vida»: su participación política en el tiempismo.35 La fórmula es una paráfrasis del entrevistador, y su objeto es la política, no el banco: lo que Pedretti consideraba accidental no era su obra monetaria, sino haber sido parte de un grupo político. En esa distinción entre el técnico y el militante, que el propio régimen había trazado en 1944 al dejarlo en su cargo, está quizá la clave de toda la segunda vida.
Honores, una calle y una moneda
La nómina de honores que la semblanza tiempista recoge es larga, y casi toda es privada, gremial o académica. Se la resume en el recuadro. Hay en ella un contraste que no hay que dejar pasar. El homenaje de las Fuerzas Económicas de la Nación, rendido «por su patriótica gestión al frente del Banco del Paraguay», es de 1947, el mismo año de la renuncia: el año en que el gobierno se reorganizaba en plena guerra civil, el empresariado organizado le rendía tributo por su gestión al frente del banco que acababa de dejar. Ninguna fuente dice quién lo promovió ni en qué mes ocurrió. Fuera de las gracias protocolares del decreto que aceptó su renuncia, es el único reconocimiento público de su obra bancaria que la documentación registra en vida suya, y no vino del Estado.36
La calle del Jardín Botánico
El primer homenaje público llegó nueve años después de su muerte. El 6 de diciembre de 2004 la Municipalidad de Asunción resolvió, a propuesta de la Fundación Asunción Gamarra Pozzoli, dar el nombre de «Dr. Carlos Alejo Pedretti» a una calle del entorno del Jardín Botánico, en homenaje al «abogado, economista, periodista y editorialista». La decisión se conoce por una nota de prensa del 10 de agosto de 2008, que anunciaba para «en breve» un acto de descubrimiento del cartel; no consta que se haya realizado.38 Los cuatro sustantivos de la dedicatoria son exactos, y es notable lo que falta: tal como la transcribe la prensa, la dedicatoria no menciona el banco. Hasta 2023 fue el único homenaje que la documentación registra por parte del Estado paraguayo o de sus municipios. No se ha documentado busto, sala, premio ni cátedra con su nombre, y el edificio que el banco se construyó bajo su presidencia, hoy casa matriz de otro banco, no lleva placa que lo recuerde.
La moneda de 2023
En 2023, al cumplirse ochenta años del guaraní, el Banco Central del Paraguay emitió una moneda conmemorativa con el busto de Pedretti. La pieza merece describirse con cuidado, porque es el reconocimiento estatal de mayor alcance que ha recibido y porque su leyenda es más cuidadosa que la prensa que la anunció. Fue aprobada por la Resolución N° 2, Acta N° 5 del 2 de febrero de 2023, se presentó al público el 23 de junio, es de acuñación proof —la calidad destinada a coleccionistas— y se vendió a 450.000 guaraníes. Lleva un valor facial de ochenta guaraníes, tantos como los años conmemorados. En el anverso, la leyenda circular dice «80 AÑOS DEL GUARANÍ»; en el campo van el busto y el nombre en dos renglones, «CARLOS PEDRETTI», el signo ₲ a la derecha y, en el exergo, «1943 - 2023». En el reverso, «REPÚBLICA DEL PARAGUAY», el escudo nacional y «80 GUARANÍES · 2023».39 Las dos caras se reproducen también en el álbum documental.


Lo que la moneda dice y lo que no dice es un dato del caso. La leyenda pone el nombre de Pedretti junto a los ochenta años del guaraní; no lo declara su «creador». El banco central, al presentarla, atribuyó la longevidad de la unidad monetaria a «una gestión responsable de la política monetaria y a la confianza de los agentes económicos», que es una explicación institucional y no personal. Quien sí lo llamó «creador» fue la prensa que cubrió la presentación: la pieza era, según ella, «un homenaje al Dr. Carlos A. Pedretti, una de las figuras más destacadas de la historia económica del Paraguay y considerado como el creador de la unidad monetaria».40 La fórmula reproduce la del volumen memorial tiempista de 2007, que lo había llamado «el creador de nuestra actual moneda», y que se examina en Balance. Ochenta años después del decreto-ley, con el banco emisor acuñando su retrato, la atribución que él negó en 1944, en 1945 y en 1982 seguía circulando intacta. El olvido había terminado; el error, no.
El legado, en tres registros
El legado monetario es el guaraní, instituido el 5 de octubre de 1943 y en circulación desde noviembre de ese año. No fue una devaluación sino una redenominación: un guaraní valía cien pesos de curso legal, de modo que el peso argentino, que costaba 77 pesos, pasó a costar 0,77 guaraníes, y desapareció la doble contabilidad entre el peso papel circulante y el peso oro sellado de cuenta (El guaraní). Ochenta años después sigue siendo la moneda del país. Eso no la hace obra de un hombre ni prueba de la bondad de su diseño original, porque la unidad sobrevivió a la inflación de posguerra, a los tipos múltiples de los años cincuenta y a varias décadas de otros arreglos; pero sí prueba que el nombre y la unidad que se adoptaron en 1943 resistieron todo lo que vino después.
El legado institucional es menos visible y probablemente más importante. La Junta Monetaria, el Departamento Monetario con funciones de banca central, la Superintendencia de Bancos, la Cámara Compensadora, el régimen de encajes legales —la fracción de los depósitos del público que cada banco debía mantener inmovilizada en el banco central—, el Fondo de Estabilización Monetaria y la primera ley de bancos del Paraguay nacieron entre setiembre de 1944 y agosto de 1945 (El Banco del Paraguay). Ninguna de esas piezas fue derogada en 1947, aunque varias se desfiguraron pronto. En agosto de 1947 un decreto-ley puso al ministro de Hacienda a presidir la Junta Monetaria, invirtiendo la relación de 1944; al 30 de abril de 1949 el Fondo de Estabilización tenía una reserva neta negativa, cuando Pedretti lo había dejado, a fines de 1946, cubriendo el 45,9 % del promedio de las ventas de cambio.41 En 1952 el Departamento Monetario se convirtió en el Banco Central del Paraguay, que heredó la Superintendencia, y la ley de bancos de 1944 fue reemplazada; en marzo de 1961 el Banco Nacional de Fomento sustituyó a los departamentos Bancario e Hipotecario y de Ahorro. El propio Pedretti trazó en 1982 la línea de sucesión: el Banco Central «es el Departamento Monetario desprendido del Banco del Paraguay en el año 1952». Los tres departamentos de 1944 se convirtieron, con el tiempo, en dos instituciones separadas, y la Superintendencia que en 1946 practicó, según la Memoria de ese año, «la primera inspección bancaria practicada en la República en forma orgánica» es la misma que el Banco Central heredó en 1952.42
El legado doctrinario es el más ambiguo. Pedretti ejecutó una estatización del mercado cambiario que rompía con la tradición liberal de los años veinte en el instrumento, aunque no en el objetivo, que seguía siendo el de estabilizar el valor externo de la moneda respaldando la emisión con reservas internacionales. Él mismo, en 1982, ofreció el argumento a favor y la crítica. El argumento a favor: el sistema de 1945 seguía siendo superior a lo que vino después. La crítica implícita: llamó «ley de emergencia» al Decreto-Ley N° 5.017 —la norma que él había pedido al ministro de Hacienda en la Nota N° 512 del 27 de noviembre de 1940, cuyo tercer punto reclamaba el «control de giros»— y celebró su flexibilización posterior (El control total de cambios). Es un juicio del interesado sobre su propia obra, y hay que leerlo como tal: el control total fue, en su propia cuenta, un instrumento de excepción, y lo duradero debía ser el banco central y la válvula de mercado.
El final
Carlos Alejo Pedretti Arriola murió el 29 de junio de 1995, a los noventa y tres años, dieciocho días antes de cumplir noventa y cuatro. La semblanza que da la fecha no consigna el lugar, y aquí tampoco se consigna; resume la muerte en una fórmula de cortesía fúnebre: «a edad provecta, nos dejó físicamente».43 El último hecho verificado de su vida pública se sitúa en marzo de 1984, con la clausura de ABC Color; los once años que median entre una cosa y la otra siguen sin documentar.
Tampoco constan otras cosas, y conviene enumerarlas para que nadie las dé por sabidas: el domicilio y las circunstancias de la vida cotidiana; el lugar del fallecimiento; la cronología de la actividad profesional entre 1949 y 1958, franja en la que se sabe qué clase de cosas hacía —empresa, asesoría, cátedra— pero no en qué orden; las fechas de entrada y salida de cada uno de los vínculos empresarios. Las dos fechas discrepantes de su formación —el bachillerato, en 1918 según la semblanza y en 1919 según la nómina impresa del colegio y Seiferheld; el doctorado, en 1923 según la semblanza y en 1924 según la portada de la tesis, que es la que se sigue— exigen los archivos del Colegio San José y de la Universidad Nacional para cerrarse. Nada de eso se afirma aquí.
Lo que sí puede afirmarse es la forma de la vida. Un técnico que gobernó la moneda de un país durante seis años y siete meses, bajo un régimen que legislaba por decreto, y que después pasó casi medio siglo enseñando, asesorando, representando a los gremios empresarios y escribiendo sin firma sobre la misma materia, sin volver jamás a un cargo público. Que considerara su paso por la política «un accidente en su vida», en la paráfrasis de Seiferheld, es coherente con esa forma: la política fue el accidente; la economía, la profesión «que hace tiempo escogiera», como anotó su entrevistador. Queda por hacer el balance de la obra que dejó en aquellos seis años y siete meses: compararla con el régimen monetario de Eligio Ayala, que la precedió en la misma institución, separar lo que la documentación permite afirmar de lo que no, y decidir qué puede querer decir, con las comillas que él mismo habría exigido, llamarlo «creador». Es lo que hace Balance.
Notas
- Decretos N° 19.830 y N° 19.855 del 16 de mayo de 1947, en Registro Oficial de la República del Paraguay, 1947, segundo trimestre, pp. 907 y 913. ↩
- Banco del Paraguay, Memoria del ejercicio 1947, Asunción, 103 pp. ↩
- Carlos A. Pedretti, entrevistado por Alfredo M. Seiferheld, «Carlos A. Pedretti, primer director de El Tiempo», en A. M. Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, Asunción, El Gráfico, 1986, pp. 77-92. La parte personal se publicó en ABC Revista, suplemento dominical de ABC Color, en enero de 1982, serie «Cómo viven hoy». ↩
- «Carlos Alejo Pedretti Arriola», semblanza de la sección «Sus Vidas…», en La democracia orgánica a través de El Tiempo, recopilación de Luis Manuel Andrada Nogués, Asunción, Editorial Tiempo Nuevo, 2007, pp. 27-28. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, pp. 77-78 y 92. ↩
- Semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit., p. 27; Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. ↩
- Semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit., p. 28. ↩
- Carlos A. Pedretti, Estructura de las economías. Las formas económicas fundamentales, resumen preparado por el profesor titular de la cátedra de Política Económica, Facultad de Ciencias Económicas, Asunción, 1972. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III; semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit.; Italiani nel Paraguay. Estirpe itálica en Paraguay, entrada «Carlos A. Pedretti». ↩
- Semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit.; Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, p. 92. ↩
- Decreto-Ley N° 5.017 del 10 de febrero de 1941, «Por el cual se crea y organiza el Control de Cambios», arts. 23 y 24, en el folleto oficial Decreto Ley N° 5017 sobre Control de Cambios, República del Paraguay, 12 pp. Sobre el control de cambios, El control total de cambios. ↩
- Semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit.; Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, p. 92. ↩
- El Tiempo, Asunción, «En torno a una encuesta», I, II y III, 2, 3 y 4 de abril de 1941, año II, núms. 179, 180 y 181. Sobre la renta que producía la diferencia de tipos, La renta cambiaria. ↩
- Italiani nel Paraguay. Estirpe itálica en Paraguay, entrada «Carlos A. Pedretti — ABOGADO — Teniente Fariña 422 — ASUNCIÓN». ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, p. 92. La laguna de unos dos renglones está en el recorte original reproducido; no se la suple. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, p. 92; semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, pp. 77-78; Alfredo M. Seiferheld, Economía y petróleo durante la Guerra del Chaco. Apuntes para una historia económica del conflicto paraguayo-boliviano, Asunción, Instituto Paraguayo de Estudios Geopolíticos e Internacionales, 1983, solapa. ↩
- «Algunas reflexiones sobre la inflación en el Paraguay», mecanografiado sin firma, atribuido a Carlos A. Pedretti, Asunción, 9 de setiembre de 1949; se conservan las hojas I, III, V y VI. ↩
- Decreto-Ley N° 5.130 del 8 de setiembre de 1944, exposición de motivos, texto íntegro en El Paraguayo, Asunción, número especial de marzo de 1946; citada en «Algunas reflexiones sobre la inflación en el Paraguay», ed. cit. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. La palabra «ajuste» se restituye sobre un pasaje ilegible del ejemplar consultado. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. ↩
- Luis Verón, Ministerio de Hacienda 1811-2011. Galería de Ministros y Sedes, Asunción, Servicios Gráficos, mayo de 2011. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, pp. 77, 84 y 92; Foreign Relations of the United States, 1947, vol. VIII, doc. 851 (expediente 834.00/12-1247), despacho del embajador Warren al Secretario de Estado, Asunción, 12 de diciembre de 1947; Foreign Relations of the United States, 1948, vol. IX, docs. 83 y 84 (expedientes 834.00/6-348 y 834.00/6-748). ↩
- Constitución de la República del Paraguay, promulgada por Decreto-Ley N° 2.242 del 10 de julio de 1940, art. 62; Decreto-Ley N° 5.130 del 8 de setiembre de 1944. ↩
- Decreto N° 3.369 del 10 de octubre de 1940, en Registro Oficial de la República del Paraguay, año 1940, octubre-diciembre, p. 1052; Decreto-Ley N° 655 del 5 de octubre de 1943, en El régimen monetario orgánico de la República del Paraguay, Asunción, Editorial Guarania, 1943. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. ↩
- Verón, Ministerio de Hacienda 1811-2011; Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III; semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit.; «Celso R. Velázquez», semblanza de la sección «Sus Vidas…», en La democracia orgánica a través de El Tiempo, ed. cit., p. 32; Registro Oficial, año 1940, octubre-diciembre, p. 1052; Constitución de 1940, art. 62. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III; Washington Ashwell, Historia económica del Paraguay, t. II, Colapso y abandono del sistema liberal, 1923 a 1946, Asunción, Carlos Schauman Editor. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. ↩
- Carlos A. Pedretti, «La reforma bancaria», conferencia pronunciada en el Teatro Municipal el 14 de setiembre de 1944, en El Paraguayo, Asunción, número especial de marzo de 1946, pp. 46-50 del ejemplar digitalizado. ↩
- Discurso de Carlos A. Pedretti en la inauguración del nuevo edificio del Banco del Paraguay, Asunción, 27 de diciembre de 1945, citado por su reproducción en la literatura bancaria. Sobre el acto, El edificio. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. ↩
- Discurso del 27 de diciembre de 1945, ed. cit.; Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III, pp. 77-78. ↩
- Semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit., p. 28. ↩
- Semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit. ↩
- «En área del Jardín Botánico: Calle lleva el nombre de “Dr. Carlos A. Pedretti”», nota de prensa del domingo 10 de agosto de 2008, que consigna la resolución municipal del 6 de diciembre de 2004, adoptada a propuesta de la Fundación Asunción Gamarra Pozzoli. ↩
- Banco Central del Paraguay, moneda conmemorativa «80 años del guaraní», valor facial de 80 guaraníes, acuñación proof, 2023; aprobada por Resolución N° 2, Acta N° 5 del 2 de febrero de 2023. Las leyendas se transcriben del ejemplar fotografiado; la resolución, la fecha de presentación y el precio, de la prensa: «BCP emitió moneda conmemorativa por los 80 años del guaraní», ABC Color, Asunción, 24 de junio de 2023, y «El Banco Central paraguayo emite moneda para conmemorar los 80 años del guaraní», agencia EFE, 23 de junio de 2023. ↩
- «BCP emitió moneda conmemorativa por los 80 años del guaraní», ABC Color, 24 de junio de 2023; agencia EFE, 23 de junio de 2023. ↩
- «Algunas reflexiones sobre la inflación en el Paraguay», ed. cit., hoja V. Sobre el desenlace, La salida y la inflación. ↩
- Pedretti, entrevistado por Seiferheld, Conversaciones político-militares, vol. III; Banco del Paraguay, Memoria del ejercicio 1946. ↩
- Semblanza «Carlos Alejo Pedretti Arriola», ed. cit. ↩
